Dícese toalla. Superabsorbente, para deporte u ocio con estuche de plástico. Color Azul. Dimensiones Toalla: 36 x 55 cm. Olor a cetáceo. Tacto resién de primeras sacadas del estuche cartilaginoso. La toasha del fitness. La primera vez que la ví fue en un gimnasio al que entraba por domiciliación nocturno-filial. Acostar a los críos y bajarme a deshoras.
Bandoneón no se dió cuenta pero, en la feria de ganado de la Bilbao Bizkaia Night Maratón (tres idiomas mezclados sin piedad) abrió la mochila que nos daban y sacó el estuche. Se le escapó ‘la toasha’. Ahí estaba la esencia del viaje. El enjuague de sudores y lluvias. Pues bien, ha llegado el momento de usarla. He escrito los mejores párrafos de mi vida en diversas circunstancias pero pocas veces sudando a goterón sobre el teclado, como los canalones que siempre caen en mitad de la acera, con milimétrica y asesina precisión obra de semidioses que un día se subieron a poner remaches y abrazaderas para que le agua, siempre, cayese sobre uno.
Pausa enfática para coger aire y desnudarme de torso a carcañal. Integral.
Ya. La toasha seca pero deja un rastro de frío.
El frío no cala pero las depilatorias abren las carnes y los pensamientos. Uno es más vulnerable.
La vulnerabilidad nunca duele. Si del poro asoma rápido un recambio, solo pica.
La gallina pica.
El pollo pica. Pero pica como tirando inmediatamente para arriba de la cabeza. No se fía.
Tampoco me fío yo de la toasha.
Tengo una que robé de un hotel mucho más cariñosa. Eso sí que es una toalla.
Al discurrir mis dieciséis años debí intentar trajearme un día y tuve que aprender de mi tío cómo hacerme el nudo de la corbata. Había tallas. Lo difícil era encajar aquel embrollo en los inexpertos dedos que, lo más que habían entretejido, eran partituras de bandurria o laúd. Pero, tallas y camisas para aquellos cuellos, había. Anoche aparqué enfrente de un estudio fotográfico y ví los cuellos o pestorejos de los mocillos de mi barrio. Empiezo a dudar sobre las tallas de las camisas infantiles, que serán cogotes y morrillos adolescentes que seguirán con posterioridad con el problema de anudarse una sedosa corbata al recebo o papada de madrileños periféricos. O canarios o andaluces.
Porque me impresionó el reportaje que emitióComando Actualidad en rtve esta semana pasada. Lo podéis ver íntegro en este enlace. ‘Vamos a más‘ en tallaje y en malos hábitos. Cristian, un joven de 25 años, aseguraba que la ciencia “le ha regalado una vida nueva” desde que ha pasado de 150 a 60 kilos y un cirujano hablaba ya de miles de balones hinchables insertados en estómagos de obesos. Han desembarcado los problemas de los que nos reíamos (los iberos somos así) y ya somos capaces de producir programas propios como el Crónicas titulado ‘Alerta. Niños obesos’. Somos ya plenamente civilizados. Ya no nos cabe un cuello de camisa normal o una corbata normal, comemos y compramos mal creyendo que es barato. ¿Lo es?
- Blablabla, ya. Ponnos un ejemplo. Esponjas.
- Paquete ensalada brotes tiernos 1.35 + Tomates cherry 1.00 + Queso brie 0.90 + Cacahuetes con miel 1.00 (esto dará para dos raciones, personas o incluso dos días) + postre …
- Espera, esa tristeza no se puede comparar con la alegría de trincarse un goloso y atractivo menu mc con sus colores y establecimiento con olor propio y dependientes con gorras y …
- ¡Que digo que postre!. Helado 495gr de tarta de queeeeso. 2.30. ¿Suficiente?
