Se queja mi santa, con razón como siempre, de lo absurdo de la situación. Se ha tirado caminando desde Ponferrada hasta Santiago de Compostela, al sol, domando el puente romano de sus pies a base de simple vaselina y botando sobre una delicada rodilla en esas bajadas asesinas al valle del Miño, de Palas de Rei, de Triacastela. Ha puesto a hervir el material en las subidas pedregosas de Cebreiro, en los arcenes molestos que nos conducian a Samos y a su monasterio donde todo es de mentira (otro día lo contaré), ha cocido el kevlar energetizado de su calzado de caminata mientras rodeábamos Lavacolla y lo ha maltratado con el polvo que levantaba cada paso y cada traspiés de su pareja -servidor- bajo un inusual sol por los polígonos de San Lázaro o de Camponaraya.
Pies que sujetaron más de veinte kilos extra durante embarazos, únicamente acariciados por las sandalias veraniegas. Es piel que ha reventado unas Chiruca sin pisar la montaña (caso del que solo conozco uno en la historia). Que han corrido, caminado, subido y bajado cuatro pisos cargados como mulas, con críos, bolsas de la compra, tablones del Ikea como en la última demostración de burrez y lo que les queda por hacer.
Pues el otro día salimos 3 horas a tomarla por el centro de Madrid, se pone unos zapatos medio nuevos, alto tacón y horma de sandalia, y termina con una ampolla criminal en la parte anterior del dedo gordo de su lindo pie. Si lo cuento por ahí, nadie me lo cree. Ya es pasto de blog, pues.
Niegan ahora los abogados del muchacho este que ha ganado el Tour de Francia, al que han 
El aviso parental norteamericano amenaza con ir ocupando casillas en ese tablero abyecto que es el ajedrez televisivo español. La última, de Telemadrid, denunciando que la ministra de Cultura, Carmen Calvo, es fan de un grupo heavy que denuncia las 
Con la torre del telégrafo -foto- en el Cerro del mismo nombre a la izquierda, con más de 30 grados y con una mochila que iría recordándome quien manda (me quité la camiseta, en plan runner rural), inauguramos la temporada despues de un mes de obligado parón. Obligado porque sí, porque uno se obliga a estas cosas. 
Según el profeta, todos hemos tenido un comienzo. Me soplaba ayer por vía privada que su siguiente trabajo estará lleno de referencias a los comienzos. Arranques que todos hemos tenido pero que yacen olvidados en rincones de anuarios, de pilas de revistas atrasadas, y principalmente en cuadernos de entrenamiento que se guardan como obras de nostalgia pero nunca de consulta.
La Red es dura, pero es la Red. El asunto es que de tanto en tanto me van desapareciendo los enlaces a fotos que distraigo de la red. Como comprenderéis, no tengo ganas ni tiempo (ni medios) como para colgar y mantener un archivo con fotos en propiedad, al cual referirme como ejemplo ilustrativo de mis entradas de este cuaderno. Pero asumo las normas, es lo que hay.
Ha sido un periodo de ansiedad controlado de 4 o 5 días por tierras británicas. En mente llevaba salir a coretear algo, pero cómo estaría mi bulbo raquídeo que ni un pantalón metí en la maleta. Ni calcetines. ‘Error subsanable’, me salió. Hice por comprar unos calcetines tobilleros pero los días pasaban y cada día me acoradaba menos del tema.