Otra vuelta de tuerca al aburrido mundo del corredor

Archivo de Julio 2009

Nike pide a los USA cambio de política en Honduras

In running on Julio 30, 2009 at 12:36 pm

[Nota: echaréis de menos la bandera falsa que encabezaba esto; la he machacado]
Tal cual uno lo lee, piensa de inmediato si será una de esas envenenadas soflamas de los medios alternativos contra la explotación o similares torpedos que circulan por internet. Y una mierda. Es una carta. De Nike. A Hillary Clinton. Puede un gobierno cambiar su política exterior en caso de conflicto armado por los intereseres particulares de una empresa? El conglomerado de empresas que forman Nike+Adidas+GAP+Knights Apparel piensan que sí. Que es deber de proteger los intereses empresariales estadounidenses y -por extensión- de todo el planeta, por encima de las consecuencias que sean deseables para los países implicados en el asunto Zelaya, los cambios de poder en Honduras, la pobreza estructural…

A muchos la respuesta les parecerá una obviedad, claro. Pero en ocasiones hay que abrir los ojos por si las buenas intenciones o las ideologías no nos dejan ver. Pego la carta que aparece en Nike.com enviada a Hillary Clinton sobre la política en Honduras y sus intereses particulares. Los hilos del poder son a veces tan transparentes que se nos escapan. Pero muchas veces el uso de los zapatazos en la mesa es notable. Con dos cojones la gente de Oregon: convertimos una consecuencia más de la deslocalización del proceso productivo del capitalismo global, en geoestrategia y política exterior. ¿Habrán hecho lo mismo los productores de plátanos, de caña, etc?

July 27, 2009
The Honorable Hillary R. Clinton
Secretary of State
2201 C St NW
Washington, DC 20520

Dear Secretary Clinton:
As companies that have products made in Honduras, we are deeply concerned about recent events in that country. We understand that serious disagreements exist between the elected President, Congress and the Supreme Court, but these should be resolved through peaceful, democratic dialogue, rather than through military action.
While we do not and will not support or endorse the position of any party in this internal dispute, we feel it is necessary in this case to join with the President of the United States, the governments of countries throughout the Americas, the Organization of American States, the UN General Assembly and the European Union in calling for the restoration of democracy in Honduras.
We are also very concerned about the continuation of violence if this dispute is not resolved immediately, and with restrictions on civil liberties under the July 1 Emergency Decree. We urge for an immediate resolution to the crisis and that civil liberties, including freedom of the press, freedom of speech, freedom of movement, freedom of assembly, and freedom of association be fully respected.
We welcome the participation of the contending parties in mediation talks and are hopeful they will achieve a prompt and just solution to all issues in dispute.

Sincerely,
NIKE, Inc. The adidas Group Gap Inc. Knights Apparel

Copy: Assistant Secretary of State Thomas Shannon
OAS Secretary General Jose Miguel Insulza

Moza, lee

In running on Julio 29, 2009 at 4:18 pm

Lee y aprende. La verdad es que uno no sabe por dónde le van a superar. Años intentando sacar punta a chorradas y convertirlas en imbecilidades editoriales para las ediciones de Cibercerdo (la revista electrónica que da calambre), y la realidad se encarga de mandarnos el siguiente mensaje: cualquier cabeza está diseñada para encontrar sentido a las sandeces de mayor cilindrada.

Chica, mujer, esposa, novia, directora de agencia de viajes, letrada, actriz o camarera. La extrema derecha que aglutina los votos de tus vecinos, de tu familia, quizá los tuyos, bajo la forma de ese partido de centroderecha llamado PP, y de quien posiblemente hayas discutido en la frutería, en la oficina o en el césped de la piscina de verano, ha lanzado un estupendo decálogo cristiano para que la mujer vaya encontrando un sentido, una guia cristiana a su vivir.

Si, después de esto, tu novio o marido o compañero de trabajo te torea, encarga tareas estúpidas o denigrantes, te manosea o deja que recojas toda la mierda de casa, que sepas que ahora ya cuenta con un respaldo teórico. Tu marido o novio será un cacho de cabrón, eso si, pero con un background absolutamente mainstream. Lo manda la Obra de Dios. El Opus Dei ha montado una web pero que muy moderna, donde ahora puedes aprender sobre este proyecto GENIAL.

Ojo, que lo avisan: Detrás de cada mujer, de su íntima relación con la vida, de su temprana responsabilidad y madurez, de su sensibilidad para lo ajeno y de su ilimitada capacidad de dar, hay un algo GENIAL a explorar y potenciar. GENIA es una mirada atenta y expectante sobre el Genio de la mujer. Y una seria apuesta educativa por desarrollarlo. Es una de las más completas y repugnantes introducciones manipulando el lenguaje y aplicándolo al servilismo doméstico.

Esposa mía (que sé que me lees). Te lo voy a enseñar esta tarde cuando lleguemos a casa. Te vas a enterar.

Temas con especiales posibilidades: ¿Cómo saludar y presentarse a los demás?. Conservación y mantenimiento de la casa II: paso la mopa o barro, ¿por qué me decido? En un plis plás: La limpieza del calzado. Conservación y mantenimiento de la casa III: En qué detalles me fijo para dejar bien una habitación. Cómo hacer una cama sin arrugas. Comportamiento en lugares públicos I: En la calle y esperando turno en una fila. Cocina artística 1. Mantener ordenado el armario. El cuidado de los niños. ¿Cómo utilizar un diccionario? ¿Cómo causar buena impresión? ¿Como cocer la pasta? Las posturas. Ambientación de un hogar: Ventilación, iluminación y organización.

¡Es brutal! Te lo juro, mujer. Me gustaría haber utilizado este material para elaborar una parodia de los usos y costumbres de la madre tradicional. Pero se me han adelantado. No me las estoy inventando. Pincha, pincha y haz scroll para arriba y para abajo. Según estos señores hemos estado perdiendo el tiempo enseñándoos que tenéis derecho a exigir a vuestro marido que haga las camas, o que vuestros hijos meen dentro de la taza del water, sueldos iguales para vosotras, etc.

Y recuerda quiénes son. Lo mismo te encuentras alguno de sus nombres cuando vayas a depositar su papeleta en los próximos comicios electorales. Sobre todo en las circunscripciones electorales de Granada, Jaén y Málaga, donde se desarrolla este pedazo de proyecto.

De correr… ya hablaré otro día. Total, no dicen nada sobre que tengamos que manteneros al día sobre nuestras agendas privadas.

Corredor atropellado en Galicia

In running on Julio 28, 2009 at 11:34 am

El sábado moría Guillermo, un corredor de Villagarcía de Arosa, tras pelear en coma durante días al haber sido asesinado por una imbécil que iba haciendo el macarra por las carreteras donde hay un 50 como límite de velocidad. Cuentan que el corredor iba por una acera muy frecuentada en el entorno de los caminantes y corredores de Villagarcía, donde el año pasado hubo ¡40 atropellos y 4 muertos! por causa de exceso de velocidad. La conductora, la niñata rica e hija de puta que iba avasallando -según testigos- a más de 100km/h y adelantando a varios coches y que había sido vista haciendo trompos con otras 3 amiguitas dentro del coche, embistió al corredor al salirse y lo arrastró frenando durante más de 40 metros, llevándose por delante dos árboles y partiendo una farola.

Falta de educación, temeridad como premio, unos puntitos menos como castigo, fuerzas y cuerpos de seguridad local destinados a escoltas y pariditas institucionales en lugar de detener a estos/as valientes del volante, zonas donde la droga y el borreguismo campan a sus anchas, la televisión y la mierda llenando como ejemplo nuestras tardes y noches, el espíritu pro-deportes de motor de un país lleno de subnormales… ¿Cómo vamos a llegar a los niveles de algunos ejemplos europeos donde en las áreas urbanas, sencillamente, NO se puede ir rápido con el coche? Ni badenes ni rasantes ni zonas de compatibilidad con el peatón ni hostias. España es aún un dominio tercermundista donde tener un coche que berree es divertido (cuando es potencialmente una máquina de asesinar), donde en el parque te cuentan los detalles de la carrerita de Formula 1 en vez de preguntarse por qué sus hijos son analfabetos funcionales o no han visto en su vida una mediateca, o donde uno de los más preocupantes indicadores de la crisis es el número de coches matriculados en lugar de volver a la bicicleta para ir al trabajo.

España, por esta y por otras muchas razones, sigue siendo un sumidero moral. Pero ésta nos duele más. Han matado a Guillermo cuando hacía deporte sin molestar a nadie, ni contaminar, ni hacer ruido.

El ‘mantequilla’ y el ‘delgaíno’

In running on Julio 26, 2009 at 9:05 am

Mira esto doo, que vienen dasel deporte. Niño, ¿te gustan los parfumee?

Así, con este deje gitano, una desequilibrada nos saludaba cruzando por Alcobendas a Pablo y a mí, camino de casa. Pretendía vendernos perfume o vaya usted a saber qué, con esta oleada de cosas que pasan por la calle.

- Deja, que vengo oliendo yo como para perfumes.
- Po pa cuando te duche, que te des en las piernas, que está más güeno que la mantequilla, con ese culito

Sí, el culito lo tenía yo fino. Cuatro horas antes salíamos mr steeplechaser y yo de Puente Real, coordenadas 40.7360 N y 3.7484W y mocos como para llenar dos bolsas de caracoles. Nos encaramamos al Cerro de San Pedro (1,430m) y metimos las zapatillas por una senda SE por reflotar, donde nadie salió herido, y luego encaminarnos por cañadas hacia las zonas de Moncalvillo y Pedrezuela.

