Este fin de semana arranco con una reforma integral del cuarto de baño de mi casa. Estaba yo ahora evacuando en el del trabajo, vaciando mis intestinos de café de máquina y bollería industrial de máquina y me he dado cuenta (me he dado cuenta de que esto es parte de una dieta especial de engorde de ganado a la que nos vemos sometidos, no de que estoy preparando un maratón). Parece inofensivo tema toda vez que Esteban el ñapas le va a dedicar gasolina y piqueta al tema desde ya mismo. Ayer estuvimos escogiendo terrazo, baldosinerío, etc. Huy, no, que me desvío.
Resulta que por un número indeterminado de días estaremos sin ducha. Ya se que uno se puede acicalar y peinar y lavar los dientes y afeitarse en la cocina o en otro lado. También habrá que evaluar el tema suegros y el tema polideportivos. Pero ¿cómo me lo compondré para ducharme en casa ajena cuando salga a correr a las 6am?. Esto habrá que acomodarlo o suprimirlo. También habrá que mirar de poner dos o tres días de descanso seguidos para los momentos del núcleo duro de la reforma bañil o más bien bañeril. Otro, pues en el polideportivo de mi pueblo, aprovecharemos para ducharnos al final de un día de estos de bloques de cuatrocientos o de miles. No, si tiene su miga. Menos mal que uno es ser flexible.
Supongo que tendremos que dejarnos invitar un día a comer de los del fin de semana que andemos in albis sanitarium, y correr justo antes de comer para llegar y arrendarles el usufructo de la ducha. ¿Y si corro lo suficientemente despacio como para no arrancar a sudar?, ¿y si voy desnudo?, ¿y si me acoges en tu casa para frotarme contra…
Hoy retomo el hilo de aquellas míticas marcas. Día de descanso, día de reflexión. Recuerdo al suicida de mi padre corriendo por el arcen de la N-I camino del circuito del Jarama. No habría otra docena de caminos, pensaba yo el otro día, en aquella periferia semidesértica de los años 80. En fin, con el tiempo nosotros también corrimos por las carreteras del Goloso, la de Colmenar, por arcenes con cristales y coronas de flores. Le recuerdo, digo, con su polo marron y sus pantalones azules de tela y aquel calzado especializado de la época.
Cavanilles, a ver si había algo decente. O a los primeros pinitos de aquella tienda del Paseo de Extremadura, o esperábamos que alguien diera el chivatazo. Eran los años en que el personal se iniciaba con poca prudencia, en que el médico te decía eso de “deje Ud de fumar y haga ejercicio”. ¿Y que hago yo ahora?, bueno, correr, eso sabe hacerlo todo el mundo. Años de semiespecialización para la industria y de nacimiento de las columnas de Toni Lastra en aquella soleada Valencia que mandaba a su maraton por los cañaverales, y también de ritos para el corredor que:
Anoche salí a correr sin malicia. Me bajé a un parque que ha quedado para tapón ecosistémico contra las zonas nobles, fracaso de diseño, todo recto para allá y todo recto regresando por dos rectas de 1000m. Imaginad, 10 de la noche, 3×2000 a todo trapo. Vaciado físico y lavado mental. Subía yo camino de una penca con pimentón y brécol gratinado. Me acostaba viendo como Horatio (CSI) y su secuela neoyorquina (“Dí ‘la esquina de Michigan con la 71′; en Nueva York se te entenderá“) solventaban irresolubles casos de criminalística especializada. Y esta mañana arranco en verde. En verde moco de embarazo real.
Pero qué gustazo, que manera de poner los pies sobre el asfalto, estos dos auténticos purasangre del atletismo africano. La foto es del campeonato nacional de ruta en Kenia. Son Martin Toroitich y Wilson Busienei Kipkemei pero podríamos ser los 5 violentos de Kelly que nos lanzamos ayer a dar 25 vueltas a las pistas de Alcobendas.
Está el hombre peleando contra un entorno hostil, como decimos en casa. Vive en una zona privilegiada por los dioses del mar, del viento y de la tierra. Se rodea de un halo antimístico y todo ese estímulo histamínico y venenoso lo asume como algo, che, natural. Entorna los ojos cuando quiere hacernos ver que se cabrea con la báscula, cuando en realidad le está buscando los recovecos para jugársela. 
Lunes de madrugada. Todo dispuesto para encarar una semana en la que, para empezar, no tengo diseñado mi menú para la semana (tenemos media hora y comemos de tupper). Y eso es crítico para un tragón como servidor de ustedes. Bueno, no pasa nada. Tiro de imaginación porque tengo pensado salir a correr (unos dosmiles) a las 6am y me dará tiempo a subir a casa, despertar a mi santa, calentar y elaborar la comida y despertar a los canijos para poder estar con ellos un rato.
Llegan las tormentas y los rayos y los vientos caldeados que trepan por las piernas hasta anudarse mortalmente en las gargantas. Se termina la resequera, opá. Joder, llevaba 4 días con un moco seco pegado en lo más alto de las fosas nasales y hasta empezaba a estornudar del polvo adherido por casa, por los parques, por los caminos, en el pc del trabajo, por la escalera…