Otra vuelta de tuerca al aburrido mundo del corredor

Archivo de Mayo 2009

Calor

In running on Mayo 31, 2009 at 5:44 pm

Ya ha llegado. Quienes ahorraban en su hucha esperando romperla para ir, de cabeza, a viajes halcón a contratar su playeo, los que miraron una y mil veces al cielo musitando contra las nubes, el viento, el agua, todos tenemos encima la calorina madrileña. La que permite salir a la terracita a cualquier hora y la que te machaca los labios y el paladar mientras atraviesas leguas y leguas.

Ayer eran las 3 de la tarde cuando dejé unos trastos en el coche, aparcado en el Eroski de Majadahonda, la diosaz llena con dos litros de agua y el estómago lleno por la digestión de dos platos de pasta (spanjaard champions league triperos), del picnic prohibido en los montecillos privados del noroeste de Madrid. Una senda paralela a la via del tren, quizá invadiendo o quizá recuperando hectáreas a la acción del clero y de las verjas, derecho al sol que olía a hojarasca de pino. 32º y ni una brizna de aire. Es el escenario ideal de una digestión, amiguitos. La recta iba dejando vivir, aunque la ingestión de agua era complicadilla pues caía sobre el odre lleno. La consigna era intentar beber cada 15 minutos con la tormenta que se estaba esperando pero que nunca llegaba, trotar, caminar y asomar al territorio de Aravaca, Pozuelo, escaleras abajo y arriba para cruzar a la Casa de Campo, y asaltar las fuentes de parques y áreas infantiles. Nada. Imposible. Una hora después de arrancar estaba al trote por una escasa umbría bordeando la Casa de Campo, descendiendo con la boca seca hacia el Manzanares. Al anillo verde llegué ya más seco que la mojama, con esa simpática sensación de estómago lleno de un agua que no se puede digerir. Ah, ese anillo verde con sus pasarelas de la muerte y su puente de San Fernando. Qué tostadero.

Había que aprovechar pues el mediodía. A caminar. Tres horas de caminata por el solano hacia Somontes, la Playa de Madrid, el GR 124 pegado al club Puerta de Hierro, y la tormenta que sonaba lejana. 34º en Somontes. Amigos tragamillas, el anillo verde , a su paso por el Manzanares, es un corredor criminal donde no asoma el aire. Arroyomolinos adelante, con paciencia, todo suma, sí, Herrera Oria arriba… tan retrasado sobre el intento de maratón que opto por caminar todo Herrera Oria, avituallarme al solete en una Campsa y callejear un poquito Mirasierra. Varios trotes pero a los 300m la boca se había secado. Finalmente Montecarmelo y sus acogedores bulevares, sus gentes a las 6 de la tarde saturando las plazas, las … eso. Meterse en el metro tras pasar por el Opencor y sumar 4 horas de matute al sol. Ya está contado todo. Lo mejor ha sido soltar hoy las piernas con unas rías en el Juan Carlos I a toda castaña, tras los lebreles ciclistas.

De Majadahonda a Alcobendas

In running on Mayo 29, 2009 at 6:09 am

Hace un par de meses me quedé sin gasolina muy poco después de Majadahonda. Veníamos corriendo despavoridos desde El Escorial. Llevaba de compinche un bandolero argentino y el sol pegaba igual que ahora.  Y ahora regreso. Es curioso, la citada localidad madrileña es un punto no existente en mis mapas, mi discurrir o mis ideas, es un no-lugar donde ni compro ni me entretengo ni negocio; pero resulta que el Sábado vamos a ir de excursión con la familia a un punto de su geografía. Excursión infantil -educativa y ecologista- y comilona campestre tirados en el monte de por allí.

Basta decir que aprovecharé el hueco de la tarde sabatina para correr un rato largo, caminando las subidas, vaya, imaginaos: una simulación de qué podré ofrecer en los próximos 100km en 24h. Desde Majadahonda se cruza bien la M40 hacia la Casa de Campo bordeando Aravaca por el sur y pasando por debajo de la M503. Un poco de Casa de Campo, río, anillo verde y escapada por el Monte del Pardo hacia los tubos del CYII en el Goloso. El mapeo satélite me da 34 o 35km hasta casa; todo será que haga un pequeño rodeo para darme ese gustazo de correr 42km como quien no quiere la cosa. De puntillas. Cada vez estoy más convencido que a las distancias hay que cogerlas desprevenidas, sin hacer ruido, pasando de puntillas por el lado de ese muro fisiológico.

No es una deuda pendiente o una revancha al soberano vaciado que me pegué allá por Pozuelo tras 45km, mientras el argentino compraba la prensa y unas patatas fritas y yo sentía los pellejos que recubren el estómago. Es que solamente me quedan dos semanas para entonarme un poco de cara a los 100/24, así que daré por finiquitada mi veintena del ahorro y los tocamientos varios. Y que no se me olvide mañana comprar una bolsa de hidratación para la diosaz raid.

Rembrandtpark

In running on Mayo 28, 2009 at 11:07 am

[Fragmento biopic, II]

Voor een nadere toelichting of andere vragen kunt u te allen tijde contact met ons opnemen of vragen

“Para una información más detallada, contacte con nosotros por teléfono…” Perfecto. Todo en neerlandés. Las primeras semanas de gestiones tras llegar al país, a pesar de la ayuda de compañeros y del departamento, eran darse de porrazos con una masa gigantesca de arcilla. El agotamiento era el postre de cada cena. En la titánica solución de quién podría más yo llevaba todas las de palmar. La burocracia contra la acracia. Ajax 1, Spanjaard 0.
El hábito, la necesidad, la dependencia, cada día eran mayores. Para quien no esté habituado a terminos deportivos, o a sobarse el morro a diario contra el cansancio con más cansancio, parece que la generación de endorfinas durante esto del correr es tan grande que el cuerpo pide su metadona en cuanto la echa de menos.
En este caso no se trataba de la Vreemdelingpolitie, la policía de inmigración. Era el registro donde me debían dar un papel para poder encarar a los de vivienda. Voor een nadere… increíble. La ansiedad insana del necesitado sonaba en mis oidos y me dejaba sin aire. Viernes, cuatro de la tarde y todo servicio de la ciudad es diversificado a través de innumerables líneas de atención telefónica.

-Esto funciona porque tiene que funcionar, porque Alá es poderoso –le duele a Ismael, que lo ha sufrido también en sus propias carnes. Isma es otro investigador perdido en la ciénaga. Sus drogas y las mías son opuestas y, sin embargo, ambas nos resultan necesarias. El flota; sólo así, dice, encuentra la inspiración para pegarse con la genética de las plantas. Pero somos complementos necesarios, nos debemos mutuas rondas de tortillas, de cerveza, de siestas en la hierba salvaje de Rembrandtpark, el parque del tapón oeste, por donde se le escapa el aire al centro noble de Amsterdam.
-No he visto cosa igual, luego dicen que la Administración española es lenta.
-Los mitos, tío –me deja caer.
-¿Tienes pensado sesión de porros y renacimiento para el fin de semana que viene? Necesito escaparme. Una carrera, o algo.
-O algo. De esas de cuarenta kilómetros
-Pues ya tengo ese “o algo” en mente y me costará un poco más. Pero sí. Es de esas. Son sesenta.
-Te acompañaría pero me da la risa. Y no es la maría.
-Qué va – Pasó una corredora en diagonal por esa senda al lado de la que nos solíamos poner en tiempo soleado. Por un camino trazado por paseantes y reciclado por las bicicletas. Un día me dí cuenta que en Holanda la gente sale a hacer ejercicio sola. No quise saber por qué.

E Isma se quedó pensando con la mirada atravesada entre tres torres que cortan Rembrandtpark hacia la autopista que circunda Amsterdam, hacia los barrios más nuevos del oeste, por donde viene un aire húmedo y molesto; Isma parecía una versión de Aluche del hijo del Dalai Lama, como viendo los átomos de brisa marina flotando alrededor de su nariz, bizqueando ligeramente para enfocar hacia la nada, hacia aquella corredora que se alejaba y que le hizo despertar de su balsa. Refrescaba. Me recorrió un escalofrío que comenzó en los riñones y subió hasta salir despavorido por el cuello. El frío de la hierba de Rembrandtpark se me había instalado en los pantalones y me había paralizado por completo.

¿Qué falla?

In running on Mayo 27, 2009 at 9:16 am

Me encuentro mencionando esto. “Muchos tenemos los vicios de los corredores de ruta, el entusiasmo de los novatos, y la saturación de información de la época en que vivimos“. Y lo cierto es que a la saturación de información contribuimos todos. De lo otro ya las culpas se reparten. El entusiasmo es algo inherente del ser humano. La historia del mono está guiada por la curiosidad, por la estupenda aventura del saber (aunque siempre hay un bando de monos que anteponen creer a conocer). Lo de los vicios está más que tratado. Que si somos unos picaos, que si en el extranjero tal y cual.

