Otra vuelta de tuerca al aburrido mundo del corredor

Archivo de Junio 2006

Ahí os quedáis con el fútbol. Yo me abro.

In Uncategorized on Junio 21, 2006 at 10:46 am

A partir del sábado me largo. La presión es excesiva. El berreo ha podido conmigo así que, antes de agarrar un arma de fuego y apostarme en mi ventana con el próximo partido de la selección del pais que sea (porque en mi barrio se ven todos los partidos, luego se quejaban de que no teníamos acceso a la Sexta), me largo unos días.

Odio el futbol. Odio el futbolismo. Odio a los futboleros y futboleras. Mientras se ceba a la masa con piensos compuestos de prensa+televisión se está cociendo una reforma laboral brutal, se está destruyendo el crecimiento urbano del país, aumentan las dificultades para acceder a una vivienda, se extorsiona y amenaza a trabajadores con la expulsión de un país que no los acoge sino que los usa y tira, como a kleenex, y se fletan 50.000 mujeres para que ‘trabajen en el sexo’ mientras se disputan los partidos en Alemania. Podían prestar a sus mujeres para que, mientras ellos están viendo el mundial, se las follaran otros. A ver qué pensaban.

No, no hablo necesariamente de España. Feliz copa del mundo.

Todo es relativo a los ojos de un niño (ultrafondo infantil)

In Uncategorized on Junio 20, 2006 at 8:11 am

- ¿La carrera que organiza papá es larga o corta?
- Corta
- Papi, ¿cuánto tardan los que corren tu carrera?
- Los primeros tres horas, pero mucha gente tarda cinco o seis horas…
- Eso es poco, mira: uno, dos, tres, cuatro y cinco. Es corta.

Quizá a sus ojos nuestro enorme esfuerzo signifique solamente eso, contar unas pocas horas y ya está. De hecho en ese tiempo apenas da tiempo a comer, jugar un poco, echarse la siesta, merendar y ya. Ni nos hemos ido a la cama, ni nos ha leido nadie un cuento aún.

Anteayer papá sí que corrió más. Papi, ¿a que cien es un uno y dos ceros y es más que diez que es un uno con un cero?. Si, además os dejé por la mañana en el campo aquel de futbol y os dió tiempo a comer, a la siesta, jugásteis mientras llovía a mares y la gente se encharcaba por los caminos embarrados, os fuisteis a la cama y papá terminó de correr a las 3 de la madrugada, que ya son horas.

Papá se dejó 15 horas de su tiempo libre en correr 100km y ya tiene bastante por una temporadita.

Los frecuentes errores de cara a 100km

In Uncategorized on Junio 16, 2006 at 11:44 am

La mayoría de nosotros los corredores, con el trote que llevamos todo el año nos basta para terminar el NO COMETER LOCURAS. ¿Qué locuras se cometen incluso por parte de corredores experimentados?

1. Salir deprisa. El ritmo es así de cruel. Si aguantas tiradas de 42km no pienses que aguantarás sin parar los primeros 45. El terreno, además, tiene trampas de 100 y 200m que te rompen el ritmo, suben el consumo (el rollo conocido de las pulsaciones y demás) y te hacen beber más…

2. Beber mal. Si poco malo, mucho peor. En maratones se bebe 4 o 5 veces unos sorbos y se aguanta todo. Aquí, estaremos mínimo 12 horas dándole. Bebe bien en cada avituallamiento. Para, camina, (incluso estira un segundito) y aprovecha bien los 40 o 50cl de la parada. No habrá otra parada hasta 5 o 7km más tarde, que no son 25 minutos como en carretera, sino hasta 1 hora u hora y media. Con el calor, beber mucho y sólo agua te hará hincharte, no saciarás la sed y perderás el balance de sales. Alterna agua y líquidos isotónicos, o lleva algo encima saladito como frutos secos o plátano (contiene mucho potasio). Esto de comer hay que haberlo entrenado algo…

3. El comer mal y peor. Podrás dejar mochilas en los km 38, 55 y 77 (y 88, si te pones chulo). Aprovecha para dejar una cena ligerita, un sandwich, una ensalada, no solamente dulces y frutos secos y barritas (asesinas). Además de los km, correr con hambre es una jodienda aparte de los riesgos físicos que tiene. Tranquilo qeu si comes mucho, lo malo será encontrar un buen seto para pararte a cagar…