O sea que la comida basura no es siempre comida barata. Por 9 euros nos damos un homenaje y compramos comida sana para dos personas. La semana pasada hablábamos del fenómeno Jamie Oliver y los malos hábitos de otras sociedades. En la nuestra, la de los cocidos y las comilonas en casa de la abuela y los yo-conozco-un-sitio-donde-te-comes-un-cordero, uno ya lee consultas como la siguiente: “Uno de mis hijos desde ayer no come en la comida y en la merienda, porque le ha dejado de gustar el pure o papilla de frutas y ahora lo quiere todo comer en trocitos con las manos [...] ¿que se le puede preparar para que coma con las manos?, que sea fácil de coger para el y que sea sano y nutritivo? Tiene casi un año y pronto empazara a comer de todo. Pensaba hacerle mini-albondigas o hamburguesitas”
Uf. Dan escalofríos. No es que sea conveniente que aprendan desde un principio a coger bien los cubiertos, sino que entiendan lo que comen. Empleamos horas en meterles imbecilidades en la cabeza. Aprovéchalas para inducirle a la vida sana y activa y otras tantas en combatir contra lo imposible, el consumismo, los anuncios de morralla en la tele o en los buzones. Serán unos amargados críticos y sus amiguitos, los del cuello de ternero y los índices de colesterol infantil alarmante (un 22% de los niños españoles lo tiene), les dirán que ellos juegan con la psp3 y tienen dvd portátil en el coche, con los que se desplazan a música o a inglés con sus gordos padres. Pero a los 20 años tendrán ganada la primera batalla, la de anudarse la corbata sin pasar angustiosos sofocos ni ahogos.
Eso sí, cuidado con apretárselo mucho o se quedan caras congestionadas y de estupefacto gilipuertas como esta.
Encuentro alguna imagen (como en el estupendo blog de Mikel), los últimos coletazos de la enganchada que se suscitó en el foro de elatleta.com, pero hoy ya no quedan ni unas agujetas o similares de la aventura bilbaína. Haciendo balance, un viaje fantástico, una ciudad entregada a todo, una organización miserablemente pobretona y ahora leo sospechas de robos de isotónico. ¿Se ha perdido el norte?
Sin duda lo más parecido es un retorno de Nochevieja dos a los que han robado la ropa y vuelven en calzoncillos. Como comento en otro lado, lo que nos esperábamos quizá iba más en consonancia con la que organizan en otros ámbitos. Sin ir más lejos, las 24h de Worsach (que regresan en 2010).
En los 100km degli Etruschi, en Italia, marcan con velas (!) 8km de recorrido.
En el maratón de Nueva York, ya por los primeros años 80, pensaron que ofrecer pasta a la asociación vecinal que mejor animara sus 100 metros de carrera dinamizaría todo. Desencadenó una furia por los premios tal que hoy día, desde hace años, está cada metro de acera lleno de gente.
Quizá algo como esto esperábamos encontrarnos. Con menos de 1000 euros se podría haber montado una iluminacion artesana simpática en los 12km del ida y vuelta. Hay grupos que les gustaría tocar en un escenario improvisado al paso por Lutxana o Astrabudua. Pero las ideas, ahora, ya se pagan. Es una lástima que la gente siga proponiéndose como expertos y pongan el cazo y a cobrar por no ofrecer gran cosa.
¿Sabéis lo peor qué es? Que está ya todo inventado. Lo mismo viene otra ciudad y se adelanta y, a mí, personalmente, me sabrá mal. Al fin y al cabo Bilbao y sus habitantes no se merecen esas organizaciones.
Se me ha llenado la correa del Polar de crema de mejillón
Son las 5 y media de la tarde y en apenas dos horas deberíamos estar encaminándonos a la salida del maratón nocturno de Bilbao. Una estupenda idea que hizo que ya en Abril tuviera pagado mi dorsal. Un riesgo evidente. Riesgo el de organizar una prueba nocturna y festiva en una aglomeración urbana de apenas medio millón de habitantes. Es seguro que muchos se quedarán en casa -no juega el Athletic-, muchos irán de copas y los precedentes de los maratones de Mayo en la misma ciudad no invitan al optimismo. Por eso nos dedicamos a visitar la ciudad y sus templos, en cada uno de los cuales degustamos alcoholes varios y los famosos pintxos.