Hicimos de todo a buen ritmo (para mí, claro), vimos correr manadas de vaquillas y reses bravas, perdices, conejos, y llegamos sin perdernos a Montenebro/Corepo: 16km para el cuerpo. Merodeamos por las pistas del CYII intentando encontrar una nueva bajada al cañón de Guadalix y ahí empecé a sentirme acalambrado y con la garganta totalmente reseca e irritada. Malditos mocos, no me los quito de encima. La temperatura subía y tras un par de todorectos para salir de los encinares y del río, surgimos cual fénixes a esa fabulosa senda; 22km.

Tras un rato de constantes calambres (a pesar de haberme ventilado en unas 2h45 los dos litros de bebida) y un cuerpo de órdago, Pablo pronunció las palabras. Que si nos veíamos mal, mal, siempre están los autobuses. Y así fue, a las 10.45 hacíamos parada definitiva en San Agustín de Guadalix, 30km, cervezona, y bus hasta casa, a Alcobendas, para tomar el coche y llevarle a su punto de origen. Como dice mi santa, últimamente estoy cogiendo gusto a pinchar en las salidas de larga distancia. ¿Me estaré haciendo mayor?

Ay, noo, prenda, que el delgaíno tiene mejor cuerpo que tú

A la desequilibrada le molaban más los muslos rasurados de un delgaíno. Si es que me ocurre siempre que me junto con atletas de elite, se llevan las atenciones de todas las mozas. Tendré que apuntarme a bodypump.

En la foto, Lance Armstrong, que envió un doble a correr el Tour mientras que él se hacía fotos en lo alto del cerro.

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Superado

In running on Julio 24, 2009 at 7:42 am

En este momento me acuerdo de algunas palabras escritas sobre mi facilidad para enredar al personal, tras iniciar en el ultrafondo a amiguetes y conocidos que ahora se ríen. “Sí, te descuidas y acabarás haciendo los 50 de Vallecas o las 24h de Torrejón”, ríen. Ayer Locomotoro mencionaba que ya había liado yo a otro. A Pablo Vega. Y yo me troncho en seis partes.

Mañana el mencionado steeplechaser y servilleta retomaremos un propósito que hicimos hará unos meses. De tu casa a la mía, o como saliera. Y, como es, o ha sido, idea más suya que mía, me río yo ahora y me veo mirando los pronósticos del tiempo y las rutas a seguir y los parciales y totales que van saliendo. Me veo superado. Mira que tenemos temas pendientes de los que hablar; Pablo y yo quedamos para charlar de año en año, y no será por cosas que contarnos. Como esta vez superaremos de largo los 42km en un recorrido desde el entorno del Cerro de San Pedro hasta el corredor de la N-I, pasando por el cañón de Guadalix, Viñuelas, y demás, tiempo, todo el del mundo.

Otra cosa es qué hacer con un tipo que hace miles a 2.40. Minutos. Con esta gente la cosa se mide en minutos y segundos, no en horas y medias horas como nosotros. De fondo me posee un agradable pavor a ser ‘el lento’ de la expedición. El resultado del duelo al sol solazo, mañana. Ya puedo cargar la mochila de gasolina.

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[BlogRun09] 2009: más herramientas, menos tiempo

In running on Julio 23, 2009 at 12:01 am

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Hará un cerro de meses y de entradas (en los blogs deberíamos redefinir el tiempo, ¿no?) nos metimos a discutir durante 24 horas en línea y sin interrupción la situación de los blogs de nuestro mundito de corredores. Desde aquel momento han nacido facebook, se ha desarrollado twitter, tenemos strands, myspace y redes sociales que están dando más variedad y un nuevo aire a dónde colocamos nuestras vivencias en la red… pues abrimos “Blogs en 2009: más herramientas, menos tiempo”. Permanecerá abierta durante 48 horas y no se actualizará hasta la hora de cerrar unas conclusiones.

¿Veis que el tiempo de colocar contenidos en la red se acaba?

¿Preferís alternar un sitio para diario y grupo de amigos, y otro para guardar reflexiones?

¿Es más ágil una red que un blog?

FECHA: 23 y 24 de Julio. Desde las 00:00h.

Se llama Joachim Rienhardt

In running on Julio 22, 2009 at 6:42 am

El viejo Joachim. Amsterdam, 2001. Son los primeros coletazos del espermatozoide que nos comunicaría por esos conductos que ahora son uso masivo entre la gente. Me llega un correo electrónico, a raiz de estar trasteando en runtheplanet.com y colaborando con algunas traducciones de las incipientes webs de corredores (a veces pienso que ahora estaría yo como dueño de algún sarao de estos por los que perdéis vuestro tiempo). Un tal Joachim Rienhardt, periodista de la afamadísima revista Stern, busca alguien para salir a corretear por la ciudad de los canales. Ahora ha pasado el tiempo y le busco en los facebook o linkedin. No tengo suerte, pero le encuentro en un enlace entrevistando para la misma revista a un guru alemán del fitness.

Ay, el guru. Un alemán de 65 años, Ulrich Strunz, nos unió al viejo Joachim y a mí. El payo, me refiero al artista que se está convirtiendo en multimillonario gracias a las dietas y a las ansias de recuperación alimentaria de un país (la grossdeutschland) que reparte raciones a ratio 1.6, había sido entrevistado por Rienhardt para la revista. Éste había elaborado una conocida entrevista en la que el protagonsita, al estilo de Oprah Winfrey y tantos otros famosos que han descubierto el running, cuenta sus inicios y cambios cósmicos.

Y Joachim viene a pasar un par de días a Amsterdam con el objetivo de escribir un capítulo de una guía para correr por todo el planeta. Con un fotógrafo macizo nos tomamos cervecitas en Vondelpark, les llevo a correr por la Schellingwouderoute, cruzamos el Ij en barcaza y trotamos por Vondelpark, lo típico, recorridos enseñables que a amigos como Sergio le sonarán a gloria. Joachim habla bastante español, está especializado en Latinoamérica y además es un hamburgués encantador con dos chavalillos y una mujer simpatiquísima. Y debía figurar como autor, creía yo, de Laufen um die Welt. Pero no lo hace porque todo es un montaje del guru Strunz; Joachim está haciendo de negro y escribirá a sueldo para que el otro engorde su librería y su incipiente tienda online. 

Hombre, no digo yo que una obra como Laufen um die Welt no haya cumplido una función social, además de contribuir a ganar pasta al guru. Pero el capítulo de Amsterdam y otros tantos son obra de esta especie de Manolo Saco alemán al que le gusta corretear y que un día me acogió en su casa de Hamburgo y -conste- se rajó y no quiso venir a correr por el Außenalster.

Además me hizo una foto que un día colgaré por aquí. Es la mejor foto que me han hecho como corredor, estoy de anuncio de qué se yo.

NOTA. El Jueves y viernes 23 y 24 de Julio tendremos una sesión abierta de debate, el llamado BlogRun09. Los sesudos hilos permanecerán en el fuego hasta la noche del 24.

Ablashdemosh al ddiaflo

In running on Julio 21, 2009 at 6:51 am

Sólo con la sangre llena de dyc con cocacola se pueden hilvanar tantas sandeces juntas y con tanto convencimiento. Yo creía que en España contábamos con el mayor índice de fanatismo religioso analfabeto. Pues leo en el periódico deportivosocial AS que la mushasha de Kaká, el futbolista del Real Madrid, es pastora (¿pastoresa, pastriz?) evangélica y se la ve muy suelta con el pastoreo micrófono en mano. Ah, Brasil, carnaval, libertad, buen tiempo, sectas. La mujer, de la secta/religión “Renascer”, en un vídeo que circula por la red, anima a que “Mientras papá marca goles, nosotros vamos a aplastar la cabeza del diablo“. No es mal entretenimiento mientras papi se levanta 7 millones en publicidad o da pataditas al balón (¿os tengo que recordar que este es un blog deportivo?), también declara que “la adolescencia en el mundo es sólo prostitución, fumar, beber y drogarse”. Bueno, en esto quizá tenga razón. Lo que ocurre es que a muchos nos han dejado solo lo de beber.

Según la nota de AS.com, respecto al fichaje de Kaká por el Madrid, clama: “En tiempos de crisis el dinero debe estar en algún lugar y Dios lo puso en las manos del Real Madrid para contratar a Kaká”. El dinero ahora pasará de mano en mano y de alma en alma para aterrizar, probablemente, en la secta. Los dos fundadores de Renascer, Sonia Estevam Hernandes y su esposo fueron detenidos en 2007 en los Estados Unidos acusados de exportación ilegal de moneda, y se encuentran en búsqueda en Brasil por evasión fiscal. La Prensa de Brasil asegura que su patrimonio supera los 12 millones de dólares e incluye varias casas de lujo dentro y fuera del país, siempre según el afamado diario deportivo de la tia en bolas de la última página.

Por cierto, ayer me encontré a Guille Yerbajo en el Juan Carlos I. Otro que está preparando otra barbaridad. Para 2009 el Gran Raid desPyrinées, y para 2010 el Ultra Trail del Mont Blanc. Curioso lo canijo que es el villorrio madrileño. No, esto no tiene nada que ver con lo de los demonios y los fanatismos. Es por introducir algo de sudorcillo entre tanto post sobre colgaos.

Lógico, humano, ético y moral

In running on Julio 20, 2009 at 1:17 pm

“Escúchame Susi” – repetía por quinta vez a su acompañante. El tipo, qué decir de él, se le veía en apuros. Aquello tenía toda la pinta o de un lío descubierto o de un reproche o de, como pude entender después, un encuentro de ex-parejas en terreno neutral. El territorio del encuentro era algo tan lindo como la terraza de un Burger King. Con todo el mundo haciendo como que ingeríamos y deglutíamos, pero -salvo sordos declarados- con los aparatos receptores puestos. “Escúchame pero no te lances por que al final esto tiene que quedar entre adultos”. Línea. Era una discusión sentimental en toda regla.