De todas maneras, fallan cosas. Se podría resumir nuestro ciclo vital como runners en:

1. Corremos demasiado.
2. Corremos demasiado deprisa.
3. Corremos demasiado cuando pedimos a nuestro cuerpo que progrese.

¿Por qué estas prisas? ¿Qué nos impele a tomarnos cada cosa como si fuera lo último que podemos hacer en vida? Si empiezo a correr con 30, a los 40 estoy destrozado. ¿No nos apetece ser un corredor hasta los 70? Cambiamos excitación por estimulación suicida. Reflexiones de Miercoles.

enero07_066

Ha nacido un monstruo

In running on Mayo 26, 2009 at 7:11 am

Las Cien Millas. La I Ehunmilak. Es tan cafre, tan a mano, tan bestia, y por unos paisajes tan enormes, que apenas importan los 167km y los 12.500 metros de desnivel acumulado. La descripción, made in Euskadi.

El día 16 de Julio del año 2010 se celebrará la “ehunmilak”, organizada por el club de montaña Arrastaka. La carrera transcurrirá íntegramente en el País Vasco, concretamente en el Territorio Histórico de Gipuzkoa, atravesando por monte las comarcas de Goierri, Tolosaldea, Urola-Kosta, y Urola-Garaia. El recorrido discurrirá por los parajes más distinguidos del interior de Gipuzkoa, adentrándose por hayedos y por robledales en los parques naturales de Aralar y Aizkorri. A su vez, se ascenderán las cimas más elevadas de la zona como son Txindoki (1.346 m), Ganbo(1.402 m) y Aizkorri (1.528m) en la comarca del Goierri; Erlo (1.026m) en la comarca de Urola-Kosta; Izaspi (967m) en la comarca de Urola-Garaia y Hernio (1.075m) en la comarca de Tolosaldea.

Será difícil dejar de pensar en ella. Ya está el personal echando cuentas. No dejéis de visitar la web de la Ehunmilak y admirar los paisajes de la zona. Para hacerse una idea, es como salir un viernes de verano por la tarde a pasear por el campo con la mochila y todo puesto; correr 20 o 25 kilómetros por el monte, ves que va cayendo la noche y el grupito con el que vas decide que, bueno, podiais hacer una nocturna, con lo que conlleva. Se hace el Sabado y seguis pistas y sendas con lo que, amaneciendo en unos parajes increíbles, te dicen que habéis pasado de largo la distancia del maratón. La vista lo compensa todo, ¿no?. Pues bien, uno del grupo, imagina, decide que podéis completar ese cordal. Echas cuentas y vais por los 59km y la cosa se va a alargar horrores. Pues nada, adelante a territorios ultras. Nunca te habian dicho que acercarse a los 100km por campo y sierra era tan pesado, aunque vas echándole mano. Coméis y la tarde cae más deprisa, no sabes si es el cansancio o la falta de sueño. En el momento en que coronais las 24h de ruta y esos 100 kilómetros de la frontera salvaje, un homicida diseña una segunda noche en vilo. Caminando únicamente puedes torear piedras y raices, apenas ves ni la luz del frontal, tiras de café, de chistes, y te metes en una segunda noche, donde pasan 110, 120km, distancias imposibles. Pero alguien dice que os habéis ido demasiado al este y el cordal os bajará irremisiblemente lejos del coche. Al fondo hay un reflejo violeta de amanecer de verano. Sí, se hará de día por fin, pero estás a tomar por culo aún. Ciento treinta y 30 horas en pie. Ahora toca regresar por un atajo que, para chiste, os lleva por un ‘recto’ espantoso donde no avanzas ni ascendiendo ni descendiendo. Tras 35 horas de tortura vas bajando al valle. En un par de ellas más trotas como un zombie y alcanzas la ciudad con la espeluznante sensación de que has perdido dos días de tu vida. Has recorrido unas 100 millas, 167km. Son, de nuevo, las 3 de la tarde. Pero casi dos días después.

Por mi parte, en 3 semanas me meto entre pecho y espalda el primer test de cara a ver si uno está maduro para estas cosas. Finalmente me combiné con los horarios familiares y podré participar en un evento del barrio, los 100/24 de Corricolari. Mañana repesco consejos y enlaces.

Unadeterror

In running on Mayo 25, 2009 at 10:49 am

- ¿En qué te quedarías tu sin cordones?, ¿eh?.

Matías terminó pronto de recoger la cena y se puso a alinear calcetines, la camiseta de fino tejido con cuatro imperdibles y uno colgando, en previsión de perder otro, un pantalón casi ridículo para la segunda semana de Enero, guantecitos como de japonés empujagordos o de alférez provisional y gorra psicológica, de las que no hacen falta pero le daban seguridad a Matías, genial expresión de corredor meticuloso y embebido. La cita de la media maratón de Getafe, figurante de lujo en el reparto de los circulillos rojos (10k) y azules (medias) en el calendario del banco que colgaba tras la puerta de la cocina, entre cumpleaños, reuniones y comidas familiares. Era la noche anterior a la carrera más rápida del calendario madrileño y las sensaciones, mientras colocaba el altarcito de ropa, gafillas, compeeds y vaselinas, inmejorables. Su plan de carrera, su ritmo, su grupo y sus amigos, su vida.

- Que digo que si te escondo los cordones de todas las zapatillas, ¿en qué te ibas a correr tu mañana? – martillearon en su corazón. No sería capaz.

“Vamos a ver, repasamos. Calcetines kalenj… esto, no, centrémonos, ¿a qué viene esto de esconderme los cordones? He recogido la cena, colaboro con las tareas del crío, de la casa, ¿a qué viene ESTO?. Pero ¿se cree que estamos en El Padrino? ¡Mis cordones!. Joder, podría usar otros de otra zapatilla, aunque las zapatillas voladoras… no sé, ¿se resentirían si tuviera que poner unos, qué se yo, de los zapatos de vestir, de las botas de mont…? ¡Qué idioteces estoy pensando!  Tengo la conciencia tranquila, siempre me manifiesto a favor la conciliación familiar, ¡debo tener la puta conciencia tranquila porque mañana quiero intentar el sub 1h31 y no estoy para bromas!”

- O si te escondiera la zapatilla izquierda de todos los pares que tienes….

“Esto es demasiado. No puedo estar oyendo estas cosas” – las sienes ardiendo y el golpeteo de los latidos en la carcasa afeitada, como Chema Martinez. Matías, tienes cara de tísico, ella qué va a saber. Mis compañeras de trabajo qué sabrán, que una está solterona y la otra con ese culo vive con un barrigón que en su vida habrá corrido diez, ¡qué digo diez!, ¡ni dos kilómetros!. Pues que no me caliente, ¡que no me ande! O sea yo haciendo una vida saludable, que no gasto en hospitales, que no ando con el 4×4 por ahí jodiéndolo todo, mira su hermano, a ese no le va a quitar los cordones, el cabrón, lleva gastadas más horas de UCI que yo de entrenamientos. Me voy a la cama, no entraré al trapo, no te fastidia ahora con el cachondeo. Menuda manera de descansar antes de una carrera importante. Por que ESTO es importante para mí. Coño. Hala, ya estoy cabreado con los putos nervios. Siempre me pasa algo parecido”.

Un día, allá por sus tiempos de novato, por 2006 -cuánto ha pasado ya- quiso ir a su primer medio maratón y se quedó dormido. Se levantó una hora y pico después. Juró que no volvería a sucederle nunca más y, con el tiempo, se le ha ido la mano con los métodos para estar medio en vilo toda la noche. A Matías, soltero, psicótico y runner se le ocurrió que colocar post its hirientes en la cocina sería una idea cojonuda.

Créditos:
UNADETERROR (2009)
Guión: Mi santa esposa
Realización: Spanjaard
Subvencionado por la SGAE. Spanjaard Guarrindongos Autors Enterprise
Distribuye: wp

Una manera de hablar de carreras inteligente y progresista

In running on Mayo 23, 2009 at 8:56 am

No y no. No soy progresista y únicamente se me supone inteligencia en algunas parcelas. El otro día me dicen que estos escritos son “una manera de hablar de carreras muy inteligente y progresista”. Progresismo es un término por el que dejé de interesarme leyendo en la facultad de Filosofía y Letras de la UAM. Leyendo cosas que no tenían que ver con el temario que nos embutían, añado. Tenía, metidos entre mis hilarantes apuntes, alguna obra de Valentí Almirall (España, tal como es), J. Trías (Federalismo y Reforma Social en España), de la editorial Seminarios y Ediciones. La famosa batería de libros coñazo que mi santa mujer desesperada ha ridiculizado alguna vez que otra.