Hemos diseñado el viaje como la película Airbag, de Juanma Bajo Ulloa. Tres liberados maritales salen de farra y conducen 400km para correr 42,195. Entre medias, versioneamos nuestros gustos con una visita a la llanura burgalesa (bocata en Gumiel de Izán y su imponente patrimonio), a las carreteras nacionales vitorianas y la entrada vieja por el Gorbea. Algunos solo viajan para correr. Algunos solo corren para saborear el resultado del cronómetro en relación con sus entrenamientos. Luego nos llamarán poco serios.
A escasa hora y pico de la salida, aún sin vestir de corredor-dinamitero, estamos por Licenciado Pozas mirando qué pincho es mejor que el anterior, qué camarera es más bilbaina y más dura y qué complejo va a ser encontrar el coche. Evidentemente borrachos aceleramos las últimas cervezas y dedicamos los últimos innecesarios piropos a una gachí de 1.80 que nos servía de comer e indicaba que no llegaríamos ni a 10km. Hemos comprado lotería de navidad en la peña All-Iron, nos han invitado a unas cervezas enfrente, hemos debatido con el camarero del Ziripot y hemos entrado a orinar en varios baños. Fuera, 20º y humedad; dentro 0.8º por mililitro de sangre.
Y hay un antes y un después. Como puede verse, mi idea de encorbatarnos ha sido mejorada y ampliada por el María Moliner de nuestro grupo. El argentino homicida ha pensado que mejor salir con un traje completo. Así de sopetón nos convertiríamos en los únicos disfrazados de una carrera que se vendía como una fiesta, los más aplaudidos con esos ‘oso ondo’ que indican en euskera el perfil de plantígrado que tenía Andrés con el traje, y en los elegantes (sic) de Bilbao. Esta visión gamberra de tres maduritos hizo que fuéramos un rato más entretenidos con nuestras propias payasadas, en evadirnos de lo que nos esperaba a excepción de los primeros 7 km, más urbanos. Esto es; un agujero negro.
De golpe nos quitaron la etiqueta de La Peor Maratón del Mundo. Esa que organizo sin decoro y sin glamour. Bien. Tenemos una organización profesional que embarca a más de mil corredores serios y a tres idiotas por las traseras de los muelles, por los solares de zonas industriales en reconversión, por avenidas desoladas que -por no tener- no tenían ni putas. Cruzamos San Inazio, Leioa, más manzanas, más bloques. Las Arenas y docena y media de espectadores. ¡Qué rostro! Ese recorrido se lo presento a mis amistades y me retiran el saludo (salvo dos necios disfrazados que intuyo que me seguirían incluso a un pelotón de fusilamiento).
Avituallamientos semivacíos. Agua. ¿Algo de comer? Silencio, para que lo mastiques y se te indigeste. Asfalto mojado para que mires el reflejo de las farolas. Buques de carga que campan elevados como fantasmas en los muelles de Portugalete. Un romanticismo postindustrial maldecido durante horas. Pero no era el día de ir a hacer fotos a las grúas y los muelles. Es una prueba que nace tocada de profundidad y casi muerta. Adolece además de otros defectos que hemos criticado mil veces tras correr en Donosti. Estas carreras parecen montadas para el grueso de corredores de 2h45-3h30. Los corredores recreativos, los más lentos, los borrachos, están relegados a correr como mucho un Herri Krosa, la san silvestre, o que viajen a Berlin, Londres o Médoc a pasarlo bien.
Niegan el poder correr de manera festiva en la ciudad. 5h07 tiradas a la ría.
Aproximadamente desde las coordenadas UTM 40º33′21”N, 3º38′18”W hasta las mismísimas 40º33′18”N, 3º38′45W, en descenso progresivo y evidente, claro, sí, señorías, hay un kilómetro. Y él tiene la culpa, única y exclusivamente -como se suele apostillar- él tiene la culpa. Además, llovía. Y ya se sabe que la erótica de correr se multiplica por seis coma tres cuando el asfalto está mojado, uno va en caliente y le cae agua en la cabeza. Porque es agua, no salfumán (citando las palabras de Pedro Cavadas que, además de transplantar miembros, es un tipo a seguir).