“Escucha, Pablo”. Ahora cargaba la cabeza contra su mano derecha, acodado en esas mesas de aluminio bruñido que tienen los restaurantes de comida rápida, donde se esparcen los restos de un diverking y las manchas de ketchup de Heinz, mientras le interrumpía Pablo. Pablo debe tener unos 13 años y ya se entera de todo. De ahí venía lo de que la discusión quedara entre adultos. Pablo tiene un hermano más pequeño que pregunta sobre alguna chorrada. Pero el hijo aludido escucha y responde: “para discutir os vais a casa, no aquí”. El triángulo familiar roto en una terraza a media tarde en un centro comercial de zona de oficinas de lujo. Podría ser un perfecto arranque para una novela por capítulos que pudiera ser distribuida a los colegios, subvencionada por la consejería de educación para exhibir a los chicos. Diez títulos posibles por los que no cobraré derechos de autor, sea esta la contribución espanjaardiana a la sociología educativa de la periferia norte de Madrid.

- Decálogo de un padre al que largaron de casa.
- Los cuatro puntos de una familia con dolor de cabeza.
- Me echaste por una injusticia. Educación para la Ciudadanía.
- Papá, te echaron por listo. Relatos para sobremesas.
- Herramientas conductuales para ligar (I). El tonillo y la expresión verbal.
- Herramientas conductuales para ligar (y II). Expresión no verbal. Gomina, polo y móvil zumbando.
- Escucha te lo pido por favor que tengo prisa. Libro de Actividades. Taller de Adultos.

Decía el vituperado rubio con un tono y un largar cansino y ligón que era lógico, que era humano, que era ético y que era moral. Da náuseas el modismo de repetir fragmentos de proposiciones para enfatizar el mensaje (anáfora); es uno de los parches más baratos del lenguaje y de ello está el arco parlamentario lleno. Pero ha calado. Mientras iba dando la extremaunción a un big king XXL me figuraba al rubio camelándose a la Susi con estupendas combinaciones de cosas vacías. Así enredó a la rubia a casarse con él, previo paso por el revolcón en el chaletito, tuvieron a Pablo y a Tobías o como coños se llamara el segundo, el de las preguntas chorras sobre la mostaza y las patatas. Del mismo modo lió cuando le pillaron un sms a una tal Caty. Pero ya, con el segundo sms cariñoso extramatrimonial, ya no coló.

O eso o estaban hablando de Kant.

Se nubla y he decidido salir a trotar un rato para hacer la digestión. Ventajas de que el jefe de uno esté fuera.

Otra de periodistas

In running on Julio 18, 2009 at 7:29 pm

El País, diario líder global y en español y todo eso que ya sabemos. 20:02. Sofrito de la Agencia EFE. Nota sobre la etapa del Sabado del Tour de Francia. Tal cual:

A 70 km. de meta la ventaja de los fugados superaba los 14 minutos por lo que el norteamericano George Hincapie pasaba a ser el nuevo líder ya que se encontraba a 5:25 minutos. A partir de ahí los componentes del equipo Astana, que lideran el español Alberto Contador (vencedor en el 2007) y el estadounidense Lance Armstrong (ganador en siete ocasiones). Mañana, domingo, el Tour entra en contacto con los Alpes

A partir de aquí, ¿qué?. Los componentes del equipo tirarían, entrarían en acción. No puede ser que los lectores no estén enmendando los errores, pienso. Que no estén fusilando con vigilancia sabatina. Los lectores de las noticias de ciclismo no pueden ser tan garrulos como lo que hay por ahí. Lo mismo es que tarda en cargar una versión más reciente y hay que esperar. Nada. Ya empezamos con los becarios. Lo interesante es que, a pesar de cobrar por tener la edición impresa en pdf, en el diario El País se aprovechan de la inocencia del personal y te permiten corregirles errores; qué bueno, es el uso más perverso que conozco de la furia de ’ser útil’ online (hasta el Ministro Gabilondo declara que uno de sus entretenimientos era corregir errores de la wikipedia). Ved el formulario, qué bien camuflado está entre los símbolos de la modernidad, los feeds, facebook, etc. Qué interactividad. Qué cosa. Y habrá santos que piquen. ¡Jamás!, ¡que corra la infamia amarillenta como la pus rancia!

corregir

Como no quiero llenar de escombro el prestigio de tan insigne periódico (al menos cuando anuncian relojes de Cartier en sus dominicales no cometen estos errores), busco pistas en otros medios que cortan y pegan con destreza las notas de prensa que le cuestan su buen dinero. 20 Minutos; 20.14 del Sabado.

A partir de ahí los componentes del equipo Astana, que lideran el español Alberto Contador (vencedor en el 2007) y el estadounidense Lance Armstrong (ganador en siete ocasiones).
Este domingo, el Tour entra en contacto con…

Mierda. Sigo sin saber en qué emplearon sus energias. ¿Hicieron una paella? Veo con ánimos encendidos que el problema está en el origen. La agencia de prensa ha emitido una birria de nota y en dos medios de comunicación no han detectado que faltan palabras. El calor, sin duda. Porque no empecemos de nuevo a dudar de la capacidad de los becarios. No me jodáis. Bastante hemos tenido con la enfermera del Marañón y el niño magrebí muerto. Espero verlo corregido en un periódico donde prima la investigación y el rigor que s director denunció hace tiempo en su “Yo Acuso”, o sea El Mundo. Sección deportiva.

El Astana hizo su trabajo del día. Redujo la ventaja del viejo amigo de Lance a ocho minutos. Lo dejaba de líder virtual, pero con una ventaja razonable. Y le pasaba la pelota al Ag2r, que pretendía eludir su responsabilidad con la excusa de que en la fuga iba uno de los suyos, el campeón de Irlanda, Nicolas Roche, estirpe de campeón.

Material propio. ¿Ves como no era tan complejo esperar a que el especialista tuviera quince minutos para elaborar su nota partir de la información de agencia?. Si total, estáis retransmitiendo en directo. Id haciéndolo a medida que pasan los minutos. Lo chocante es que AS ha elaborado una nota completísima con el mismo epígrafe y dejando EFE como autora del texto. Ya no hay un dios que entienda cómo lo hacéis.

Ah, gracias, Fernando Llamas.

Mañana, sierra

In running on Julio 18, 2009 at 6:32 pm

Aviso por si alguno de los lectores de la zona de Madrid o alrededores quiere asomarse a un trotecillo mañana Domingo. En la puerta del polideportivo de Cercedilla (el Fdez. Ochoa), a las 7.30 saldremos pitando monte arriba para un probable recorrido circular de unas 3 horas. Por buenas sombras, en gran parte.

La previsión es de Cercedilla, subir por el recorrido del Maratón Alpino Madrileño, por la senda del Calvario, coronar Navacerrada (1810m) y torcer hacia la senda Schmidt, comprobar cómo la están convirtiendo en una pista de aviones, para rondar siempre sus 1700m de altitud y salir a la senda de los Cospes para la Fuenfría (1780m), regresando todo tieso por la denominada calzada romana hasta las Dehesas y Cercedilla. La cosa debe andar por los 20 o 21km. Esperaremos a los más lentos.

Ya lo sabéis.

circu

Lo de siempre

In running on Julio 17, 2009 at 7:07 am

Se trata de una eterna atracción. Conozco pocos corredores a quienes no les tire la literatura o el periodismo de las dos ruedas, la épica ciclista. Las retransmisiones o charlas sobre vueltas, tours o giros han sido siempre comidilla en los rodajes. Las comparativas entre los dos deportes más duros, a ver quién sufre más o tiene más mérito, incluso la evaluación entre si ‘Indurain podría correr un maratón o Armstrong ha hecho 3 horas’ frente a ‘Fiz monta en bici con Escartín y hacen la Quebrantahuesos’. Es una maldición permanente. Amarse hasta liarse con probar y volver a probar, como cuando Fernando, Paco el eléctrico y yo salíamos a completar vueltas en bici de montaña por senderos homicidas.

Y ayer me regalaban mis contactos en la embajada de los Países Bajos un librito de relatos cortos llamado ‘Mi Querida Bicicleta’. Lo había visto la semana pasada en la Casa del Libro como regalo promocional si comprabas un libro de ocio o deportes. Editado por el maestro de El Pais Carlos Arribas (de nuevo aclaro, no tenemos nada que ver) y Bert Wagendorp (columnista de Volkskrant). Haceos con él y compraos cualquier guía de turismo. O, si dejáis pasar un tiempo podéis escribir un email a la Embajada por si les ha sobrado algún ejemplar.

bici

Os adelanto que los primeros relatos se parecen mucho a las cosas que uno lee y escribe en estos blogs de deportistas. Si os podéis hacer con un ejemplar -siempre podemos pasárnoslo, este que tengo entre manos- veréis que las cosas que cuentan Erik Brower, Peter Winnen o Bernardo Atxaga, las columnas de Pedro Horrillo (hoy corresponsal para el Tour) o Thijs Zonneveld son el recuento de lugares, de cuestas, de personajes históricos y de héroes diarios de una tendencia a esconderse, secos labradores del sudor y del esfuerzo.

A las esposas y compañeros de runners que muchas veces os reís de éstos: si les véis enfrascados en un librito 13×12 de color verde horroroso tono ‘pared de hospital’, entended que uno se entretiene con menudencias. No damos para más. Quizá por eso escogimos lo de correr a lo tonto: es como montar en bici (a lo tonto) y llegar a casa empapado.