4. Esa ropa. Salir de tirantes (esto lo veo yo en cada prueba de ultrafondo) es exponerse demasiado al sol. Al absorber la insolación diaria, tu cuerpo expelerá calor cuando el balance térmico sea desfavorable. Tu cuerpo se pondrá a 38 grados. Pero cuando caiga la tarde, tu irradias calor. Llegan los tembleques y escalofríos. Calma, hidrátate bien y deja una sudadera finita o cortavientos en un polideportivo justo antes de que caiga la noche. Abrigarse demasiado, por otro lado, tampoco es bueno. La experiencia te lo va dictando. Mejor colores claros que fashion.

5. No cuidar los pies. Joder, mira que llevas años corriendo…. tener ampollas en el km 45 es como para comer cerillas durante los 55 restantes. Lleva esas zapas ya usadas en rodajes largos. No estrenes. El recorrido no es técnico ni tiene pedrolos, no lleves zapas trail o de montaña que no hayas probado muchos kilometros antes. REBOZATE los pies en vaselina, nivea o una crema muy grasa. Tranquilo por sentir un asqueroso chapoteo en la primera media hora, al rato se absorbe y tendrás protección para 4 o 5 horas. Repite la operación a media tarde y por la noche. Cambiate los calcetines al menos una vez.

Aun así, siempre habrá crónicas post-100 que empezarán “Me pasé. Creo que desprecie la dimensión de los 100/24 y salí demasiado deprisa”. C’est la vie…

Avisamos a nuestra distinguida clientela

In Uncategorized on Junio 13, 2006 at 8:16 pm

“Avisamos a nuestra distinguida clientela que cerraremos sabados y domingos por la tarde”, reza más o menos el papel que relumbra en el bar de la esquina de mi casa. La distinguida clientela no se había dado cuenta y el garito donde crece Felisín y abollece el caldero a diario, donde se reúnen el Neng de la tienda de recambios, el chino de enfrente, la yonqui integrada en el rebaño de madres de chandal del parque y el ferroviario que se cuela, dia sí dia no, en el metro, chapa las tardes de modorra de todo Julio y Agosto.

Es tan distinguida que me costó un mes y pico recuperar una antena para el coche. Me había sido distraída en el barrio, por pardillo y por dejarla puesta sin superglú, y mira que eché viajes en busca de la nocturnidad. Nada, coño con la clientela de alcurnia y que anteayer veía desde la distancia de la otra acera como un camionero medio agitanado intentaba solventar a golpes un quítame allá ese sitio para aparcar, parapetados en la misma distancia que el novillero malo pone, dos carriles y una fila de coches. Tan distinguida es que ni duerme ni descansa. No es que esté siempre trabajando sino que a cualquier hora sale gente del bar. Así ¿cómo voy yo a distraerme una antena nueva para el coche?, ¿como va a escuchar mi santa Radio 3 por las mañanas?. Luego toca escuchar CDs de canciones infantiles, de la Raquel Winchester o de los US3. Y terminamos convertidos todos en distinguida clientela del barrio.

Tormenta del Destierro

In Uncategorized on Junio 13, 2006 at 2:51 pm

Estaría bien que esta imagen nos acompañara, quién sabe si no será durante mucho tiempo y con peores o mejores resultados, en el transcurrir de nuestros 100km en 24h del próximo sábado. No sería desagradable probar la esencia de esta prueba/marcha. Como en un salto dentro de una puerta del tiempo, probaríamos qué sintieron los participantes en la primera edición, hace por ahí de 9 años ya.

Los pronósticos, a los que he mirado unas setenta veces, parecen regalarnos una ventanita, un parón en el sofocante calor y la calorina seca de las rampas colmenareñas y del monte de Viñuelas, que con la secarra ya ni es monte ni es nada, solamente un sendero por el que corren y caminan las hormigas pertrechadas con gorras, mochilas, cantimploras y menos de la mitad de las energías de un día normal.

Sería una auténtica tormenta del desierto. O del destierro del corredor urbanita que busca en la aventura la luz, el rayo. Un refulgir de abajo arriba (los rayos van del suelo a la nube) y un salpicar el camino de goterones que nos refresquen, que despierten las piernas adormecidas por el vaivén, izquierda, derecha, izquierda. Los cálculos que hemos hecho nos colocan de vuelta -quiera el cielo que bajo las nubes de la noche cerrada- a Colmenar Viejo sobre las 5 y media de la mañana. Casi de madrugada. Casi al borde de….