Unos treinta minutos antes de la hora de autos, bajaba en franca relajación hacia los dominios de la Dehesa Boyal de San Sebastián de los Reyes. Trote suave con la intención de encontrarme con algún conocido en esa zona convertida en trotódromo de invierno, el parque del final del pueblo y su camino de grava fina. Y me dí de morros con dos jugones del tema, Dani y su compañero y me subí corriendo con ellos. Porque ellos corren. Nosotros normalmente nos desplazamos con más o menos gracia, pero ninguna velocidad.
Así que pregúntenles a ellos sobre las pajarillas que me entraron cuando empezaron a acelerar. Bien es verdad que bajando uno corre más. Algunos no corremos mucho, y -dicho sea de paso- algunos otros no corren nada ni en caida libre. Pues me he visto escribiendo en el tema de los Paquetes barbaridad como esta, ahora mismo: “Coño, me están dando uds unas ganas de volver a correr deprisa y demostrarles que con 1h30 largos en media se puede hacer 3h15…“. Luego he seguido desbarrando (“Porque tengo las 100 millas en julio, que si no, nos veíamos las caras. Cuarentón, requetemachacado, feo y ex-peludo“[sic]).
Y es que todo fué acelerar un rato corriendo, mientras llovía, de bajada. Un kilómetro nada más. Eso, y mis nuevas piernas. Pero sobre ello hablaré y verán fotos pronto. Entre tanto, el sentir del fresco en las manos. La sensación de que no estaba circulando por Madrid sino recogiendo unas bolsas del supermercado Dirk van den Broek de Mercatorplein. Un frío familiar y que me pedía, aullando, que subiera a la bici rápido y pedalease sin descanso por Hoofdweg abajo, hasta torcer a mi caliente casa.
Desde Mercatorplein hasta casa, por Vespuccistraat y Admiralengracht, también había un maldito kilómetro. Tiempos pasados y otoños puestos a buen recaudo en la memoria.
“Yo pensaba llevar malla corta gris, pero si vas a usar ese modelo me obligas a usar la negra o la roja para no andar vestidos iguales. En la parte de arriba creo que voy a llevar una de manga larga verde loro (SSV 08) y eventualmente chubasquero finito decathlon negro“, dice uno de los futuros participantes. ¿En qué?, sencillo: en el maratón nocturno de Bilbao.
Yo tengo pensado camisa oscura de manga corta y corbata. Si no llueve, gafas de Emporio Armani. Si llueve, lentillas. Ya tengo preparada una camisa ligera de m/c y una corbata color berenjena. Pantalones normales negros, de correr, claro. Y calcetines negros, claro. No es disfrazarse. Se queja Bandoneón que le estoy provocando. Que lleva una temporada queriendo salir disfrazado en un maratón, que si tal.
¿Provocar?, ¿yo? Le insisto que no es disfraz. Es presentarse como mandan los cánones, un sábado por la noche, a una salida informal. Unos preferirán hacer el idiota vestidos de naranja sansilvestre o de verde nike, o decatlón. Yo, el idiota, lo hago bien vestido. Para correr deprisa y no arriesgar con rozaduras o tejidos de competición, ya tendré días. Me gustaría que esta prueba fuera, dentro de unos años, un clásico festivo donde la gente corre como le sale de las pelotas, aunque será difícil, por no decir imposible.
A uno le llegan las maravillas del calendario, la animadísima marathon de los castillos del Médoc o fiestorros locales llenos de cerveza o hamburguesas, como aquella barbacoa que nos prepararon tras la celebración de la Fairlands Valley Challenge, y le entra una insana envidia contra la que hay que arremolinarse para no terminar orate perdido. Hombre, siempre se pueden organizar idioteces marginales como La Peor Maraton del Mundo, o pruebas cariñosas como aquellos extintos Castillos de Avila, pero tenemos un mercadillo correril marcado por los parámetros chip+camiseta técnica+rapidez. Si dan una camiseta de manga larga más bonita aún, más gente se apunta a correr y a luego trotar por los parques con el trofeo de combate, la cabeza del enemigo en la mano, al que no ha decapitado sino comprado a precio de oro Ivoclar (a 1.7€ el km está poniéndose la cosa).
Y yo le digo. “¿Vos a qué vas a Bilbao? ¿A intimar con Puppy?”