De ello y alguna cosa más saqué en claro que no me atraía ser progresista. Aunque seguimos teniendo conservadores contra los que luchar por erradicar “todo vestigio de pasado histórico que pueda resultar un lastre para mejorar la condición socioeconómica de ciertos colectivos sociales”, el progresismo ha derivado en un socialismo de aspecto amable frente a la revolución más profunda (la culpa la tendrá, probablemente, la escisión tras la Primavera de Praga de 1968). Y ya tenemos demasiadas caras amables, caras de mercado, tweed  de nuevos burgueses que se aparean en adosados en Majadahonda, expedientes de reducción de empleo, y cuotas de emisión de CO2. En los blogs, también. Pero ahí está la madre del cordero.

En esencia, gracias por lo de la amplitud de miras. Simplemente soy un protestón de mala hostia que luego se corta de soltar sapos y culebras, por educación y porque tras una esquina terminaré encontrándome a gente que me lee y respeta. Así las cosas, uno termina escribiendo con esa mezcla de redactar medio críptico medio con estilo de redacción de 2º de la ESO. No escribo sobre género y running. Eso se lo dejo a sesudas teóricas (de todos los especialistas en algo y género, el 100% son mujeres). Solamente me recreo en minutos aislados de la vida de unas chicas. No escribo sobre la ética de la salud y el running. Sólo pongo en abstracto mis prácticas habituales, mi poco sofocarme, el correr por placer. Tampoco adoctrino sobre la maravilla de correr durante horas sino que -a algunos- cae en gracia el experimento y se atreven, ellos solos, con la esperanza de sufrir un perrenque y luedo demandarme por daños a la salud pública. ¿Me río de los blogs que cuentan su entrenamiento diario? Pues no. Más pierden quienes ni siquiera abren un blog para contar algo, por personal o insustancial que sea.

Dicho esto, amigo, ni progresista ni inteligente. Ya me metí en el anónimo embolado de la Red sabiendo que esto acabaría por suceder. Y todo, por no decir: “corredores, panda de narcisistas y de frustrados”. Que no es que lo piense. O sí. Pero en esta era de popularidad digital y reconocimiento nercisista no me leería ni cristo. Ay.

CCCP-USSR-Poster2

Runners desesperadas

In running on Mayo 21, 2009 at 2:35 pm

L1030436

Mujeres corredoras. Viven en el implacable anillo urbano que rodea Madrid hasta aprisionarlo, hasta ahogarlo. Han comprado algo para tomarlo al sol del parque Juan Carlos I, en las esplanadas de césped donde la tarde capitalina de diario muestra los muslos y los torsos en este caluroso Mayo. Son cuatro mujeres y cada una lleva cuatro diferentes historias, llevan colgando la letra escarlata E (de estresadas), signo de su generación.

Rocío (pongamos) pensó que apuntarse a otra Carrera de la Mujer fuera de Madrid estaríamás que bien. Ofreció su casa en provincias para convertir un Sábado en un día de viaje entre mujeres, tomar un café o cenar fuera, contarse todo y no dejar nada. Las cábalas entre fines de semana y agendas eran favorables. Su hija ya podía participar de este fin de semana de chicas, con sus ya 11 años. Rocío traía ayer una neverita con bebidas frescas y aparcaba pensando en su trabajo como gestora. Tenía suerte, llegaba a casa pronto. Hoy no. Iban a ratificar cómo se desmoronaba el plan poco a poco.

Gema (digamos) ha ido conjugándolo todo con los entrenamientos. Hasta el martes, era una mujer afortunada. Su chico corre y lo entendería. Su chico cuida de sus gemelas y así lo admitiría. Pero a su chico se le ha atravesado que precisamente este fin de semana tienen que celebrar su aniversario. Ella piensa en los cientos de maridos no-tan-detallistas o en los flexibles modos que habría de combinar este sábado, joder. Tras tanta plegaria por la igualdad de tareas le ha tocado a ella, justamente, lidiar con un seguidor del calvinismo matrimonial. La mujer ha venido en chándal porque estaba ya harta de vaqueros, de todo el día trabajando con un calor horrendo.

Teresa (supuestamente, o no) contaba con todo a favor. Criaturas a salvo y marido veterano corredor -otro- únicamente había que esperar a que las agendas de las otras chicas le permitieran salir viernes noche o sábado temprano. Trae croissants de chocolate y unas chuck taylor la convieten en una caperucita del dulce, bajita, alegre, otra madre urbana de treintaymuchos. Pero la candidatura olímpica de Madrid 2009 le regala lotería del sorteo ‘otra madre con agendas locas’. Cómo, si no. El martes le anunciaban que, en los talleres donde acuden sus hijos semana sí semana no, iban a presentar todas las actividades del curso. A eso no se puede faltar. Adiós a la carrera y al fin de semana sin cromosomas XY.

Begoña (ídem) tiene tres. Tiene las tareas del día fragmentadas en cuartos de hora. Es una enérgica organizadora. Tiene capacidad para desdoblarse en cinco pero también tiene unas alergias que le matan. Llevaba comida para picar y una voz imposible. En esas condiciones no se puede correr, aunque con el ventolín lo intenta. La verdad es que si algo no puede intentarlo Begoña, no existe. Terciaba para, al menos, ir a acompañar y animar, a pasar un par de días sin sus bestias. Pero las externalidades, las mil variables de un grupo y su asma han podido con su vivo empeño.

Así, ¿quién va a apuntarse a ninguna carrera? Es la radiografía de unas mujeres que ni siquiera han llegado a los cuarenta y ya han aprendido a sacrificar demasiadas cosas. Les quedan otros cuarenta por delante. ¿Encontrarán otro fin de semana con los astros de su lado?

Explicando lo inexplicable

In running on Mayo 21, 2009 at 5:22 am

Título barato donde los haya. Me encuentro respondiendo o, más bien, advirtiendo a un muchacho que pide consejo sobre sus inicios en el correr. He tomado la precaución de separarme un metro del teclado a ver qué se oteaba en esos foros, esos hilos y cometarios. Un chaval de más de 100 kilos que lleva unas semanas corriendo y ha llegado a 30 minutos sin demasiado ahogo, respondido por un gañán que ha corrido más de 113km el otro día y que lleva a gala apenas entrenar para nada. Zoom in. Me pongo en la piel del muchacho que lee sus reacciones; me están recomendando que, sobre todo, tome todo con calma. Que lea lo que lea en estos foros, apueste siempre por la opción más moderada. Estoy afinando mi salud, más ahora que las temperaturas están subiendo y me puede dar un cuqui.

Entro en su blog, el del tal Spanjaard, resulta que es de más o menos mi edad. Yo tengo 35. Y me dice que me cuide para poder llegar a los 65 corriendo. Tenemos aún 30 años para ir domando este cuerpo, no hay prisas. Esto de correr durante horas, pero ¡si apenas llego a media! Zoom out.

¿Qué le digo? ¿Cómo le explico lo de la conservación de energía y la transmutación cósmica del ultrafondo después de 21 horas?

Dos canciones. Dos sensaciones. Vertigo, (U2, Universal). “I’m at a place called vertigo (¿Dónde está?) / It’s everything I wish I didn’t know / Except you give me something I can feel

Jose la pincha cuando está amaneciendo y llevamos unas 18 horas corriendo. Entro paseante en la plaza de Toros de Torrejón por una imperceptible bajada, y escucho los acordes de U2. Apenas llevo 81km y el cuerpo acaba de desperezarse de una siesta reparadora, he dormido una hora y pico porque está todo bajo control desde el punto de vista de la organización. Amalio va a cumplir su kilómetro 100 y me engancharé con el un giro o dos. Las guitarras de The Edge avisan, “Hello, hello (¡Hola!)” y yo respondo dejando avituallamientos y dejando sensatez aparcada durante unos minutos. No hay prisa ni hay control.

Un rato más tarde he pasado los 90 y me voy encaminando a mi frontera 100. “Fly Away” (Lenny Krawitz, Virgin) suena entre los muros de la plaza: “I wish that I could fly / Into the sky / So very high / Just like a dragonfly / I’d fly above the trees / Over the seas in all degrees / To anywhere I please” … La sensación de no poder parar a ras de suelo. Han desconectado los cables innecesarios y los gestores del dolor, de la fatiga. ¿Experiencia? Quizá. Cantan las 11 de la mañana y por momentos uno vuela por encima de los árboles del recinto ferial; pasan los 110km corriendo, Es momento de decir a alguien que comienza a correr que, para esto, no se necesitan especiales dotes sino una dosis triple de paciencia y sensatez. No mezclar con prisa.