Ex Libris, sed Libris

In Uncategorized on Junio 12, 2006 at 10:37 am

No había catado aún la nueva y mucho más central posición de las casetas antiguas de la Cuesta Moyano. El sábado hicimos expedición cultural infantil con la idea de refrescarnos bajo las copas de los árboles del Prado, y de meter a los críos en el mundo del mercadeo. Así pues, cada uno volvió con bolsita y con material para entretenerse, que para ello se inventaron los libros. Como Santi Palillo ya ha dado adelantada cuenta del fin de semana cultural y libril madrileño, no me meteré a repetir lo que él cuenta con mucha más gracia y tiempo libre.

Me hizo gracia ver que ahora se duplicaban las casetas. Las viejas siguen cerradas por la cuesta de don Claudio, flanqueadas por un vallado asesino al que los peatones temerosos se aferran cuando bajan las hordas de corredores del Retiro. Queda un setico estrecho pero suficiente para llevar a hacer un pis a un crío, pero la cuesta como centro comercial de la página impresa está cadaver. Y viendo el buen sitio que tienen ahora las casetas, qué quieres que te diga, yo me quedaba en esa espalda sombreada que da el Jardín Botánico de Madrid. Más afluencia, más cerca del eje del arte Prado-Thyssen y además suaviza el perfil de autovía de ese adoquinado criminal. Por cierto, anteayer miraba yo la ‘cuesta’ arriba que tienen los últimos metros del antiguo recorrido del Maratón popular de Madrid. Es coña que antes se sufría más, ¿no?.

La guapa

In Uncategorized on Junio 11, 2006 at 8:31 pm

Estaba la guapa esperando con la melena desbocada, camisa blanquísima y falda pijísima de corte amplio, caqui, casi, en el lateral por el que iba yo a abordar esta tarde la rotonda de la Avda de Bruselas. Había dejado la guapa unas bolsas de muy poco caché en un banco de mármol blanquito, y tenía la mirada puesta en los coches que bajaban como centellas de la zona del Diversia.

Lo de la mirada, digo yo que se me habría quedado grabado en plena insolación. Sus gafas de mosca impedían detallar al reportero corredor las dimensiones de ese lugar al que declaramos los hombres dirigir primero las miradas. Por que si, nosotros, lo primero que miramos de una mujer son sus ojos, ¿no?. Pues eso. No se los ví, pero su mirada, por el giro del cuello y hacia donde apuntaba con su recortadísima nariz, debía estar dirigiéndose -ya digo- hacia el centro de ocio mencionado. Y claro, no me vió venir.

La guapa repija dió un respingo en cuanto zapateando me acerqué a la acera. Uno, dos y tres zancadas y, alehop, ya estoy a su altura. Entro desde su derecha y ella que se revoltea, melena ondeante a la ventolera de 31 grados al sol, como diciendo “Ays, que sobresalto”. El reportero que ya desde lejos había oteado a la guapa requeteplantá en la rotonda, además, venía sudandísimo y sin camiseta. Peludo todo que es servidor, estrecho de pecho, vaya, el mejor exponente de un susto de media tarde. Pero el consuelo al susto que provocamos es que vamos a tanta velocidad que en otro ‘un-dos-tres’ ya hemos arrancado distancia y nos recreamos en esos segundos de análisis sesudo. Más, con un cuestón camino del campo de rugby de las terrazas, no damos de sí. Adiós guapa. Anda que vaya pija, que espera que le recojan al solarro… pijas, pijas, las que había un kilómetro más arriba, por Conde de los Gaitanes. De Mercedes de lujo, de mansionazas, de coches de seguridad privada. Coño que calor.

La hoguera de las vanidades

In Uncategorized on Junio 8, 2006 at 1:10 pm

Esto de correr es una realización eminentemente personal. En esto estoy de acuerdo con ese maestro de la escritura que ha resultado ser Toni Lastra. Durante años ha recopilado literatura propia y al paso del tiempo me he leído de tirón su Columna de Andrópolis, regalo también de otro que va camino de ser amigo personal. Correr es un esfuerzo vanidoso, y más lo es hablar de ello. En internet nos hacen bastante más caso que entrenando (solemos ir con el resuello pelao), más caso sin duda que en el trabajo, que en casa (faltaría…) así que a este medio le toca ser paño de lágrimas y sumidero de todas las experiencias individuales. Sí, se hacen grupos, se encuentra gente con las mismas iniciativas que uno, pero porque éste o ésta corredores comulgan con nuestro único y verdadero credo. Somos así.

