Cosas que, con los días y los calores, se me han ido escurriendo por los dedos mojados de sudor y de fairy en diversos lugares escritos.
Un “disclaimer”.
Se advierte a los lectores de este blog que acceden a información no necesariamente concordante con su credo, ideario, capacidad craneal o habilidad de separar el grano de la paja (que es pecado). El autor no se hace responsable de que las palabras más irreverentes se reorganicen a sus espaldas, una vez editado el post del día, y acaben formando blasfemas proclamas e injuriosas retahilas tipificadas como delito. No consultar este blog bajo los efectos de la enajenación, recién levantado de la siesta, regresado de un atasco a la salida del trabajo, comulgado o sazonado por las pildorillas saladas de Telemadrid, La Razón o la reunión de la escalera de vecinos.
Catástrofe.
Dándole vueltas mientras comía -mal- en el “Marcellino Pasta e Vino” de Madrid, he tenido ese fogonazo terrible de todas las catástrofes societarias de nuestro país y la relatoría asquerosa de los medios de comunicación. Es esa coletilla de “tantos fallecidos, entre los que había dos niños”. Y no me salía de la cabeza y mira que le intentaba dar vueltas y lustre y desmochar el típico periodistas=carroñeros. Y solo me salían justificaciones telúricas, como si a ojos del catolicismo la visión terrible del mal, en la más terrible de sus versiones, la muerte de un inocente ha de tener un efecto horripilante mayor con vistas a educar a través del pavor. Es de todos conocida la afición de la iglesia católica de amedrentar educando, de esa terribilitá miguelangelesca empleada para evocar los más brutales castigos del infierno, la maldad del pecado, la mortalidad de los inocentes y el aviso holocáustico. Ese poso rancio de atemorizar para prevenir es lo único que sacaba en claro: nos ha quedado un vicio bestial a la hora de exponer las fatalidades. Cuanto más dolor, más viveza en las imágenes a relatar. Si además mostramos que los muertos iban de vacaciones, mejor. Si hay niños, mejor aún. Si eran niños huerfanitos, discapacitados y viajaban a encontrarse con un progenitor que los maltrataría, más expresivo. Ya no se cuenta el suceso, se intentan mostrar las vísceras. Lo importante no es que la seguridad de los vuelos está en entredicho: lo que manda es jodernos las vacaciones a los espectadores. Sobre las líneas centrales del párrafo anterior, espero que ningún gilipollas escriba que uso el dolor de los niños maltratados para ejemplificar mis aberraciones.
La blogosfera y la derecha.
Bienaventuradas las nuevas esferas de conocimiento y debate, porque en ellas no importará el género del catecumenal a sueldo (varón, mujer, porcino, bovino, etc) sino la plasticidad en el sermón, la negación de los argumentos y el cerril y numantino sostenimiento del cirio pascual de quien le paga. Siguen enviando universitarios a sueldo para dar la matraca en la blogosfera contraria, sin importarles la realidad; se quedan con la presencia, el desbordamiento. Es la nueva política de nuevas tecnologías y sociedad del PP.
Juegos.
Debatir en 2008 sobre la pureza del deporte, cuando el 30% del debate se ciñe a la trampa (dopaje), el 30% al cotilleo de los mercados de deportistas y el 30% al deporte espectáculo y sus cifras, es haber perdido el tren. Como empedernido y desengañado deportista, debo decir que la importancia de los eventos globales -como los JJOO- ha de venir de la difusión al mundo de los beneficios sociales y de salud del deporte mismo. Ni logros nacionales de políticas deportivas de gobiernos del signo que sea, ni estadisticas sobre las plusmarcas, ni tampoco los derechos humanos que se pisotean mientras se celebren. Se ha de mostrar al planeta que el cuerpo humano es capaz de sacar beneficios de la práctica deportiva. El 40% del planeta tiende a conquistar algunas horas de ocio a la semana; úselas para moverse y no para atocinarse. El 60% del mundo restante (pobres, desplazados, desheredados) bastante hará con intentar recoger las migajas de estos Juegos, si es capaz de generar algún ídolo de masas, o escapar del hambre aprovechando las facultades físicas de cada cual, o simplemente mirar a otro lado, al lado del que vienen las bombas, los machetazos y las catástrofes de la especie humana.





Tras sobarla en el Copacabana de un pueblo que no estará en fiestas, el Sábado 16 es el día en que tengo una cita en Denia. Muro de Alcoy – Denia. Poco más que hacer en el final de este tríptico que levantarme, madrugar mucho para caminar los primeros km y desperezar articulaciones y cerebro, Benimarfull, Planes y encarar el Vall de la Gallinera hasta Beniali, donde habá que remontar la sierra que cierra al Sur ese valle, y tomar unas buenas pistas que bajan hasta Pego y encarar el mar. El paisaje desde arriba, desde abajo, desde cada curva del camino. Apenas en 49 o 50km estaré en Els Poblets, resistiendome (o no) a tocar con mis manos el Mediterráneo, apenas a 3km de ese punto final que será la Pujada al Castell, la balsa mágica de
A quienes os preocupe si me perderé, deshidrataré o derrumbaré en mi próxima aventura, os garantizo que voy guiado por la cordura empírica, por la -quizá innecesaria- acumulación de hábitos a lo largo de estos 28 años corriendo. Y si, aún así, os quedáis intranquilos, siempre os podéis pasar a hacerme compañía un rato. So medrosos.