Calorina (de Mónaco)

In running on Julio 16, 2009 at 3:13 pm

Recurrente tema. ¿Cómo va a hacer si estamos en lo más florido de Julio? Pues nada, por un peiyó que yacía en revisión en un taller mecánico a -milagro- distancia corrible desde mi oficina. Unos 11 kilómetros por medir. Mochila mecagondiosaz con 3/4 de litro de agua fria, sin camiseta y pelambrera al viento y pantalón corto. De esa guisa y a las 6 de la tarde, con temperatura declarada de 36º, me fuí al trote por los arcenes y aceras de la zona industrial y la T-4 de Barajas.

Hombre, curte. Pero no es recomendable. Lo que pasa es que uno ya está hecho a casi todo y estas migajas de entrenamiento le saben a gloria.

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Seríamos portada en cualquier medio

In running on Julio 14, 2009 at 6:38 am

Aquí, con un amigo. Camino de las 3 horas por los senderos y pistas de Colmenar Viejo en los pasados 100km24h. Y si hubieramos llevado el dorsal delante, más que probablemente éramos portada de este mes en la revista corricolari. Pero qué requetebien plantados, qué buen encuadre y qué iluminación más desértica, colores neutros, etc. Y cómo dejamos caer el peso sobre las rodillas; en vez de correr impulsando, corremos como galápagos. El Antonio dice luego que:

Lo de las piernas y las rodillas, es algo que no sabía ni me molestaba antes de ver los ‘putos videos’ de las llegadas o alguna foto que otra. Ahora me jode, pero tampoco se de que manera se puede corregir eso.

Ay, hijo, eso ya no se puede corregir, pasados los catorce.

Y yo leyéndome hasta la Caritas in Veritate

In running on Julio 13, 2009 at 2:24 pm

Bien, bien. Postpondré el par de fragmentos finales a la historia que os he ido desgranando. Va para lejos. Es una penita, para la muerta, para el autor y para la blogrunnersfera. Pero el ritmo constante y cansino de las estadísticas me viene chivando una cosa: si no se habla de carreritas, de sudadas mundiales, de metamorfosis a un cadáver épico, entráis la tercera parte de visitas.

¿Me obligo a llevar este blog al núcleo de lo que me da la gana? ¿Paso por el aro del diálogo, la risa, la continuidad interactiva? Leer duele, escuece, cuesta. En otros diálogos me dice Antoñito que vaya unas cosas que me meto entre pecho y espalda, todo porque reconozco haber pasado el ojo por las páginas publicadas en el diario La (Cer)Razón, atraído por lo que pudiera exponer el antiguo filonazi metido ahora a teólogo máximo de la iglesia católica. Sí, esa, la de la doble moral y loe negritos del Africa y los condones y los maricones sidosos, según ellos. Anteayer circulaba por la imprenta un documento que explica más y mejor que mil días de tertulia de la radio conservacionista (la que conserva las antiguallas mejor que el formol).

Pero eran así como 4 páginas. Y se leía bastante peor que la croniquilla sobre la etapa del Tour o las cositas de los chicos del tenis. De hecho daban constantes náuseas, pero había que embutirse la encíclica entera, la Caritas in Veritate que tenéis hasta en español y gratis, P2P (Papa to peer), para enterarse de cómo se sigue construyendo una realidad mundial y cómo se mueven los hilos ilógicos de la gran mentira de la Humanidad. Del mismo modo he ido regalando un pedazo de novelita, algo antiguo. Irregular, malo en algunos momentos. Pero que suponía más franqueza que mil entradas cagándome en la dorsalitis o mil chistes sobre promotores inmobiliarios.

Lo que ha pasado es que había que leer demasiado. Sois un signo más de vuestros tiempos.

Rembrandtpark… [sigue]

In running on Julio 13, 2009 at 3:43 am

El mendigo angloparlante al que todos llamaban La Gallina vivía, por temporadas, bien bajo un ala del puente añejo de Postjesweg sobre el parque, donde las noches de temporada de primavera-verano eran húmedas pero aireadas, bien en alguna casa de acogida en el centro donde el estado del bienestar daba mantas y sopa con tropezones a los dementes y alcohólicos con posibilidades de reinserción, o a antiguos aterrizados en la ciudad de los canales que perdieron la cabeza en las fiestas químicas de los ochenta.
Derrick era un pozo sin fondo y sin cuerda. En la profundidad de su mente de verano se apilaban cuentos que relataba a los otros solitarios de la ciudad, que contaba a turistas drogados en Vondelpark. Pero la cuerda por la que se podía rescatar a La Gallina de su aislamiento mental, de un trance psicotrópico en el que caía cuando iniciaba sus relatos breves, aquella cuerda se había podrido con la humedad de la ciudad, con el ácido de su saliva. Derrick caía al vacío mental de los budistas, de las viejas católicas que se elevan –dicen, ¿no?- centímetros de su reclinatorio al rezar el rosario, del que sólo su mecanismo de reloj interno le rescataba. Cuando pasé por su lado paré.
- Young man, han venido dos ambulancias esta tarde al parque, no, ayer – balbuceaba con un inglés podrido por la calle y las latas de cerveza de primera hora de la mañana – han puesto la manta de metal a una chica, lo he visto, joder, young man

Cuenta Derrick con frecuencia la historia de su llegada desde una isla antillana, puede ser, si fuera británico ni el alcohol ni las drogas le habrían arrancado el tableteo de su acento ametrallador, más aun se lo habrían acentuado hasta convertirlo en un Spitting Image de sienes desordenadas, tez roja y abrigo de espiga. Su relato arranca en una llamada de la salvaje Europa de finales de los setenta,donde el nihilismo y el punk etílico evocaban la necesidad vital de sangre y carne frescas en las aún aburridas ciudades del continente de las luces. Cuenta que tuvo que trabajar vendiendo baratijas a los turistas de Nassau, traficar con armas y finalmente matar a un hombre en su escalada por financiarse el billete de avión a Londres, para recaar finalmente en un ferry rodeado de enajenados viajantes del ácido. Tardara mucho o todavía más en reunir sus fondos en la antilla de su origen, homechicken Derrick vió pasar por delante de sus ojos el sepelio del punk y eligió las fiestas del LSD de Amsterdam frente a la sucia heroina. Discutirá contigo sobre si fue antes o después, si más mortal o menos e incluso sobre la variedad de drogas químicas que adornaban aquellas bacanales de individuos mutados en brazos y manos encadenadas bajo las luces y ruido de la Paradiso o de alguna nave industrial. Pero no podrás intentar arrancarle qué pasó después. En ese momento parará su breve relato semibiográfico, anegado por los bordes licuados de su cerebro que se han ido desbordando con mejores y peores etapas. Derrick ha sufrido estos deshielos con más o menos daño y en muchas ocasiones se le terminan los recursos pasando al delirio de cada una de las versiones. Es interesante, si un día te lo encuentras por Amsterdam (es un tipo agachado pero no deforme, va agitando una lata con unas monedas al son de calipso), por el cinturón de los nobles canales, Keizersgracht, Prinsengracht, Herengracht, maldiciendo las remesas de turistas o cantando nauseabundo y alegre a las hileras de japoneses, cerrando estos espontáneos baños de multitudes con el final de su relato.
- Dios sabe, oh sí, lo sabes, cabronazo, que me trajiste paz en el alma pero me jodiste el cerebro.

Derrick también cuenta a sus compañeros de batallón de pescadores en la esquina de Admiralengracht, a la vuelta de la esquina de mi casa, una historia terrible sobre los maltratos a los que es sometido por su casero. Esto le empuja a dormir en el tiempo más benévolo bajo las estrellas – ya ausentes, pongamos diez de cada quince días, ya escondidas tras las nubes- donde dos o tres miserables más sueñan con que son afortunados por conseguir una libertad en una ciudad de figuras de madera, y quizá tengan razón porque han conquistado una terraza con vistas a su dejadez lenta y orinada. Cuenta, o contaba en los días que salí antes para rascar el hielo de la cadena de mi bicicleta, a quien quería oirle, que en el refugio de Brouwersgracht dos monjas como bulldogs con sus manos metidas hacia dentro y una de ellas, al menos, con gafas metálicas, le tiraron sus ropas y su saco robado y gélido a la calle. El aislamiento de los viejos batalladores de las fiestas del ácido es mayor aún cuando lloriquean en momentos de lucidez. El penar de los alcohólicos de perfil bajo, de dos latas de Heineken a las que despunta la luz, en cambio, es más cordial y se limitan a molestar lo justo por los soportales de Kinkerstraat, mientras se montan los primeros puestos del mercado de diario de Ten Kate Markt. Cuando les puede cierta conciencia de marginado detienen todos sus historias y sus peleas y reconocen que necesitan un respiro de la ciudad que les ahoga; un trozo de cielo donde levantar metros y metros su nariz y tomar aire, abrir la garganta reseca y sacudirse el malditismo. Muchos sabemos que, además, no hay ningún albergue en Brouwersgracht. “Ellas me sacaron a patadas”, repite Derrick, en cuya memoria se mezclan otras expulsiones, “son como cuervos, ¿sabes?, entre dos te agarran y te tiran los trastos a un rincón y escarban para robarte”, insiste.