Además no estamos muy educados hacia la conversación, a escuchar. Mas bien unicamente hacia contar nuestra película, nuestra queja. Lo malo es que cuando hay que quejarse de verdad no nos quejamos. Hala. Me ha quedado tan bien que me lo recorto y me lo pego en mi blog, que para eso es mí pensamiento. Por cierto, ¿de esto no he hablado ya antes?.

Los perros de la guerra

In Uncategorized on Junio 8, 2006 at 8:08 am

Uno tiene cara de pan, mangas de prosegurata remangadas y masca un palillo. En plena vigilancia, muestra desviación del objetivo y suponemos que al disparar también se le irá la vista a las tetas de las tías. Por esto es extremadamente peligroso; ¿sabrá discernir en medio de un tiroteo entre ser peligroso y ubres?. El otro tiene toda la pinta de jefecillo. Le da al anterior cuatro o cinco metros. Cara avinagrada, gesto fruncido… bueno, no, es que mira mal es… es como una pose de malo de taberna. Tiene tal pinta de malo que ni se le quita cuando otea, de manera idéntica, las tetas de mi compañera de viaje.

Se les ha encargado la crucial vigilancia de un transbordo con obra de Metro. Línea crítica, aeropuertos, centro de la ciudad, finanzas, maletas y descuideros. Viajantes que sufren los rigores de la poca ventilación del metro, viajeras que sacan carne fresca al aire caldeado de un Madrid desleal con los visitantes, hostil con los de fuera y los de dentro. Pero no están solos. Hay un tercero, canijo, requetemoreno y con dos botones abiertos. La providencia hace que ni estos tres ni un cuarto escondido entre las columnas traseras de la estación lleven arma de fuego. Estoy deseando que el tren arranque hacia el centro cuando, oh, sí, el Malo y el Mondadientes se cruzan un silbido cabrero. Entran en el vagón, se apuestan colgados como monas en las barras de sujección que hay fijadas al techo del vagón.

El Malo es tan vinagres que, ni para referirle al del palillo sobre las tetas de otra viajera, cambia el gesto ese que parece le acaban de notificar que se ha descubierto el genoma de la mosca. Seguridad.

35, 36, 36, 34

In Uncategorized on Junio 6, 2006 at 2:17 pm

¡… veintiuna y la aceituna!. Si alguien lo quiere copiar para alguna cábala mágica, bueno. Pero son las temperaturas que nos regala esta primera semana de Junio a los madrileños. Y, a pesar de todo, nos emperramos en salir a corretear. ¿Qué tirará de nosotros, quién nos espera en el parque, estirando, para que olvidemos que esto no es sano ni medio normal, y vayamos desbocados a ese encuentro?. Y en menos de 15 días, corremos los 100 de Corricolari…

Salvavidas (fumadores, definíos por subsecciones)

In Uncategorized on Junio 6, 2006 at 8:35 am

El temita. Salía agriamente, de nuevo, la discusión entre una fumadora de mi entorno y un moralista antifumadores. Y de regreso a casa, porque la fumadora la tengo en casa, cambiábamos impresiones sobre los salvadores del mundo y los salvavidas del mundo. Resulta que mi fumadora se defendía argumentando que ella únicamente se fumaba un ratín, como terapia relajante y como escape tras la paliza que se da diariamente. Habitualmente no pasa de la media docena de pitillos, la mujer. Y mal que me sientan, digo. Me llena la cocina del humo que entra desde el cuchitril donde la recluyo, mini terraza de cocina, pero eso es otro tema porque -además- ni la comida ni las latas de los armarios cogen olor a nada. El asunto es que una amistad bregaba contra los insidiosos efectos del fumar. Es odontólogo, además. Conoce perfectamente lo malo que es y las bocas que le llegan habitualmente son el reflejo de los hábitos del usuario.