Al novato decirle que pronto empezará a leer variantes del ’salir a correr’. Todas parecen, a primera vista, beneficiosas para alguna parte de tu forma física. Sé extremadamente cauto o de aquí a 3 años estarás preguntando sobre alguna lesión. Una vez hice un sondeo estadístico por email entre corredores y ésta era la media de tiempo que uno tardaba en parar por lesión desde el momento en que empezó a correr. La media del centenar de respuestas más o menos era que, tras dos o tres años, la gente ya salía a correr (a entrenar) 4 veces por semana y ya habían tenido en su mayoría que parar por una lesión más o menos fuerte.

Consideremos que esto, como todos los hobbies, está sometido a dos enemigos: sobreentrenamiento y falta de adaptación del cuerpo a una nueva situación. Ambas, unidas irremediablemente. Lo llevamos en la sangre. Pasaos ahora a leer el blog de la Vil Canalla. Reflexiones de un finisher metido a cientounero con ojo crítico.

Transamerica

In running on Mayo 20, 2009 at 12:27 am

Calma. No vuelvo a las andadas de las travesías. Anteayer estuve viendo, en formato sofá y tableta de chocolate a la taza, una buena Transamerica (Duncan Tucker, 2005). Felicity Huffman de Mujeres Desesperadas, y un adolescente llamado Kevin Zegers, en un duelo de silencio y dolor contenido.

De todas maneras, atravesar America (del Norte) es en muchos cerebros la maxi aventura. El placer de cruzar el subcontinente de cara al viento en un sedan del 88 lo convierte en esos perfectos viajes sin tiempo. En moto de 8 cilindros debe ser vibrante. En 737 de American Airlines imagino que aburrido y breve. Algunos lo hacen corriendo, benditos ellos. Semanas de correr siempre en una misma dirección. La filmografía ha dejado un buen cesto de road movies en los que, total o parcialmente, se hace de la llanura interminable una moqueta romántica.

Habiendo probado las travesías, a cortisima escala y en condiciones muy mejorables, miro e intento encontrarle la gracia a las fotos y demás material (Daniel Popp tiene una colección enorme de su travesía), pero no se la encuentro. Demasiadas horas y días sin ver cambio sustancial en el paisaje. Que, cuando uno se pone a correr, es lo que a la postre llena: mirar atrás y comprobar cómo ya no se ve el pueblo, el río. Girar la cabeza a un lado y otro yy comprobar las perspectivas trastocadas. El asomar de un nuevo valle o la desaparición gradual de un cerro.

Un cuento: Las 12 a Bragado

In running on Mayo 19, 2009 at 5:20 am

Me pasa Andrés Bandoneón un relato breve sobre un loco argentino al que le dió por correr. Las 12 a Bragado. Haroldo Conti.. Haroldo Pedro Conti nació en Chacabuco, provincia de Buenos Aires, en 1925. Fue, entre otras cosas, escritor, guionista, maestro rural y profesor de filosofía. Algunas de sus publicaciones son: La balada del álamo carolina (1967), al que pertenece el cuento “Las doce a Bragado”, y las novelas Alrededor de la jaula (1966), En vida (1971) y Mascaró, el cazador americano (1975). En 1976 fue secuestrado por la dictadura militar; permanece desaparecido. Agradezco a Bandoneón que me haya pasado esta pequeña joya. En Chacabuco y en Buenos Aires he pasado grandes ratos y ahora estas pinceladas son una prolongación aromática alejada en el tiempo.

Las 12 a Bragado.
(A mi tío Agustín, por si algún día para de andar y alcanza a leerlo).

Bien, ahora mismo, desde este invierno que empapa el pavimento y las paredes y las ropas y el alma, si tenemos, lo que sea, esa finita tristeza que se enrosca por dentro como una madreselva y en días así, justo, asoma sus floridas puntas por las orejas y la nariz y los ojos, en días así, digo, cierro los ojos y veo ese largo camino polvoriento del verano que se extiende hasta el horizonte como un río seco bajo el sol. Es el camino de tierra entre Chacabuco y Bragado, ese mismo semejante a una áspera corteza de árbol viejo con tantos y tantos surcos, el almacén de don Luis Stéfano en una esquina de acacias hasta el año 33 y después para siempre en la memoria, y la de Iglesias a la derecha, más adelante, ya por el camino de Sastre, después esa loma que trepa brevemente hacia el cielo y después el puente sobre el río Salado, que es el mismo límite entre los dos partidos, según dicen los carteles de chapa en una y otra punta, y uno imagina que hay en el aire una línea invisible y que el aire es sutilmente distinto a cada lado de esa línea. Y ahora, es lo que veo desde este húmedo y triste invierno, el tío Agustín aparece saliendo de la curva, un poco antes del almacén de Iglesias, a la altura del mojón de hierro fundido que casi tapan los pastos, del lado de Chacabuco todavía. Viene corriendo con sus largas piernas huesudas perseguido por una nubecita de polvo y un perro escuálido que ladra a sus zapatillas de badana.

La gente del almacén lo aplaude hasta que trepa a la loma y se pierde tras ella, plaf, plaf, el tío Agustín, y el viejo Iglesias le grita a sus espaldas: “¡Dale, flaco!”. Porque el tío es puro hueso, y una llama bien encendida que alumbra por debajo de su piel. Los ladridos del perro se sofocan detrás de la loma y el tío debe estar cruzando el puente. Hace seis horas que largó punteando desde la plaza San Martín, en Chacabuco, frente a la iglesia de San Isidro Labrador. Hoy es justamente la festividad de San Isidro, 15 de mayo, y se corre la Vuelta del Salado o La Fondo de las 12, es decir, La Carrera de Fondo de las 12 leguas a Bragado. El tío estuvo haciendo trote en la largada una hora antes de la partida. Tenía puesta una camiseta de frisa con el número 14 pintado en la espalda y unos pantaloncitos negros y las zapatillas de badana y cuando el viejo Pelice disparó la bomba de estruendo el tío pegó un tremendo salto y un grito y salió a los trancos, plaf, plaf, plaf, perseguido en la mañana neblinosa por una hilera de hombres semidesnudos, entre ellos el loco Garbarino que no pasaba del cementerio y se cansaba tanto de agitar los brazos y saludar hasta a los perros, dio una vuelta a la plaza y cuando comenzaba a encendérsele aquella blanca llama enfiló por la Avenida Alsina, pasó punteando frente al bar japonés y rumbeó serenamente hacia las quintas. El tío corre con la huesuda cabeza echada hacia atrás como un pájaro y a medida que entra en combustión sus trancos son más largos y más altos. La gente resbala como una mancha oscura por el costado de sus ojos y, después del hospital municipal, se corta, se disuelve y cuando no hay más gente y sólo queda por delante el camino pelado, el campo húmedo y la mañana olorosa, la llama le brota por los ojos y corre todavía más fuerte, más liviano. Los pasos de badana resuenan suavemente cuando golpean sobre las tablas del puente y cuando el tío se embala por la pendiente de la loma, al otro lado, ya en el partido de Bragado, la llama le brota a chorros a través de la piel, los ojos se le borran con tanto brillo y corre, corre locamente bebiendo el aire perfumado de la mañana, los campos verdes inundados de esa blanda luz de mayo, loco caballo desbocado, loco. En tres horas más, a ese paso, puede estar en Bragado, por lo menos en la laguna, pero un poco antes de Warnes, cuando ya asoman los palos del alumbrado entre los altos y oscuros árboles de la entrada, esto es antes de las vías del ferrocarril Sarmiento, tuerce el tío hacia la izquierda y se lanza sin cambiar la marcha por el estrecho camino que bordea el monte de eucaliptos del campo de Cirigliano cuyos negros árboles saltan desde hace un rato en el hueco encendido de sus ojos. El tío es ahora el tibio camino de tierra cruzado por frescas sombras que atraviesan sus largas piernas. Corre y corre saltando las sombras húmedas, blandos terrones de tierra, solo y alado, sobre este recuerdo, sobre puntos y líneas, sobre el raído invierno de mi tristeza, sobre años y tiempos, siempre volante, eterno, perenne corredor de las 12 a Bragado, el bravo tío Agustín empujando su intensa llama por aquel solitario camino recruzado por espantados cuises y liebres y pájaros que arrancan veloces un poco antes de sus pasos. Salta un alambrado y sigue la carrera a campo traviesa, llama y llama, fuego y fuego. Sólo una vez llegó hasta el Bragado porque el tano Cersósimo, esto es, el Gringo del Pito como se lo conocía por aquellos años, lo siguió con un sulky y cuando se quería desviar le cerraba el paso y lo golpeaba con el látigo y llegó con dos leguas de ventaja sobre el Chino Motta, nada menos, pero cuando la gente lo aclamaba ya y el intendente se paró en el palco con un banderín en la mano no lo pudieron atajar porque saltó sobre la meta con un grito profundo y siguió de carrera hacia 25 de Mayo, muy campeón, el grandes piernas de acero de mi tío, el formidable tío Agustín. Eso fue en el 32, que batió todos los récords, aunque a él no le importaba eso sino tan sólo correr y correr.