En mi cobarde reconocimiento del parque, paré bajo el puente donde recolocaba su vida, como si preparara una pira funeraria temporal, por si a Derrick le pillaba esa noche la muerte a la intemperie. Como el altar de todas las vigilias, para que nada quedara al azar en caso que un infarto cerebral o una paliza o agresiones de las frecuentes entre indigentes, le supusiera a nadie más trabajo que el de levantar un cadáver por quien nadie respondería. Derrick contaba (y al terminar siempre lloraba en búsqueda del reconocimiento de sus diversas almas vagando tras varias muertes en vidas anteriores, decía) cómo vivía allí para no molestar. Había encontrado refugio en las zonas verdes de la ciudad de los canales después de residir temporalmente en la cárcel y en un hospital y, contaba, no quería causar más preocupaciones como si una redención en las aceras le acercase a los corazones de quienes ofendió.
- ¿Qué quieres, young man? Ya te dije que pusieron una sábana de aluminio encima de la chica. La corredora. Les digo cuando pasan que tengan cuidado – se lanzaba nervioso hacia su versión mientras enrollaba nervioso un trapo gris deshilachado.
- ¿Corría sola?
- Hey, yo no la toqué. Sola, claro que corría sola, este parque sólo gusta a los solitarios. Amsterdam es un gran centro comercial rodeado de grandes aparcamientos de almas, man, el Señor sabe que yo soy incapaz de molestar, la ciudad está lleeeena de los que hacen el mal, por el día van todos al Barrio Rojo a acercarse y tentar a los japoneses, a los hooligans, young man, pero sal hacia el barrio, Satanás se lleva a la gente después de las cinco de la tarde y deja todo lleno de arena, de skunk liado por los mochileros que se tambalean después de dos días de movida, ¿sabes que puedes recoger hasta cien pavos del suelo si no hay otro cabrón que te lo quite o te peguen?; no, el Señor me guía y yo no tocaría a una joven que corre sola, hermano.

Aquel pobre tenía razón. A su manera, los mendigos y toxicómanos de la ciudad vagaban paralelos a la realidad. Para Derrick era Satanás, para los hijos de la emigración de los setenta y los ochenta era el guetto, para mí era encontrar un punto donde apoyarme y decidir qué hacer con mis próximos diez años, para una generación completa de jóvenes de toda Europa era transformar una energía enorme en una recompensa moral, en evitar la sensación de haber fracasado después de años en las universidades, aprender de grandes gurús oxidados que terminaban la clase levantándose la montura de sus gafas sobre el caballete de la nariz y conducían hasta pisos prohibidos para sus alumnos, se cambiaban el traje por unas bermudas mal escogidas y un polo Ralph Lauren para disfrutar de su jardín trasero; o cruzar Luchana y acercarse al VIPS a comprar el periódico y ojear una o dos guías de viaje contemplando ese decorado maravilloso de casas estrechas, canales, alimentar la ilusión urgente de hacer algo con unos estudios a punto de terminar. Abandonarlo todo o aprovechar una última bala en el tambor de la ruleta rusa de la juventud. Y ni siquiera éramos parte de la generación X; éramos sus hermanos mayores, a los que se cercenaba la posibilidad rebelde y obligaba a heredar, mejorada, la responsabilidad de sostener el país.
Demasiado jóvenes para competir y demasiado viejos para rebelarnos. Aún así, varios centenares convergimos en la ciudad donde Satanás se llevaba a los holandeses a casa y acababan de asesinar a Eva. Como telarañas aisladas que cuelgan de los esquinazos, vivimos el paso del milenio avistando desde lejos a nuestros semejantes, haciendo de la distancia un nudo en el estómago.

- Mira, se le cayó esto un poco más atrás – me tendió con su mano marrón amarillenta – te juro que no lo he leído, te lo doy porque te conozco, porque vienes a correr mucho por aquí, hermano… además no es bueno que a un mendigo le encuentren papeles.
- ¿Pasó por aquí, por delante tuyo?
- Pasaba sieeeeempre, man, entraba en el parque desde allí a la izquierda – dijo bajando la voz para que el eco del puente no desvelase más de lo que deseaba, y señalando hacia la comisaría de Surinameplein – tu entras por estas escaleras, ¿nunca la has visto?, parecía una bonita española, Señor. Qué raro que no la conocieras.

No, los españoles no nos conocemos. Nos sorprendemos constantemente pensando y actuando.

Rembrandtpark, Eva, miedo

In running on Julio 11, 2009 at 9:28 am

El parque permanecía vacío en su mayor parte y una zona acordonada con dos furgonetas blancas era la única señal del crimen. Se levantó un molesto viento de poniente que dibujó mil líneas en el estanque central, como si una mano pasara los cinco dedos haciendo un arco por el agua a un lado y a otro.

Atardecía en Amsterdam West y Carla y su amante follaban de pie en un oscuro pasillo de tonos curry, en el piso de arriba. El olor amarillo de todo Postjesweg provenía de 30 metros cuadrados de trastienda donde reposaban con sus orejas pegadas dos grandes cazuelas metálicas con restos de arroz con el que brindaban alegres las ratas del canal y alguna atrevida gaviota. De puertas adentro, Rashman mantenía ese desorden bajo control que tanto choca a los ordenados españoles, que apenas es perceptible para los estudiantes holandeses y los jóvenes marroquíes, turcos, antillanos y sus primos holandeses de primera generación pero todavía sin pulir en sustancia.
Rashman Kadjeh era el ilustre quinto hermano de un matrimonio venido en la década de los setenta a la Holanda que ofrecía andanadas de bienestar y subsidios a los habitantes de antiguas colonias. El pasado de la familia Kadjeh carecía de persecuciones políticas pero contaba con la habilidad mercantil innata de los comerciantes indonesios y, en dos años, habían adecentado los bajos del número 17; habían transformado una de esas casas de las ciudades holandesas que dormitaban tras los cristales tintados y la falta de luz, convirtiendo el ladrillo de la escuela de Amsterdam (el edificio estaba por catalogar aunque presentaba preciosos detalles de escultura de los años veinte) en una mano de pintura a rodillo que quería traer los colores de la bandera indonesia a cada una de las bandas horizontales del relieve de la fachada. A su manera, los Kadjeh habían interpretado el rojo, azul y amarillo convirtiendo los cercos del escaparate en un calafateado colorista. La puerta en la que colgaba la bandera iconoclasta del open/gesloten en un arco manierista rojizo, dejando la coronación luminosa a las maravillas del neón blanco. Desde lejos Jerryl’s existía, aromatizaba mis papeles, era visible en la distancia y en la cercanía, atravesaba las paredes de ladrillo y los suelos de madera de los bloques de la escuela de Berlage. Indonesisches afhalcentrum era el epitafio neerlandés que asesinaba la magia apostrófica de un nombre que sonaba a esmeralda, siempre decía el viejo Annand Kadjeh. En su filosofía de bata larga asiática, Annand sabía cuando adaptarse a la virtud comercial de lo nuevo.
- Alles goed? ¿Todo bien amigo?
- De puta madre, Annand – mentí. Giré sobre mi izquierda y me encaminé corriendo hacia Rembrantpark, desentumeciendo las piernas e intentando ordenar unos pensamientos que pugnaban por torturarme.
- Ahí lo tienes, al corredor – acerté a oirle hasta que una ráfaga de viento alejó de mi preocupado presente al viejo indonesio y su bata blanca hasta los pies y su pelo negro brillante y engrasado. El viento se llevaría el pasado inmediato con su olor a curry por el Kinkerbrug hacia la tienda de Irma la Douce, la fallida taberna española de Kinkerstraat y su precinto policial, hacia los bloques que clavaban el patrón edificado del siglo XIX. El futuro, ese incierto desmadre con prisas por agradarte o ahorcarte, olía a viento húmedo del oeste, del mar del Norte, del parque donde algunos coches de policía acordonaban un rincón y se arremolinaba un anfiteatro infantil de tarde de domingo.

Un semáforo, un timbrazo del 17 –en Amsterdam siguen empeñados en que reinen los tranvías- y veinte zancadas hasta las primeras hayas y olmos y otras veinte para bajar la rampa embaldosada a las esplanadas de inmaculado césped. Por un momento creí correr rodeado de espectros que tiraban de mi ropa hacia detrás. Conmigo venían mis miedos; ahora me arañaban y me susurraban calma, mejor, desentenderme y darme media vuelta. Al fin y al cabo qué pintaba yo metiendo las narices en un asunto que, de salpicarme, pondría a la policía en las puertas de mi casa de todos modos. Temí que las piernas les obedecieran. Mi cabeza se separó de mi cuerpo y se estiró hasta fundirse con el viento del oeste del parque. Pasó por encima del puente y voló hasta los cabellos rubios de los agentes de policía y los negros bucles de la chiquillería que sujetaba sus bicicletas, de los pañuelos en la cabeza de un grupo de jóvenes madres que decían algo en árabe hacia una manta extendida sobre la que gateaban tres bebés. Sobrevoló, casi chocó con ella, una sombra que también flotaba por encima de la hierba, una chica que miraba hacia detrás, asustada, perseguida o quizá interpelada por alguien desconocido, vestida con unas mallas y una camiseta deportiva. La sombra miraba con terror la zona en que se había ido definitivamente de su cuerpo. Giraste, Eva, tu vista hacia mí y no supe hacer otra cosa que cerrar los ojos.
- Te conozco. De una fiesta en la VU. O en casa de Joana

Ignoré a Eva queriendo que cambiase el viento y se la llevara. Pero no había curry en el ambiente. Solamente humedad.

- Mírame. ¿Qué me ha pasado?