Pero claro, su mujer se queja de que en casa no da un palo. Claro, tiene 3 churumbeles y ella se los come con guarnición. Entonces, ¿cómo es que -peleaba mi fumadora- se atreve a moralizar sobre los perjuicios de la nicotina sobre la salud de la sociedad, cuando sus costumbres son todavía más perjudiciales para su entorno inmediato?. Joder, razón tienes. Amor, tu fumas después de un día de llevar críos, trabajar, recoger críos y reuniones, aguantarme y aguantar a los demás, cuando tu contribución a la familia y amigos es infinitamente superior al estropicio que haces con tu cuerpo, sano y poco tocado, encima. Hombre, algunos pro-corredores-salvavidas-del-planeta se tirarían de los pelos de las Mizuno al leer esto. Y a ello voy, a ellos y a sus putas Wave Rider.

Los corredores-no-fumadores-salvadidas tienen entre sus filas a muchos propagandistas de lo buenos que son, de lo mucho que ayudan a la salud de la sociedad. Que tengan cuidado con esos Mesías. Preguntadles si de tanto salvar al planeta durante 5 días a la semana, con R1 y R2, 10×400 y 5×5000 y competiciones fuera de casa fin de semana sí fin de semana no, planes pre maratón y quedadas por internet, digo que les preguntéis si les quedan energías para poner lavadoras, hacer la compra y acompañar a su pareja/familia a por zapatos o si sólo se dedican a no fumar y a correr.

Mi Buenos Aires, querido

In Uncategorized on Junio 1, 2006 at 8:21 pm

Pues un otoño de hace pocos uno tuvo la suerte de ir a visitar a su hermana a Buenos Aires. Además de descubrir donde se habia desangrado Europa (mi bisabuelo fue a por tabaco y murió con una segunda familia fundada en Argentina), donde estaba el genio y el hambre, de ver como habían construido una ciudad más hermosa que París y más espaciosa que Berlín, que habían poblado con sicilianos de Modica, gallegos de Cangas, salernitanos, sanabreses, hebreos polacos, pude sentir algo que durante años había rechazado. La llamada de la sangre.

Camino de la Bombonera aquella tarde olía a choripan y a guerrilla. Centenares de coches aparcados en las descampadas traseras al puerto de la Boca pitaban tras ser asaltados por las hordas hambrientas de todo, de idolos, de tardes plenas de sudor y sol. Bajamos del colectivo a unos trescientos metros de ese despampanante espantajo que es Caminito, saltamos la valla y atravesamos dos cuadras que iban degradándose en arco iris del gris al pálido y del yeso al negro. Humo saliendo de una esquina, bidón asando más choripanes, ‘negros’ y transeuntes de lo ajeno, chicos de las villas, Chacariteros que juegan al fútbol con los clientes de las prostitutas al calor de las bocas de los talleres del subte(rráneo), y una pared vertical entre solar y medio de incalculable valor sentimental. La Bombonera llena, acaban de aterrizar los primeros villeros y los más violentos de los hinchas de Boca. El partido del homenaje a Diego, que es Dios, a escasos cuarenta minutos, la cancha llena, empujones y cargas de caballo sobre las espaldas negras y azul y dorado de veinteañeros sin nada más que sangre en la sangre. Sangre de su Dios.

Un viejo me oye comentarle a Teresa algo, flashback, nos han pillado y eso que vamos disimulando y apenas susurramos para pasar desapercibidos, yo sin afeitar, sandalias rotas, camiseta negra con Dios seriegrafiado, ella morena tanto turca como siciliana.

- Ustedes son gashegos.
- A ver.
- Yo nací en un pueblín de León.

El hombre llora solo. Se le ha roto algo dentro. A mi también. No puedo pasar más horas en el estuario del Plata con estas averías en lo más hondo de la cabeza. Entiendo que le pasa. Yo he volado desde mi emigración europea, para ver a mi hermanita, de nuevo emigrada a Argentina, y el leonés se queda parado en el caleidoscopio de los mil reflejos, sin poder cruzar la cara cambiante de la vida, la que le acercaría a nosotros, porque una riada, además, de xeneizes, la ‘bosta’ de este maravilloso mundo paralelo que es Argentina, atruena como si un maremoto fuera a romper sin remisión contra Puerto Madero y destrozar tanto lujo renovado con la ira del pobre:

- Maradooooooooooooooooo