Pero las otras veces torció a derecha o izquierda antes del Bragado, aturdido por el campo, y algunos lo vieron y avisaron que el tío iba a los saltos entre las doradas espigas o las oscuras hebras de pasto o las chalas que brillaban como vidrios y azotaban sus duras piernas, espantando liebres y pájaros y cuises, y un día o dos después lo hallaron dormido debajo del álamo carolina, ese que se levanta solitario detrás del campo de Cirigliano y que desde el camino real aparece todo un monte y que para el tío era su única meta reconocida y hasta ella corrió por premio o por mero gusto, acompañado o solo, el día de San Isidro o un día cualquiera mientras le duró, por muchos años, aquel berretín de caballo desbocado. Yo era pibe entonces y veía al tío, joven, como desde una enorme distancia, a través de nieblas y velos, porque yo estaba por ser, no tenía sombra ni casi historia, era tan sólo presente, pequeño, mero estar y ver y sentir a la sombra de los grandes, mi abuelo, ciego por terquedad que un día prometió rezar un millón de padrenuestros porque dijo que se le había aparecido Jesús, carpintero como él, mi padre, que entonces correteaba para el frigorífico La Blanca montado en un fragoroso Ford A o la tía Juana, por siempre joven, que tenía un cuarto para ella sola y una cama muy alta que olía a jazmín y una escupidera de loza que parecía una sopera y un novio que venía todas las tardes a las cinco y se marchaba apenas caían las sombras en el patio de baldosas con la parra de uva chinche y la bomba pie de molino y por supuesto el tío, tío Agustín, ese ansioso caballo de verano. A veces cuando pateo la calle cierro los ojos, y aun sin cerrarlos lo veo pasar entre la gente, al trote con su pantaloncito negro y la camisa de frisa y el número 14 en la espalda, que siempre me falló en la quiniela, lo veo, por ejemplo, trotar a las zancadas por el medio de Corrientes o trasponer de un salto Alem, en dirección al puerto.Yo me suspendo y pienso, casi grito, ¡Ahí va mi tío, hijos de puta! ¡Miren qué lindo loco! Pasa como entonces con la terca y dura mirada clavada en el horizonte, con las narices anchas de viento, cavando el aire con sus largas, muy largas piernas.

Después crecí, eché sombra como un árbol y hasta yo mismo participé en La Fondo de las 12 a Bragado, pero no pasé del cementerio. Cuando doblé por el hospital y vi a lo lejos los altos humos de los hornos de ladrillo, algo que, supongo, trastornaba al tío, el cual quería darle alcance a cuanto se ponía al fondo del camino, las sienes me empezaron a temblar y me dolían las encías como si fuese a echar un puñado de dientes. Al llegar al cementerio rodé con un grito entre polvo, sudores y piernas que pasaron zumbando al lado de mi cabeza.

El tío, por ese entonces, trabajaba en la carpintería del abuelo, sobre el pasaje Intendente Beltrán, frente a la plaza Gral. Necochea o la Plaza del Mercado donde está hoy la estación de colectivos. Ahora cierro los ojos y me veo en la penumbra del taller con paredes de ladrillo a la vista y un espeso olor a polvo, sillas y elásticos que cuelgan de las vigas y al fondo la mesa de carpintero en la que trabajaba el tío. A veces no recuerdo al tío sino que mi pensamiento se sujeta de un objeto cualquiera y ese objeto cubre casi todo mi día. Hoy, por ejemplo, mientras cruzaba hasta el bar Falucho aguantando el viento que barría la Avenida Santa Fe, me acordé de buenas a primeras de aquella sierra de ingletes o de falsa escuadra que había en una punta de la mesa. El día crece lentamente alrededor de ese objeto, lo rodea como la pulpa de un fruto y el día en todo caso vale nada más que por eso. Aquella sierra que había sido construida en Inglaterra en 1895, que en consecuencia había atravesado el mar embalada cuidadosamente en un cajón de pinotea, me atraía misteriosamente. Era una sierra montada sobre un bastidor, con una empuñadura negra como la de una ametralladora y servía para cortar marcos, escuadras, ángulos, encastres y demás cortes de precisión. La veo ahora mismo en el aire, negra y pulida y, por fuerza, al rato veo en la punta de la empuñadura al tío Agustín. Él se movía silenciosamente de un lado a otro del taller aporreando maderas, reparando vencidos elásticos de cama o reemplazándolos por otros nuevos que estiraba para encajarlos en el armazón en una prensa, especie de potro que giraba con bruscos chirridos metálicos. El tío era de una silenciosa precisión en todo. Yo me maravillaba de que hombre tan silencioso y preciso en sus movimientos produjese a ratos tanto ruido de una vez. Por ejemplo cuando se calzaba un pañuelo negro delante de su aguda nariz y echaba a andar aquella cardadora mecánica que era el supremo orgullo de la mueblería y carpintería El Mercurio. El tío metía la lana apelmazada por un lado y ya mismo salía por el otro en blandos copos que caían lentamente dentro de un corralito de alambre de gallinero. La máquina rechinaba en la punta de las manos del tío. Por aquel tiempo había dejado de correr hasta el álamo carolina, pero después del trabajo emprendía largas caminatas hasta el zanjón o el cementerio o el Prado Español o la quinta de Pastore, o la estación del Pacífico, donde esperaba ver pasar al “Cuyano” que hendía la noche como un carbón encendido aventando sombreros y papeles. Los años lo habían enflaquecido aún más y un día que lo sorprendí inclinado sobre la fabulosa sierra de ingletes le vi brillar las blancas sienes y el emplumado mechón de pelos encanecidos que le caía sobre la frente. Y esa vez sentí verdadero amor por el tío, aquel ansioso caballo del verano que ahora descendía a la carrera la larga cuesta de sus días. Yo, en cambio, trepaba los míos. Esos días me llevaron lejos del pueblo y cuando volví, algún verano después, y entré en el taller penumbroso, el tío levantó la cara por encima de la sierra y me observó con una mansa sonrisa por arriba del armazón de metal de unos lentes. La luz de la tarde penetraba por una claraboya y el tío flotaba, blando y casi transparente, en aquella luz polvorienta. Me preguntó qué tal estaba la ruta 7. Por lo que recuerdo, fue la primera vez que habló conmigo demostrando cierto interés sobre algo concreto. Señal que yo había crecido realmente y ahora era un hombre, al menos para él, que la medida de mi tiempo. Siempre preguntaba sobre caminos. La ruta 7 terminaba de ser reparada entre San Andrés de Giles y Carmen de Areco. Eso lo alegró al tío. Ese mismo año había ido a pie hasta Luján portando el estandarte de la Congregación de San Luis Gonzaga. Me explicó que era cuestión de echarse a andar y no cambiar el paso, vendarse los pies y calzar botines bien armados. Volvió con el Expreso Rojas y recién entonces notó que la ruta estaba levantada en algunos tramos. Fue toda una conversación. Por él me enteré de que el camino entre Chacabuco y Bragado seguía siendo de tierra, pero que ahora le habían puesto la electrificación rural y era probable que en un par de años le echaran encima cemento. Ya no va a ser lo mismo, dijo el tío con tristeza. Seguía haciendo sus largas caminatas, pero ahora se extraviaba cada dos por tres. Una vez lo trajo un vigilante que lo encontró perdido por el Agua Corriente, y otra el viejo Punta que lo cruzó en el camino a Salto, por el almacén de Cattaneo, y él le preguntó dónde quedaba el Tiro Federal y el viejo entendió el Estadio Municipal y como de todas maneras ambos quedaban para el otro lado, lo subió a la jardinera y lo trajo hasta la mueblería.

Un día el tío, esto lo supe dos veranos después, ya hombre entero y él más viejo y más flaco, y el camino a Bragado todavía sin asfaltar, fue hasta la farmacia de Marino, al otro lado de la plaza, pero cuando llegó a la Avenida Alsina, que fue asfaltada en el 32, bajo la intendencia de don Esteban Cernuda, la encontró de tierra, como cuando era chico y después mozo y corría ya en la Vuelta del Salado. Los charrés y los sulkys iban y venían por la avenida de tierra y algunos jinetes trotaban entre espumosas nubes de tierra. El tío, flaco y encorvado, vio con algo de sorpresa cómo avanzaba por el medio de la calle un landó descapotado como los de la cochería Grossi Hermanos con la señorita Lombardi en su interior. El coche se detuvo justo enfrente del tío y la señorita Lombardi asomó su cabeza cubierta con una capelina de raso y apuntándole con su sombrilla de seda estampada le preguntó por la abuela Adela que había muerto, si mal no recordaba, seis años atrás. Él se quitó el sombrero, sonrió complacido a la tan señorita y se inclinó hasta que la sombra del carruaje desapareció de su vista. Naturalmente, no cruzó la avenida ni fue hasta la farmacia de Marino porque en aquel tiempo la farmacia no existía todavía. Volvió al taller y el resto del día, hasta que vino la luz de la tarde, se sentó en un rincón, detrás de la mesa de carpintero, entre cajas de herramientas y rollos de elásticos y tablones de pino que olían a resina y pensó en la muy dulce señorita Lombardi que para él, el tiempo le daba la razón, no iba a envejecer nunca. Quizá dentro de unos pocos días, pensó, si se entrenaba un poco, podía volver a correr en La Fondo de las 12 a Bragado. Ya no quedaban campeones y en el tiempo que tardaba ahora cualquier buen fondista de la zona él podía llegar a Bragado saltando sobre un pie. Cuando entró aquel melancólico rayo de luz por la alta claraboya, el tío echó a andar hasta el Prado Español.