Buscamos la respuesta en nuestros semejantes cuando lo propio se nos antoja imposible o cuando no podemos desentrañar lo obvio. La sombra de Eva no quería aceptar lo evidente de su muerte y sabía que sus ojos muertos no inspirarían compasión porque no lloraban. No podían convencer. Nos enseñaron que había resurrección. Ni almas. Nosotros luchábamos por creer lo contrario. Leímos en mil papeles sobre la gran mentira de la religión y sus mitos. Pertenecemos a una generación que quiso escapar por la tremenda de la rigidez de un pueblo castellano y sumiso, de educación infiltrada en los tuétanos del orden, la jerarquía, adobada con el pan eterno y el trabajo fijo. Rompimos empapándonos de cualquier cosa que apareciera publicada en aquellos cajones de madera que exponían los libreros en la Cuesta Moyano de Madrid. Cuanto más radical el título, más nos llamaba. El socialismo libertario, la crítica total, las andanadas de los comics del Víbora, El Jueves del antimilitarismo heroico. Obras viejas que se suponian descatalogadas en la España de los ochenta, fuera de vigencia en pleno desarrollo de un bienestar de universitarios, autovías y televisiones privadas. Pero empeñados en bebernos el pasado con hielo mientras atronaban The Ramones o nos arrimábamos al sexo a ritmo de Gabinete Caligari, no tuvimos compasión en defenestrar los muertos, los curas, el servicio militar y las escapatorias legales. ¿Cómo iba ahora a dejarme en manos de una sombra, de un fantasma de una chica que conocía por terceras personas? Eva iba a tener que manejarse sola.

- Mírame. ¿Qué me ha pasado? – se desvanecía insuficientemente.
- Qué te va a haber pasado… que se te lleva Amsterdam hacia sus tripas. Caerás como una lluvia espiritual en algún canal. Mientras llevan tu cuerpo a Madrid, tu esencia pasará a engrosar las filas de almas que hacen noche bajo los puentes de Centraal Station, verás a diario como se arrastran los vivos que con gusto os cambiarían el puesto, los heroinómanos desplazados y la media docena de chicas cadavéricas que mueren un poco cada día mirando al otro lado del Ij.
- Luis. Te llamas Luis. Ahora te recuerdo. Del piso de Isma. Eres el chico que corría maratón.
Pasados unos segundos no había nadie a quien mirar, real o evanescente. A mis espaldas seguía la actividad de investigación de los chicos de camisa blanca y pantalón azul marino y la luz se evadía por el poniente. Hasta los chiquillos dejaban de mostrar interés en aquella zona acordonada con cinta de plástico.

Mis pasos apresurados me devolvían a una esplanada de hierba festoneada por gotas de humedad que se acumulaban en la puntera de mis zapatillas. Todos decidíamos regresar después de esa mirada al balcón de la irrealidad; cada uno de los niños, de los corredores, los espectros y los policías que recogían metódicamente la cinta plástica y abrían los portones de sus coches, cada uno a sus solitarias tareas en una sociedad que los iba matando de angustia, silenciosa y anónimamente. Uno por uno. Al girar mi trote hacia la escuela primaria que cierra el parque por el borde de Postjesweg ví a uno de los muchos seres aislados por su propia locura. Derrick La Gallina recogía dos cartones de grandes dimensiones, parecía que había habido suerte en la puerta de alguna tienda de electrodomésticos, y se preparaba para arremolinarse una noche más bajo un recoveco benévolo de la ciudad.

Eva, sábana plateada

In running on Julio 10, 2009 at 6:15 am

- Tweede vermoorde lopster in Rembrandtpark. Serial killers in Amsterdam? –

De Telegraaf abría a dos columnas su edición en Internet con el titular de un “segundo caso de corredora asesinada en Rembrandtpark”, preguntándose sobre la existencia de un asesino en serie en la ciudad de los canales y de las drogas, de las bolsas de vivienda realquilada y de las bicicletas de MacBikes. En papel ocupaba un gran espacio a la derecha en página 3; grande para lo acostumbrado en este periódico en el que la lectura se atragantaba con tipografías minúsculas y largas columnas donde era fácil perder el hilo. Por otro lado, se leía mucho mejor en el portátil de casa, por mucho que el Fujitsu ya me cojeara bastante (lo había comprado en una feria del gremio en 2001), a pesar de la puta manía de insertar ventanitas publicitarias y lo mal que se navega por su página web. El periódico confirmaba lo que Isma había mencionado de pasada, como accidente, dicho con esos ojos entornados de modo casi eterno (ya digo que era como una versión tibetana de un compañero de instituto): “¿Sabes que algo ha pasado con Eva?”, se traducía en la muerte de la chica del pelo a capas. Todo el domingo para digerirlo. Todo el domingo pendientes de las noticias en la NOS o en SBS6. ¿Tardarían en anunciarlo en las noticias del canal internacional de la televisión española?, ¿un domingo?

Me calcé las zapatillas con una mezcla de estómago revuelto y de nerviosismo. Metía las punteras en la zona de cordón y notaba cómo el talón repiqueteaba nervioso. Miré por el apartamento en busca de las llaves y las encontré sobre una pila de notas tomadas a mano; notas sobre la tesis, sobre la posible concentración de políticas alrededor de periodos… bueno, notas tomadas en noches sin sueño, mirando a través de un ventanal que daba al canal de detrás de casa, tomadas mientras las nubes corrían desesperadas por encontrar un sitio donde descargar, posiblemente varios kilómetros más al este, en Utrecht, o en los bosques del Veluwe, en el Gooi y sus mansiones amuralladas con el dinero del negocio televisivo, Bussum, Naarden, ciudades por las que perdía el hilo de mis notas. Pensé mil veces en reiniciar mi vida y dedicarme a escribir sobre viajes, sobre ciudades. La economía política era una herramienta que llenaba mi prestigio y mi cuenta de ahorro del Postbank, y me preguntaba si un investigador de ciencias teóricas podía novelar sobre la gente que todas las mañanas pedaleaban con viento cruzado hasta la estación de tren, si habría un mínimo éxito en español o en inglés. Estaba dispuesto hasta aprender neerlandés con tal de cambiar mis artículos por dos pilas de hojas escritas sobre la gente.

“Mejor aprovecha y ve a la universidad”; los hijos de a generación de la Pegaso y de los cajetines de los talleres de edición del Pueblo o el Ya teníamos que tentar la suerte y lanzarnos de cabeza a ese desconocido que daba título, un “poder ser alguien en la vida”. Lo malo es que nos lanzamos todos en tropel y a la caída del siglo éramos una marabunta titulada. No me podía quejar; compartía proyecto de investigación en una universidad extranjera y mi nombre se iba oyendo en colaboraciones y artículos de libros. Aún así, domingo tras domingo me desplazaba hasta la tienda de prensa de Kinkerstraat para regresar con la edición europea de El País y pasar con envidia las páginas en las que veía decenas de artículos con otros nombres firmando una autoría que veía lejana, vocacional, alejándose cada vez más. Hoy ni me acordaría de comprar el periódico.

Eva, muerta. Me aparté de mi cuerpo y me ví insertando el dedo índice en la anilla metálica donde quedaban engarzadas la llave de casa, del candado de la bicicleta, del despacho de la facultad; una parálisis me había clavado los talones a las alfombras de Ikea con que decoramos el suelo o tapamos los tablones medio combados. Miraba absorto la pantalla del ordenador y veía nublarse el titular, eliminando la diferencia entre letra y espacio, intentando mirar detrás de ese cristal líquido que hablaba de una segunda mujer asesinada en un parque del que me separaban doscientos metros, un cruce, una pizzería marroquí, una floristería que regentaba una chica agitanada de quien nunca supe su origen, y una hilera de baldosas colocadas sobre la arena omnipresente.
Mi parte voladora regresó justo a tiempo de reintegrarse a mí. Miré hacia la puerta y a la claraboya de cristal opaco que la coronaba. Carla subía a su piso a compartir brazos y pechos y sexo con su visitante. Alfons murió, marido callado y ebanista de lujo, sin saber o sin querer preguntarnos a su mujer o a mí. Ninguno de los dos habríamos podido dar más detalles. Carla follaba como un autómata con clientes esporádicos, conocidos o vecinos, nunca lo supe, y yo tenía la costumbre de mirar detrás de mí; la soledad me había hecho sospechar de que alguien –mi fragmento volador al que un día dediqué una tarde entera de monólogo- salía de mí y se llevaba la capacidad de entender a otros rincones. Decidí salir a correr hacia Rembrandtpark. No era una terapia sino una manera atropellada de salir a la calle. Era o correr o quedarse clavado un domingo de un mes que en casa significa fiestas, pescado los viernes y via crucis pero que en esta ciudad casi pasa desapercibido, molestando y soplando violento, quedarse clavado frente al espejo virtual del ordenador.

Al cerrar la puerta oí el teléfono. Tras la segunda vuelta de llave, paró. Callado como una tumba en el recuadro de mi puerta, esperé en una atmósfera enmoquetada y sucia, con las paredes verdosas por donde se filtraba el olor a curry del restaurante de Jerryl’s, y el teléfono arrancó a sonar una segunda vez. Saqué la llave de la cerradura y volví a insertar el índice en la anilla, en un gesto aprendido de los miles de kilómetros recorridos con las llaves en la mano. En el piso de arriba se oían los jadeos atropellados de una segunda juventud, de los encuentros entre dos maduros que se arrancaban la ropa a tirones nada más pasar el quicio de un matrimonio entre roto y ausente. Nueve escalones más arriba, casi verticales y enmoquetados de verde oscuro y polvoriento, acogían el encuentro del último fuego del ser humano. Cuando los jadeos dieron paso a los gritos yo saltaba los dos últimos peldaños hacia la izquierda y trotaba por la puerta cerrada y graffiteada del supermercado. En ese momento, Eva, la Erasmus que levantaba violentamente los vasos de cerveza para terminar los culos espumosos y remojarse las comisuras de los labios, estaba envuelta en una sábana plateada en el depósito de cadáveres de la ciudad.

