Todo comenzó un día que conocí a un argentino krausista. Al poco tiempo estábamos preguntándonos por trucos para el ultrafondo, porque se iba a correr Comrades (fue en un rodaje del mes de Abril o Marzo de 2008, no sé si se acordará). Pasó un año y me comenta que quiere hacer corriendo la Senda de Merinas. O sea, es un conjunto de coladas y cañadas reales que unían antaño la capital con El Escorial y demás. Su idea, recorrer a pie los 53 kilómetros de una tirada. Y yo, que me dejé.
En realidad hay un segundo impasse. Me refiero a un segundo momento clave, para ahora estar escribiendo esto, una casi crónica de mi 50ª ocasión sobre los 42km o más (50/38, en el índice carbenurro). Este momento al que me refiero es la odisea del verano pasado, en que probé en mis carnes la escasez de agua durante los 180km de la Albacete-Denia. Ví que hay que economizar cuando uno cuenta apenas con una diosaz de 1.5 litros de capacidad. Y se juntó todo ayer. Bueno, se juntó con eso, con que ya no tengo 26 años ni hago 2h55 en maratón ni que -dice mi esposa- ya no como primero y segundo y postre, como en casa de mi mami. Cierto: viejo, temeroso y subalimentado. Y, posiblemente, más gilipollas. Aún así, me quieres.
Qué difícil es mantener la cabeza fría tras 45km. A las 3.50am estaba levantándome para encontrarme con mi contcato en Príncipe Pío, vieja puerta de salida de innumerables caminos históricos y donde íbamos a llegar según el esquema sobre las 13h y pico. Saludos y coche hasta El Escorial, es noche cerrada, ambos hemos olvidado los frontales y tendremos que ir por caminos con roca a oscuras. Toma épica. No total, puesto que la luna ha dejado una noche relativamente clara. Pero bajamos a cuchillo desde la lonja del fantasmal Monasterio (a esas horas qué quieres), San Lorenzo, via pecuaria, primer cartel. Primera hostia; se la da Andrés porque en algunas zonas los árboles y tapias oscurecen mucho la claridad de la arena. Remontando en subida hasta la falda de las Machotas nos dan las 7am y amanece. No hemos perdido la ruta, apenas hemos perdido minutos, todo rodado para encarar un gran tramo de bajada de unos 15km más o menos. Qué maravilla de red de caminos tiene Madrid… a 40km del centro. Llegar a Valdemorillo y terminarse la paz. Parada técnica en gasolinera (tras unos 19km según Mr GPS) y comienza el baile por las urbanizaciones que ocupan y machacan todo dominio público. Podría extenderme ahora despotricando, insultando y jugándome demandas frente a los urbanizadores y demás habitantes que han comprado terreno para su californiano bienestar. Pero me da igual. El chi me llevaba junto a mi gaucho indecente con la silueta de Madrid al fondo. Joder, qué lejos está. Cumplimos 25 km y nos la jugamos un poco para vadear el rio Aulencia. Decir que 100 metros antes de vadear me había hecho un esguince de tobillo que tuve que olvidar por cojones. O dolía o se callaba. Quedaban supuestamente 30km. Apertura de vallas, trespassing de propiedades supuestamente privadas, más urbanizaciones y el rio Guadarrama al fondo a la derecha. Serían las 10 de la mañana y estábamos en hora, las primeras 4 horas y bajábamos hacia el punto más bajo y canalla del recorrido. Tras ello, una duda, un retomar nuestros pasos, lo típico en el single track campestre, y 34km en el bolsillo. Aprieta el calor por primera vez, coincidiendo con el primer bajón moral (de Andrés) y la perspectiva de gallowayear -alternar carrera y marcha- 4 kilómetros para superar 120m de desnivel por el lateral de la M-503. Nuevas urbanizaciones, unas sin hacer y otras sin bombardear, la síntesis probable de esta ruta malísimamente marcada por zonas pero de grandes posibilidades en otras. Coronados los míticos 40 kilómetros y chocada la mano sencilla pero irónicamente al paso del 42, en una sinfonía bellaca de puentes sobre autovías y más urbanizaciones (y sus campos de golf y sus japoneses de la jet y sus pijos de 30 morfologías distintas), oteamos la M-40. Llevamos 45km y son ya las 12.
Hoy, visto en el mapa, se reconoce fácilmente el error (mi error) de interpretación de las instrucciones (recuerdo, ¿sacamos el mapa?, no) con los sesos recalentados y un NE en vez de un SE nos sacaron de la ruta. Fue ver un puente y tomarlo. Mal. Encaramos Pozuelo cuando debíamos haber hecho unos 1.5km más en el mismo sentido, bordeando matojos y asfalto. De haber hecho hasta el 47 en dirección correcta habríamos llegado casi a la clínica Quirón. O sea, a la casa de Campo. O sea, o sea todo. Caímos a una BP. Al llegar a la gasolinera ví también que utilicé mal el agua. Por racionarla y no quedarme la última decena de kms sin ella, bebí poco entre el Guadarrama y Majadahonda. Me mató que mi memoria recuperara los calores y la deshidratación camino de Orihuela este verano y bebí poca cosa para un estúpido mecanismo de conservación. Aún en casa vacié casi 400ml, que me podían haber sobrado para hacer el tramo final. Errores de los que se aprende.
Hoy, nuevo; una sopa de pescado de mi santa esposa y unos huevos rellenos y solo me quedan dos o tres secuelas. Pero no llegamos al final de la ruta. Si Andrés tenía bastante más cuerda para haber desde el km47 hasta el 55, que lo diga él. ¿Se podía haber terminado sin error de navegación? ¿Merecía la pena atravesar y vagar dos horas más hasta la entrada correcta de Aravaca? ¿Nos sometimos demasiado al pronóstico cuando podíamos haber parado una hora más y retrasar la llegada a casa o al coche?

Ni idea. Ni me importa. Me quedo con haber pasado una mañana campestre hablando de cien cosas y saber que, aún viejo y subalimentado (ay, madre, tus primeros y segundos platos), soy capaz de meterme entre pecho y espalda 47km y poder hacer vida normal al dia siguiente. ¡Y van cincuenta! (que no joden pero atormentan).