Días después, al cruzar la plaza, le dio un salto el corazón. Debajo de la pérgola que había sido echada abajo en tiempos de Fresco vio y hasta escuchó a la banda del maestro Marsiletti. La banda tocaba aquel número de fuerza que le hacía temblar las piernas al tío, Tremi gli insani del mio furore, Nabucco, Acto I, y que el maestro Marsiletti tarareaba y por momentos aullaba tratando de imitar a Titta Ruffo. No sólo estaba aquella pérgola, que semejaba una jaula florida, sino que hacia el lado del Palacio Municipal vio brillar entre los oscuros árboles al lago artificial que mandó rellenar el intendente Barcán y en el que el loco Garbarino se zambulló un 25 de mayo. La banda, con el maestro Marsiletti que blandía la batuta y un Avanti que sacudía en la boca al compás de la música, parecía flotar en el aire de la pérgola debajo de una luz amarilla como la que penetraba en la claraboya del taller. Después de Nabucco, tocaron Alegría de la hoguera, una polca-mazurca de Strauss con la cual el maestro Marsiletti parecía remontar un vuelo y la plaza comenzó a poblarse de muchachas y muchachos que en dos hileras giraban por el centro, alrededor de la estatua de San Martín, que de golpe había reemplazado a la pérgola y que en aquel tiempo era pedestre, no ecuestre, según se acostumbra, por razones de economía, pues la partida que votó el Concejo Deliberante no alcanzó para el caballo, lo cual terminó por convertirse en una curiosidad y hasta en una atracción hasta que en tiempo del gobernador Aloé, que era de Chacabuco, le pusieron el caballo y es así como cabalga ahora en el alto cielo de mi pueblo entre las espléndidas copas de los árboles, en dirección a la confitería San Martín, hacia la que apunta un dedo.

En eso el tío vio pasar al Cholo Barrios que, según tenía entendido, porque estuvo en el velatorio, se voló la cabeza mientras probaba una escopeta de un caño, calibre 20, vio al Cholo con sus bigotazos renegridos, rancho, polainas blancas y un bastoncito con el pomo de plata que lo saludó con el brazo en alto, muy en su contexto, lustroso caballero el Cholo, gran amigo de violentas farras y fuerte apostador en las cuadreras y reñideros, propietario de un gallo “Ají Seco”, apodado Racoto, de origen peruano, que batió a todos los gallos de combate del 36 al 45.Otra vez el tío iba para el Círculo Obrero donde estaba cambiando el esterillado de las sillas y no pudo seguir de la Avenida Alsina, pues se tropezó con la procesión de Nuestra Señora del Carmen, con el padre Doglia debajo del palio y los tanos Minervino y Visiconti tocando la gaita a la cabeza, todos muy de solemnis sobre la calle de tierra mientras las campanas de la iglesia batían a fiesta bien pulsadas por el viejo Santiago, gordas palomas de bronce por el aire limpio de la mañana.

El último verano que estuve en el pueblo, este que pasó, fui hasta la vieja casa del abuelo y, como siempre, después de los saludos y los mates penetré en el empolvado taller del fondo. Tardé un rato en acostumbrarme a la penumbra, cegado como entré por el sol del patio, y en aquella momentánea ceguera sentí el tibio olor a maderas y a cola de carpintero y oí el escamoso crujir de las chapas del techo recalentadas por el sol. Cuando mis ojos se fueron acostumbrando a aquel velado y quieto paisaje de objetos sepultados por el polvo descubrí cada cosa en su exacto lugar, como si el tiempo no se hubiese movido y yo tornara de golpe a mi infancia.

Allí estaba la tremenda cardadora a motor, la carcomida mesa de carpintero y sobre ella, en un extremo, mi querida sierra de ingletes que apuntaba hacia la puerta. En la prensa había un elástico a medio tender. Aquella suave pero insistente permanencia de las cosas, luego de tantos años y tantos cambios y tanto y tanto, recuperó por un momento ese firme presente de mi infancia, sin sombras ni pesos, errante edad de mi pueblo. De repente sentí un leve raspón junto al tablero de las herramientas y achicando los ojos vi emerger por detrás de la mesa la blanca cabeza del tío que estaba sentado en un banquito. Parecía un viejo pájaro, uno de esos viejos cóndores que con las raídas alas abiertas toman el sol en la jaula del Zoológico. El tío se caló los anteojos que extrajo lentamente de su estuche a presión y me observó en silencio con sus ojos lagañosos, como de vidrio mellado. “¿De quién sos?”, preguntó al cabo de un rato con una voz finita. Quería decir de quién era hijo yo, que es lo que se pregunta o como se pregunta a un muchacho cualquiera de los pueblos. Yo dije “El hijo de Pedro Isidro”. Él cabeceó y repitió para sí, sin reconocerme, posiblemente sin reconocer siquiera aquel nombre: “Pedro Isidro…”. Pedro Isidro es mi padre, su hermano. Se levantó y caminó hasta mí, encorvado. Me echó una afilada mano encima del hombro y preguntó esta vez: “¿De dónde venís, muchacho…?”. No preguntó qué tal estaba la ruta 7, ni tampoco supe si por fin habían asfaltado el fabuloso camino a Bragado.

Luego supe por la tía Teresa que en esos días se había encontrado en la esquina de la tienda Ciudad de Messina con Pepe Provenzano, que pateaba como siempre la calle vendiendo billetes de lotería y con Pancho Tonelli, ambos bien finados, lo mismo que la tienda, que cerró allá por el 58. Después, cuando trató de volver a la casa no dio con la calle y aunque pasó por enfrente de la puerta, al recorrer el pueblo por tercera vez, no acertó a reconocerla. Por suerte se tropezó en la esquina del Almacén Inglés con el gordo De Nigris, otro muertito, que lo condujo, siempre tan gentil caballero, hasta aquella salteada puerta y se lo devolvió a la tía cuando ya oscurecía.

Para Reyes vino la hija de Buenos Aires y el tío se calzó los anteojos y le preguntó de quién era. A partir de ahí empezó a equivocar las puertas y los cuartos y a veces charlaba en los rincones del patio con personajes invisibles. No mucho después, como lo pronosticó la madre Benedicta, ni siquiera reconoció a la tía a la que confundió una vez con Martita Romero, su primer filo, y otra con Filomena Perrone, que fue reina del carnaval del Club Porteño, en el año 38.

Acabo de volver del pueblo y por eso pienso tan fuerte en el tío en esta podrida noche de invierno mientras bebo un semillón en el bar Falucho, en Fitz Roy y Luis María Campos. Cuando fui a ver al tío lo encontré acostado en el medio de esa buena cama inglesa con cabezales de bronce y remaches de cobre y elástico de flejes que perteneció a la familia Mediavilla y compró en un remate de Warnes. Tenía puesto un camisón de frisa y un gorrito de lana y de tan flaquito y huesudo se perdía sobre la pila de almohadas. Hace meses que no sale de ahí. Fuera de los límites de esa cama no reconoce nada en el mundo. A eso se ha reducido el suyo, a aquella buena cama inglesa de bronce bien lustrado. Sin embargo, no la pasa tan mal. Siempre tiene algún muertito con el que charlar y por detrás de la barras de bronce ve cosas de hermosa extravagancia, como el corso del año 23 o el Circo Sarrasani, e incluso el día en que el loco Garbarino ganó de tarro La Fondo de las 12 a Bragado.

Un cerro de pinturas

In running on Mayo 18, 2009 at 7:41 am

Eso. Tengo un cerro de pinturas de madera (vulgo lápices de colores) que he reciclado de las cajas de mis hijos y creo que se podrían donar por ahí. ¿Alguno tenéis contacto con alguna ONG o proyecto donde pueda darlos? Habrá un centenar de todos los colores y tamaños, lógicamente tras el paso por las manos y dientes mordisqueadores de un par de niños.

De lo de correr, seguimos reposando y dejando que las piernas pidan guerra ellas.