Eva (II)

In running on Julio 9, 2009 at 4:57 am

La chica extranjera murió en un rincón de Rembrandtpark que daba a las torres que miran a Jan Evertsenstraat, tres bloques que tuercen su vista hacia el sur de la ciudad y desde los cuales se puede ver el viejo y el nuevo oeste de Amsterdam. La policía encontró en sus bolsillos papeles con anotaciones en español, entre los cuales estaba una dirección cercana: Staalmeesterslaan 21 II. Aparte esa evidencia, el cuerpo medio agarrotado yacía de medio lado en un rincón cualquiera, a una distancia no inusual de los lagos del parque, ni escondido en alguno de los recovecos (la granja de animales domésticos, los puentes de Jan Evertsenstraat o Postjesweg) o tapado con cartones o con la ropa desgarrada por hurto, violencia aparente o maltratos previos o posteriores. Era una chica de apenas veinte años, según el politierapport, mediterránea, vestida con ropa de running, malla larga y doble capa de camiseta. Su pasaporte y carnet de los transportes del GVB decían Eva Rigalt, decían nacionalidad española, pero no decían mucho más. Dirección: Admiralengracht 12/H. Un piso probablemente compartido e igualmente probable vida normal de estudiante Erasmus.

Al oficial Geert Dijkstra eran, éstos, los casos que más problemas le causaban. Debía poner inmediatamente a funcionar a sus 4 medewerkers, a los agentes de a pie, para que notificaran sin demora el fallecimiento al consulado español. Torear con el consulado no era una metáfora ni un plato de gusto. Dijkstra se encontraba un mínimo de dos o tres casos al año en su demarcación (la agregación de los distritos de transición entre el Amsterdam popular y la emigración turca y marroquí en los distritos de Baarsjes/Sloten/Geuzenveld): pasaportes españoles encontrados en el mercado negro y que habían sido vendidos por estudiantes o vividores por hasta 600 euros –los pasaportes comunitarios cotizan más alto- o casos de okupas involuntarios a los que otros, que llegaron antes y que se aprendieron antes aún las rendijas de la relajación administrativa holandesa, habían engañado en un subalquiler ilegal y dejado en la estacada. “Chicos malos no eran, die Spanjaarden”, pero tenían una especia predilección por complicarse la situación, además de un serio problema con su administración.

El consulado está en Friederiksplein 34. Queda marginado del centro y de los circuitos de visita y no pocas veces los españoles se pierden a la hora de bajarse en la parada de tranvía correcta. Es una plaza arbolada; es un búnker verde; vió como se prendía la maravilla del Palacio de Cristal en 1929, aquella visión del filántropo Samuel Sarphati; vió como celebramos un día una despedida de soltero tan alcohólica que casi perdemos dos componentes en el rio Amstel; es un búnker de dos capas, la verde que esconde las fachadas y la blanca que salpican los marcos de las ventanas sobre el marrón del ladrillo del Oosteinde o de los despachos de abogados de Sarphatistraat. La oficina consular ocupa doble planta y sótano y desde la entrada, para los ojos de un holandés metódico y de padre frisón, daba una impresión de secretaría desatendida de cualquier ONG, de consulta de pediatría de barrio, sin saber por qué (nunca había viajado a España), y Dijkstra percibió un cambio de país desde el momento de cruzar bajo la engalanada jamba de la puerta. Ocurría con la mayor parte de las embajadas.
-Quiero reportar un incidente con un natural de su país – notificó al portero, que era una figura silente, sosegada, que filtraba los golpes y las visitas bien hacia el sótano donde se apegotonaban carteles de terroristas buscados, de ejemplares de Atalaya que sabe dios quién había dejado y quién era incapaz de mover el culo para retirarlos, y las funciones administrativas mecanografiadas a dos dedos y tras un cristal esmerilado de rancio diseño patrio, o bien hacia las plantas nobles donde los funcionarios de carrera elevaban los ojos cada vez que alguien planteaba un incidente serio. “Señor”, parecían implorar, “¿tengo que llevar sobre mis espaldas la misión garante hacia mi país?”, y gesticulaban solemnes con los ojos entrecerrados conscientes de que el agente de policía no comprendería la carga mesiánica del funcionario consular.
A Geert Dijkstra le repateaba esa teatralidad mediterránea. Su procedimiento habitual era informar y acudir con rapidez a programar las siguientes 12 horas con sus superiores. Sentado frente al funcionario en un butacón de orejas rojas, esta vez la cosa no sería distinta, calculaba de cabeza mientras respondía automáticamente las preguntas de proceder. Todavía tenía que organizar el turno de noche en la comisaría de Jan van Galenstraat, cenar algo, fichar y conducir los escasos 30 kilómetros que le separaban de su moderna casa adosada en Almere. De este modo, Eva iría conectando, camino de Almere y sus hileras de viviendas blancas, amarillas, grises, con las tazas de café de los turnos de día y noche de Jan van Galenstraat, con los senderos del parque, con los empleados de las tiendas del aeropuerto de allí y de aquí, dejaría cosidos varios mundos durante una semana; mundos que podían haberse alejado sin conocerse pero que se cruzarían y chocarían como sedas y linos, taftanes y alambres, como pescado y carne. Simplemente no estaban hechos para mezclarse, no tenían las densidades precisas. Aquelos mundos paralelos se acercaron por mor de un asesinato. Lo complejo vendría a la hora de comprender los motores de esos mundos.

- Va a darnos mucho trabajo esta chica, ¿no? -preguntó el secretario mordisqueando la capucha de una pluma estilográfica.
- Siento que sea así – “para tu disgusto de funcionario embotado”, se respondía por dentro Dijkstra.
- ¿Por donde van las investigaciones?
- Nada anormal – masticó el policía pensando sobre cada punto del protocolo – a menos que se meta la prensa; es el segundo cadáver encontrado en Rembrandtpark y éste responde también a…
- Una chica joven que hace deporte – se adelantó el funcionario, acostumbrado a atajar insolente en las reuniones de café, en la frutería de Rinus en Albert Cuypmarkt, en las comidillas del comisariado político español, veteranos emigrados blindados que solían conspirar jerárquicamente entre sorbo y sorbo de oporto; y el secretario del consulado poseía uno de los rangos más altos de las reuniones: oposición y destino en 1966, había visto más mundo (según su caleidoscopio provinciano y azoriniano) en cuarenta años que dos generaciones de mercaderes judíos.
- Si pudiera abrirme el paso a los ciudadanos de su país que se registraron aquí…
- Sabe que no abarcamos ni al 60%. La gente joven entra y sale del país alojándose en pisos compartidos, y Amsterdam funciona como un crisol de cristal ahumado. Se sabe su peso y capacidad, pero no su contenido. Es posible que tengan más datos en la Vreemdelingpolitie o en su universidad, porque era estudiante, ¿cierto?
- Sí, pero de todas maneras haga el favor de mantenerme informado – finalizó Dijkstra mirando su reloj de esfera clásica en el que incidían ya unos últimos rayos de la tarde del Sabado 22 de Abril, reflejados en el acristalado de la calle.
- Lo mismo le digo. Gracias por informar con tanta rapidez.

El agente de uniforme cruzó los dos vestíbulos y se encaminó a las escaleras de bajada anotando marcas y líneas que tachaban tareas pendientes en su agenda. Dijkstra era el opuesto del ser humano que había dejado efectuando llamadas rutinarias en el despacho consular. Se podía escuchar al funcionario haciendo las primeras llamadas a sus amistades. Las correspondencias oficiales y llamadas a Exteriores podían esperar unos minutos. Mandaban los cotilleos.

Eva

In running on Julio 8, 2009 at 8:49 am

1.

-¿Desea algo para beber, señora?, Wilt U iets te drink?

El personal de vuelo y la estrechez de su asiento, preferentemente ventana, sin apenas equipaje de mano, muchas veces metiendo el maletín de su portátil simplemente debajo de sus piernas, alguna aprovechando el maletín como reposapies, tapando su regazo con una trenka amplia que usaba como cubrecamisa, que le permitía estar cómoda, recogerse en el calor que emanaba su vientre y sobre el que posaba las dos manos, entrecruzadas como si fuera a beber agua en un caño del campo, con el sol filtrándose entre las dos ventanas del avión o la lluvia escupiendo con ira, dependiendo del trayecto.

-No, gracias – entre dientes; y se dejaba caer, de regreso a Madrid o de regreso a Amsterdam. De ambos sitios se sentía alejada aunque en los dos tenía una razón para llegar, una llave. Eva podía sentirse afortunada de pertenecer a una juventud preparada, viajera, cosmopolita, habían recibido de la generación pionera, de los cuatro privilegiados que vivieron en España, o mejor, fuera, aquellos años sesenta míticos, que abrían camino a las chicas normales como ella. Becas, pisos compartidos, tiempo para conocer gente y preguntar chorradas. Ella había podido escabullirse una temporada como estudiante a la Vrije Universiteit de Amsterdam, pero de regreso a Amsterdam o de regreso a Madrid sentía que le faltaban piezas.

Entre sueños a diez mil metros de altitud se preguntaba si era un privilegio bajar a desayunar a la cantina de la VU, sofocada por los veinte minutos de bicicleta y embutida en las mil capas que rodeaban su piel de madrileña de barrio. En su diario anotaba puñados de dudas: “Me encuentro a dos semanas de haber comenzado el curso y esto me empieza a sorprender. Lo que parece ordenado es frío. ¡No puedo echar de menos mi barrio!, ¡los holandeses convierten el desorden en magia alternativa pero luego lo desprecian, como si tuvieran dos caras!”. “¿Por qué me atrae la idea de juntarme con otros españoles?, ¿tienen algo más valioso lejos pero que no sé apreciar cuando estamos en casa?, es absurdo pero el estómago me empuja hacia dentro cuando oigo hablar en español por los pasillos”. “No puedo echarlo de menos, Eva, prohibido ponerse tonta. Para eso te quedas en tu pueblo y no rompes con todo. ¿Qué te pasa?
Había tomado una decisión para no quedarse anclada en la aldea. Despreciaba la atracción que tenía aquella ciudad de pisos cortados a ras y montados sobre hojaldre de ladrillos blancos y rojos y zonas ajardinadas y cientos de coches aparcados en doble fila y de servicios del montón, de cuadrillas municipales y meritorias a las que las moscas adolescentes se pegaban buscando la dulce protección y el futuro puesto de trabajo de los universitarios sin lugar. Para Eva, su anónima ciudad de periferia era un desolladero que solo colgaba de su realidad por aquel abono transportes, la B1 de los bordes mordidos y del plástico desgajado, en el que estaba trapada su foto de fotomatón en la que salía más narigona pero más delgada, o las dos cosas a un tiempo, tiempo en el que los horarios los dictaba una dejadez somnífera donde escoger por escapar, las asignaturas prendían de un programa claveteado en un tablón de crucifixiones en el vestíbulo de aquella facultad de techo bajo y paredes color dientes de fumador, que mareaba si entrabas por la puerta de la cafetería ínfima de Juanjo. Dos semanas habían bastado para que una estudiante pelirroja y ancha de pómulos atrajera su aliento. La fiesta de primavera de aquel campus lleno de estímulos para perderse, alcohol, tabaco, partidas de mus, los acordes de los grupos que tocaban en la esplanada de la estación de tren mientras un hormiguero juvenil se acomodaba entre los pechos de otras, se rompían tobillos tras piruetas alcohólicas, las fotocopiadoras repetían en negro y gris los culos y los anagramas de las camisetas de los chicos que saltaban sin control por Malasaña, por San Mateo; había sido el amarillo brillante del sol de Madrid y el naranja de las botellas de cerveza, que se filtraban el uno con el otro, y habían bañado en saliva besos de chicas mojadas. “Me paso a verte por la facultad, después de comer”- Eva se repetía aquella joya guardada en su memoria selectiva, secretista. Había encontrado en los vaivenes del tren y en las escaleras del metro la inspiración perdida para memorizar los apuntes fotocopiados y de otro sobre años sin referencia, puntadas mal dadas a sus hojas en blanco sobre el tratado de Cambrai, sobre si los mismos Habsburgo y franceses que se aliaban contra los otomanos eran los mismos que en breve estarían echando Europa a perder. En realidad a Eva le traía si cuidado si los Estados-Nación nacían o eran o habían dejado de ser. Claro que tenía una idea, era una estudiante que había solventado sin problemas la selectividad, leía la prensa y había solicitado una beca Erasmus para salir de un futuro atado a una hipoteca y una oficina en cualquier sitio. Y ‘la Roja’, la cadera más blanca y pecosa y que explotaba bajo los pantalones de cintura baja, formaba más parte de su lado visceral y caliente que de su lado matriculado.

2.

Tuvo que romper con todo cuando España dejaba de ser una frasca de decantar de dimensiones infinitas, a la que nadie había visto y de la que todos hablaban en cafeterías de barriada, y se convertía en la puerta de salida D32 de la antigualla por la que una se convertía en una turista más, una viajante concrédito de platino o una expulsada a Ecuador. España tenía ahora letras, tenía dimensiones y muchos la oían, porque España ahora sonaba. Era cuando metales y llaves y cinturones pitaban bajo el arco de seguridad. España, pensó Eva, era un arco de control de un aeropuerto por el que entraban y salían miles de mundos al día.

Y empezó a confeccionar una lista en el espacio de espera de atmósfera neblinosa. Por las grandes cristaleras se colaban rayos tumbados de luz que explotaban en millones de perdidas motas de polvo, y empezó haciendo click con el dedo gordo de su mano derecha sobre el botón de arranque de su vida, tinta negra, boligrafo robado en la biblioteca municipal y vínculo con el pasado reciente. La tinta del boligrafo se terminaría tarde o temprano. Era cuestión de tiempo; la lista, eso; alegría; llamar a Sandra y mamá; 672 032 339; cuenta hotmail mejor gmail; natación –seguro hay clubes universidad; seguridad social Holanda; muy importante matrícula VU; ¿por qué no correr como papá; ¿hay parques zona piso?; preguntar Isma; comprar mapa…

“Bienvenidos a bordo de este vuelo de Transavia…” – la resistencia al sueño terminó antes que la tinta.

Soñando (égloga pastoril)

In running on Julio 7, 2009 at 1:18 pm

Suena la flautilla y la dulzaina. Los montes llaman a correr por ellos y en las redesderedes se multiplican las peticiones, ilusiones, la locura. Canta el mozo:

Mil dorsales tuvieron la culpa;
mil borregas se quejaron
-con el caos que esto encierra-
de que un trail por la sierra
entregara al borreguío
no dorsal sino cencerra.

Cada carrera de montaña nueva lleva aparejado un caos donde el personal se queda sin poder participar. Los mil tiros dados por 400 números en la espectacular Zegama Mendi Maratoia, la locura desatada en el Ultra Tour del Mont Blanc, o los 3000 dorsales agotados en 24 horas para los 101km de Ronda. Los parámetros de locura, que uno los tenía por alejados, se van redefiniendo cada vez que una organización deportiva o excursionista decide aunar kilómetros y metros de desnivel. Ahora no es infrecuente ver cómo comenta un corredor sobre los 8000 metros de desnivel positivo de tal carrera. ¿Exceso o suplemento mental necesario para combatir la rutina? Que cada uno saque sus propias conclusiones. Un día leí a un internauta decir que no, que no es ni necesario y que su mujer, si el domingo se despertaba a las 7 de la mañana para ir a una carrera, entonces correr le hacía esencialmente gilipollas.

Y corren las semanas y mientras se trota, uno, entre el miedo y los nervios a casi 13 meses de la prueba, está no sabe si por ceder dorsal o apuntarse a la barbaridad. Hablan de disfrutar frente a firmar la carta de defunción. Yo quiero saber si todavía va quedando (buena) gente que organiza pruebas donde caben los que se despeñan y los que quieren amortizar 48 horas de un fin de semana sin parar por el campo.

Cantar ahuyenta los males, los espanta y los vuelve contra el oscuro y lóbrego dintel de la cueva de donde salen, ¿no?. Pues cantemos y a tomar por saco:

Gustaría mucho de ser
un buen traductor (de pago)
para, mientras me trago,
un pincho de morcilla
y dos de alubias negras
y cuarto de ensaladilla,
glosar en euskera y poder
contar a mis amiguillas
cómo- solo por joder-
me apunto a las cien millas.

Runner’s Pride

In running on Julio 3, 2009 at 10:53 pm

El orgullo. Para no perdérselo, oiga. Verde chaleco pero sin triángulo ni nada.

Escena uno.

Mediamaratóndelospolígonosdevivienda 2009, procedente de los plastificados de una bolsa del corredor cumplidita, venerable, por sí solo merecedor de fusilamientos a la puerta de un Zara. ¿Era verde chaleco o naranja fosforito… chaleco? No, verde. Verde era. La naranja la sacó a pasear a los desayunos del buffet del día siguiente.

Abre plano.

Hotel costero en pleno inicio del verano de 2009. La alusiva camiseta que brillaba -brillan siempre, igual que retienen el olor si no las atascas a suavizante- digo que la que brillaba desde el extremo opuesto del pasillo, indicaba que en mi hotel también estaba descansando un runner. Digo ‘también’ y conjugo en tercera persona en singular, señor juez. Me dice mi spouse: “deberías contar algo sobre el orgullo del corredor”. Ya estamos. En ocasiones le pone un tonillo … solo superado por ese tonillo fosforito de las nuevas prendas, los nuevos idolillos del corredor, paganos adoradores de la bolsa que contiene lo último en tejido transpirable y discreto blanco para disparos de francotirador llamada ‘la camiseta técnica’.

spo

Antes, pero antes de cuando tú ni tenías internet ni barriga ni hijos, la camiseta blanca de algodón era un extra de la bolsa, un ligero plus. Ahora es más que un plus: es un ahorramás. Es la síntesis de la diferenciación de todos estos deportistas que osan a hacernos sombra como reyes del loneliness y del distance y del endurance. Ni bikers gordos, ni raiders, ni ciclogloberos de los del aperitivo en Miraflores o en Sant Quirze. Sólo los huesunos y cetrinos purasangres de las carreras a pernil tenemos esas camisetas de manga corta o de manga larga o de tres cuartos o de tirantes (¿de dónde se han sacado en el sur lo de la camiseta de tiranta?, ¿es fonética de Grazalema aplicada al jadeo de un 5000 en pista?).

La naranjota de la san silvestre, la verde de la manchatlón, la de la carrera de la mujer, la de dios. Además están los emperadores del ocio, los de Decatlón y sus kalenjis de 9 tonalidades, los del mercadillo del chino, los entrepreneurs que mandan camisetas a estampar y les recortan las mangas para lucir tri-tipo, seguro que en Carnaby St es la ropa que más se encarga.

Para los reguladores de tráfico de la city. Hasta el Lunes.