Bizarría masculina

In running on Mayo 15, 2009 at 4:23 am

Madrid. 10:41am. Parque del Retiro. Sospechoso de pertenecer a alguna célula alienígena invasora que robó imágenes hace 20 años (unidad terrícola de tiempo) y que han tardado un poco más de lo debido en plantificar en la superficie objetivo. Los desfases en cálculo de tiempo alienígena y tiempo terrestre, así como una interpretación bizarra sobre la genética humana y los sexos han hecho que depositen al infiltrado en una Carrera de la Mujer. Rodeado de miles de mujeres vestidas casi todas con una camiseta azul, ha estado a punto de poner en peligro la misión con esa barba, la cinta al pelo rojo Vanity, chándal de escuela de fútbol de barrio y gafas que se tintan con la luz natural.

Afortunadamente ha sido detectado por las cámaras de CorriendoVoy.com. Tengan cuidado. Tararea  los Electric Bogaloo y Street Dance. Si lo ven, dénle unas recomendaciones de estilo o que aborte la misión.

bizarro

Celebritis ebridei

In running on Mayo 14, 2009 at 12:38 am

A la Brihni Espí.

El tema del verano, del año y posiblemente del siglo XXI. No todo va a ser rock (os lo podéis descargar al mp3 y pone mucho para los kilómetros de dureza mental). Son Fabio MacNamara y Glitter Klinik (Luis Miguélez, con nombre de periodista del Marca). Petardos runners, dejad los ACDC y meteos entre oreja y oreja descargas a ritmo de trote pachanga, ¡pero ya!. Celebritis.

Rhapsody in shoe

In running on Mayo 13, 2009 at 3:55 am

Al igual que la composición musical creada por George Gershwin, el pasado sábado iniciábamos muchos un lento y hasta tristón discurrir a lo largo de 24 horas. El jazzismo de la cosa residía en la composición colorista de malos cuerpos, peores estilos y camisetas abigarradas. Lo clásico quedaba enmarcado por ese dólico, ese circuito que salía del estadio para regresar. La nota idiota del siglo xxi la dábamos los runners que insistíamos en ser engullidos por la puerta grande de la plaza de toros. Un conjunto unido a lo tonto, una libertad de formato romántica. Una rapsodia.

Por comparar, imaginemos que las líneas del pentagrama eran las que delimitan arcén y calzadas de la carretera entre Madrid y Extremadura. Las notas, los corredores clasificados en Las 24. Pongámoslos huyendo de, un suponer, la grúa.

Andrés salió de Príncipe Pio pero se acordó de algo y no llegó ni a la Casa de Campo. Vilches, nasío pa correr, llegó a Campamento el primero pero ahí se quedó, preparando la logística y los macarrones. Paco Rico llegó hasta el hotel relax que hay enfrente del penal de Navalcarnero mientras que Velayos echaba la jornada hasta el km 42, en Valmojado. Es un simbolista pero la premura de unas ampollas le hicieron quedarse a poco más de las viñas y cereales madrileños. Los demás íbamos más sedientos de paisaje, de toledanos, de yo que sé. El grupillo trasero se cerraba con Rafa Indeciso, cuyos 67km le llevaban hasta Quismondo, donde el Rubillo. El valle del Tajo acoge a los cieneros. Alfonso Ariza, Dennis el yankee y alguno más se quedan en una nave a las afueras del encuentro entre el Alberche y el Tajo. Duquito, Efejota o Darth ya toman la carretera vieja a Talavera. Han dejado entre medias a AnnaJordan, Sayo o yo hemos llegado al centro de Talavera, desde Madrid, ojo. Igual que esos días de atasco mundial y fundamental entre los dominios bolos y Aluche. Here we come.

Mario Copado tira hasta las afueras de Talavera, pero hay poco que rascar aparte de unas naves tristonas y un polígono nuevo pero semivacío. Realmente las distancias entre nosotros son cortas. El escalón de los 127-130km, donde se bandea Yoku, les hace adentrarse en unas dehesas sin nada. Amador o Somal tampoco ven nada unos kilómetros más allá. Realmente estarán desperdigados por la nada hasta los 144km de Oropesa, donde han llegado corriendo Loboaullador o Blázquez.

Los que han llegado lejos son Hugh, el galés, o Primitivo, otro que ya cruzó de Barcelona a Madrid en etapas invernizas. Están por Calzada de Oropesa, a 150km largos de la ciudad de la que salieron imaginariamete. Como huidos. Javier, de Vigo, se planta en mitad de las dehesas, a 168km de distancia, casi a 9 jornadas a pie de 4 leguas. Por Navalmoral de la Mata está bajo el sol del día cacereño Luis Nuñez. Pero no se ve nadie más ni adelantando a caballo. Eddie, el irlandés de tranco corto, lleva 192km. Es Almaraz, ha pasado junto a la central nuclear. Va solo, con su camiseta de tirante blanca y pantalón verde eternos. Es el último de los perdidos peregrinos sin control que han salido 24 horas antes de un punto imaginario en la Glorieta de San Vicente. Un poco por delante de él, a 2km, va Angel de la Mata, el leonés de cemento. Ha decidido cruzar por el puente viejo el embalse, no por la autovía. En el km 195 está el runninguero Andrés Quesada. Algo más adelante va el trio que más rápido avanzó: Jose, de Leganés, debuta con 207km. Está casi coronando el Puerto de Miravete. A su izquierda la zona de Monfragüe. Guilaume ha corrido unos kilómetros más. Apenas quince minutos por delante.

Josico ha llegado a Jaraicejo. A 218 kilómetros de Madrid. Aquí hace calor, se entona el acento extremeño y hace un siglo la gente apenas había llegado una vez en la vida a la capital del país, tras una expedición en tren borreguero o en coche de línea. El ultrafondista zamorano ha recorrido en un día completo la distancia entre Madrid y la sartén cacereña. Acojona, ¿eh?

trav24

¿15.000 futboleros recibiendo al Madrid serían también ‘Sociedad’?

In running on Mayo 11, 2009 at 8:27 pm

Sí. El domingo se celebra la segunda carrera de más participación de Madrid, tras la San Silvestre Vallecana, con 15.000 participantes, y para el diario global de la morralla centrista es una noticia de Sociedad. ¿Por qué? Porque la experiodista metida a aristócrata sualteza acudió a dra la salida y entregar los premios. Sí, Letizia es Sociedad. Cuando va al fútbol al palco es Deportes. Pero quizá para el redactor(a) era más conveniente colocar a 15.000 participantes en sociedad, coger la noticia de EFE y, total, como son mujeres, encajarían mejor donde las recetitas y las notas de la alfombra roja. Ah, no, que en la nota de prensa dice corredoras, carrera, siete kilómetros y deporte femenino. Bah, total, estarán tan ocupadas que no tendrán tiempo de leer la prensa digital. Pensará.

Oh si. La España olímpica.

Nota. Curiosamente, en primer plano con los globos de amapamu, varias contendientes de mi grupo de las mamis corredoras madres de múltiples.

soci

Abrazos

In running on Mayo 11, 2009 at 9:36 am

Domingo 10/05/09. Sesenta o setenta personas se abrazan a lo largo de 1207 metros de circuito. Acaba de sonar el segundo pistoletazo de los jueces que han medido durante 24 horas, 0 minutos y 0 segundos el girar de los participantes de Las 24. Podría haber sido una quedada organizada desde twitter o una gran boda. Bueno, no tan grande, hoy día quien no mete cien personas en un banquete no es nadie. Era la segunda vez que los eñes organizábamos las cosas de aquella manera. ¿De qué manera?

Tras las semanas y semanas de gestiones anteriores, presupuesto cero y cruce de camiones con vallas, emails, de ver volar las inscripciones y de ver volar a muchos preinscritos a otras pruebas, la familia del club estaba el sábado a las 9 de la matinée en el ferial adjunto a la plaza de toros de Torrejón. Día soleado, amenaza de tormentas, alivio momentáneo para los organizadores (el año pasado tuvimos una cuadrilla entera de desaguadores) y para las familias que en este mayo matritense celebraban bodorrio o comunión (¿existe despectivo para comunión?). Todos de tiros largos, todos presentes. Los silenciosos componentes de la fila que recogía el dorsal llevaban el gesto de la res que pasará al matadero. Los ruidosos organizadores eran el contrapunto vocinglero, plusmarca de decibelios de la IAAF y mención de honor de la república cantonal suiza. Lo menos. O sea.

A las seis de la tarde unos llevaban 50 kilómetros, otros 30, otros se miraban los pies, otros hacían la digestión del menú a trois que nos apretamos a la sombrita y alguno intentaba echar un sogato o colgar los pies del palo mayor para que bajara la sangre. Valencianos, británicos, canarios o madrileños iban sembrando la arena de la plaza de pisaditas, continuaban labrando en el cemento del circuito con un lijado permanente de suelas vibram y sistemas de control de amortiguación y pisada. Todavía nadie pensaba en los abrazos del mediodía sino en la charla con el ocasional compañero de vuelta; en mirar abajo cuando los primeros remolinos levantaban arena o en cómo empezaría su crónica.

Serían las ocho cuando nos trajeron una ración de croquetas y otra de migas. A unos pocos, escogidos. Pero sobre esto poco hay que mencionar. A esa hora los sesenta restantes estaban pensando en sus cosas o llamando a casa o se cambiaban de ropa en rituales repetidos, mil veces hechos en carreras cortas pero extrañamente nerviosos dentro de un túnel de giros que los llevaba a la noche. La noche, en ultrafondo, es la incógnita. Los que lograron un temprano 100km y terminaron por irse a casa desconocen qué hay más allá. Pues no hay nada. Después de la vuelta 83 viene la 84, el sueño, los ojos rojos y las rondas de café con artinatas y los bailes de la magnífica cuadra de avitualladores del club. Pero de la nada se pasa al nacimiento.

No es mística; el running es running (y walking, o plodding, o crawling) aquí y ahora y en cualquier lugar. Mas la aparición de las luces del día convierte las piernas en esponjas y dentro de uno se reinicia la vida. Permiteme que me explique: uno va jodido y le duelen n partes del pie y posiblemente el ano esté irritado por el rozamiento. Pero los ojos se van abriendo y huele de otra manera. No mirar al reloj es el truco. Llevas 18 horas en marcha -con sus dormiditas, conste- y por un momento no sientes nada. Echas un ojo al cielo tras 89, 102 o 185 kilómetros en tus piernas y un pensamiento acude a tu cabeza unas décimas de segundo: abrazar a ese cadáver que corretea o camina a tu lado y a quien llevas viendo desde el dia de antes.

Pensamiento que lleva a leer de nuevo el comienzo de esta entrada. Círculo cerrado. Pitido de la alfombrilla del chip. Otra vuelta. Nog een rondje.

DSC_9863

Coplilla de la bolsa del corredor.

In running on Mayo 9, 2009 at 6:25 am

Se me ha ocurrido así, a lo tonto.

Dos docenas de mujeres
y hombres desnudos pondría,
para que hicieran el amor.
(si yo tuviera poderes
es lo que metería
en la bolsa del corredor).

Prometo hacer un barrido con las mejores coplillas surgidas en el hilo de los amigos del foro de los paquetes. Hay auténticas genialidades escritas a sobaquillo -supongo- los días anteriores a Mapoma.

Pena

In running on Mayo 8, 2009 at 7:33 am

Ayer pasé la tarde con tres sirenas mientras el azul blanquecino de la tarde madrileña iba cambiando a un negro iluminado por la luna, dejando la plaza de Olavide llena de banderitas humanas pinchadas por los generales de la vida. La plaza era un mapa estratégico donde los alfileres se claveteaban a las sillas de las terrazas, amarillo, rojo, los dos colores de ejércitos avanzando y en retirada. Dos de las sirenas me daban luego, ya en casa, una pena sentida y amorosa. Suzie, mi colega de cañeo, es (aprovecho para describirla por si pudiera ayudar a entender algo) una altísima y finísima figura sacada de un cuadro de El Greco. Su Orgaz no viene de un entierro sino de un padre que le enseñó a tirar adelante; es guapa y airosa como un estandarte colgado en lo más alto y anda pidiéndose comprensión, una nueva vida tras la ruptura de la suya, de su vida, y se apena porque cumple y cumple y se dice descolgada. Es la compañera que todo bicho buscaría, me decía luego mi tercera sirena, la que deja que le acaricie mientras nos abandonamos en el sofá. Pero los tios somos imbéciles y nos gustan cosas como la play, correr maratones y los ordenadores.

Elena es mi otra sirena partenaire de cañas, muy castellana y casi transparente, coronada por el pelo más negro de León. Se mete hacia dentro de sí y ha comenzado a verse también mayor. Otro ejemplo de nobleza cristalina que resiste la entrada de los días de pareja, y que ayer sonreía hacia fuera mientras desde fuera sólo entraba un sofocante comienzo de Mayo, de otro Mayo que pasa. Y conversábamos sobre tener hijos o sobre tener pareja. La pena se deslizaba por los dedos que recogían la copa. Hacían reflexiones sobre soledad, corresponsabilidad, amigas que se han convertido a los 35 en madres solteras, y yo pensaba que algo faltaba en el diseño del ser humano: la posibilidad de multiplicarnos en varias personas y quererlas a las dos, llevarlas a cenar, sacar las risas a correr por Sultanahmet o por el Brouwersgracht o dar cinco vueltas al lago del Retiro, paseando las ganas de vivir en pareja.

Como me decía mi sirena después, mientras mis dedos acariciaban su pecho alrededor de los tirantes de franela fucsia, triste que tengamos una vida y la malgastemos así esperando -añado yo- que un gilipollas se dé cuenta de dónde están las mujeres por las que merece la pena romper con la wii, con el Madrid y con los amigotes.

Una de rape y patatas

In running on Mayo 7, 2009 at 8:25 pm

Anteanoche las prisas me hicieron tirar de imaginación. Apunten: Patatas con colas de rape al azafrán.

Ingredientes: una cebolla, 5 patatas, 4 colas de rape, azafrán, guisantes de lata, dos pimientos italianos verdes, medio litro de caldo de verdura.

Olla. Media cebolla y dos pimientos verdes a sofreir y 4 colas de rape (congeladas, a medio descongelar, qué se yo, me las traían los del reparto a domicilio). Se le va dando una vuelta mientras pelamos 5 patatas que troceamos y todo al retortero. 1/2 litro de caldo de verdura y cerramos. Lo dejamos lo justo (5 minutos de olla pitando en este caso) y abrimos.

Pasamos patatas y caldo a una cazuela de tapa de cristal, añadiendo hebras de azafrán y media lata de guisantes (y corregimos sal y hierbas si hiciera falta). Migamos el rape, para quitar espinas y demas, echando todo para el hervor final, y a correr. Que es de cobardes, como bien sabemos.

Por cierto, anoche empezó (creo) en la 2 la serie de programas sobre Ferran Adriá y el Bulli. Y toda la gente alrededor, los que han salido o pasado por ahí, colegas de profesión, críticos comerabos o no, etc. Impresionantes las fotos de NATURA, los postres de Albert Adriá. Que, por cierto, se acaba de presentar y que ha creado estupendas imágenes como la que he guindao de El País de las globalizaciones.

In da organisation

In running on Mayo 7, 2009 at 6:40 am

Todo el mundo debería embarcarse, al menos una vez, en organizar algo. Un cóctel, una carrera, una boda o una revolución socialista. Curte y te pone por unos momentos en la otra cara del meollo. Estoy ahora metido en los berenjenales previos a Las 24, esa prueba rebautizada por los chicos y por mi mujer como la ‘carrera del hámster’. Hacía tiempo dedicaba semanas a preparar aquella otra joya del trail, los castillos de Avila extintos. Idas y venidas, material, promoción, la web, las inscripciones, la concejalía, la logística, los voluntarios (esos voluntarios).

Que si el tiempo previsto, si la llamada del boss para cuadrar los dorsales y los pagos, si el email de un participante que no se encuentra o que pide ser relevado por otro amigo, te hacen descubrir cuánto hay detrás de un domingo de carreras. No vamos a ponernos mártires, no son meses de sudores y noches sin dormir. Hay mucho de placer y de alegría de ver a los amigos quedar y hablar sobre tu evento. Mientras tanto, van corriendo los días, ellos siguen contando qué harán para entrenar y para disfrutar como clientes y tu tienes que descontar esos días para que nada quede al azar. Y, si queda, que no se note.

Ya digo, recomendable, al menos una vez.

Días de poco

In running on Mayo 5, 2009 at 7:39 am

Entre unos y otros fines de semana, con la llegada de las buenas temperaturas, se multiplican las ganas de salir a la calle, comprar, paseos, etc. Esto redunda en lo que uno se imagina, marginar el correr a horas más raras o -directamente- suprimir los trotecillos. Nos convertimos en corredores de fin de semana, aspirantes a ultrafondista o animales paseantes en bermudas. Llega el calor.

Este fin de semana pasado he salido entre bosques y rastrojos de la Tierra de Campos palentina, soltando las piernas tras el maratón de Madrid y haciendo hueco a los haces y manojos de tendones y músculos por sendas y cuestas como la que alberga el castillo de Saldaña: llegan Las 24, luego vendrá el final de Mayo y hará más calor y luego habrá que salir a por los 100/24. ¿Nos dejamos ir?, ¿enderezamos la cosa un poco como un último estertor preveraniego?.

 

Menos mal que siempre queda aconsejar y organizar a inseguros y novatos. Es un mundillo en el que nunca se está de más.