En la prensa deportiva aún colean las críticas. En los corchos de las escuelas de dibujo todavía figura el boceto del cartel anunciador como tarea mínima de corte para los alumnos sin capacidad alguna. Los foros y revistas del gremio runner tuvieron carnaza suficiente durante semanas, e hirieron hasta la humillación al comité organizador. La empresa contratada para homologar el circuito huyó con el dinero y hoy es investigada por la trama Gürtel.
Pero los corredores sois gente extraña. En la primera convocatoria de La Peor Maratón del Mundo (LPMM) todavía hubo dos personas que acudieron. Uno, desconfiando, quizá, se enganchó a media carrera, medio ebrio, previa llamada telefónica para ver si todo era un engaño de un equipo de sinvergüenzas. Otro de los que apareció por la linea de salida lo hizo sin imprimirse el dorsal, desoyendo las indicaciones severísimas de la organización. Aún así, un día en que Madríd tenia casi 40cm de nieve, tomó el metro, atravesó la ciudad, y se presentó en La Granja (L10). Quizá buscaba como premio ser descalificado para volverse a su casa tras la nevada y estar con su familia. Pero decidimos dar la salida con él, que pagara con su sudor el atrevimiento. Debió quedar encandilado con el reglamento.
Pues todo puede ir aún hacia peor. El recorrido está en el horno y supera todas las fallidas previsiones de esa oficina olímpica que pretendía meter a los maratonianos por sitios infames. La bolsa del corredor será aún más pírrica. Habrá menos impacto en medios. Menos presupuesto para marketing y peor calidad en el trato al participante. La cuenta atrás ha comenzado. Antes de que lleguen los alegres eventos navideños, a deshoras, desde un punto de partida inconveniente, la segunda edición de LPMM, la auténtica maratón de mierda, llenará las calles de zapatillazos, los bares de sedientos corredores y quién sabe si las pantallas de vuestros televisores de imágenes por las que avergonzarse.
Si conoces a algún maratoniano de vuelta de todo o que se aburre. Plantéaselo. Regresa La Peor Maratón del Mundo. 42 kilómetros más que dudosos. Diciembre de 2009. Dan alcohol al final y durante la prueba.
El eslógan de la prueba: Esto sólo podía darse en Madrid.
Mientras sacamos tiempo para soltar las piernas hacia delante, correr y correr, mareemos la perdiz. Ficción. O no.
[Despacho de Génova 13, 4ª planta. 09.45h CET]
Caras tensas. Rimeles colocados desde el coche oficial después de llevar a los niños a la asistenta. Barbas que aún huelen a Varon Dandy.
“Presidente. Venían de toda la Comunidad de Madrid. De todo el país, de toda España. Teníamos contratada una flota de autocares y encima vamos a perder pasta”, le espetan mientras se limpia las migas de un croissant plancha. Lo hace con el pulgar derecho y el índice, abarcando las dos comisuras a la vez.
El presidente del partido dice, aún con perdigones sueltos de la bollería de Mallorca, una de esas frases que nunca salen a la luz. Lapidaria: “Pero vamosh a ver; eshto es aritmética, como la que nosh hacían aprender a hoshtiash los Shaleshianosh”.
Todos se miran, algo está pasándole a Mariano. Desde que perdió setecientos pavos en una timba de Risk después de comer tiene complejas reacciones.
“Presidente. Comunidad de Madrid. Elecciones al parlamento autonómico de 2007. Tenemos 1,800.000 votantes. No simpatizantes, hijos de simpatizantes, menores o gente que ese día se iría de puente pero …. no. Votantes mayores de 18 años, que deberían haber arrastrado anteayer riadas de manifestantes”.
Y Rajoy pintarrajea en un post-it, con un leve arquear de ceja, como ido hacia otra esfera. Garabatos en papelitos de color violeta (se han acabado los post-it amarillos que usa para casi todo). Está aparentemente sereno. O ido. Eso es; parece flotar sobre un Santiago donde llovizna y a él le dejan tranquilo. Los deja sobre la mesa. Dolores va retirándolos y leyendo uno a uno, con gesto áspero, las anotaciones de un líder cuestionado. Entra un rayo de sol mañanero por la ventana y proyecta un cuasi divino haz de luz sobre los maletines de los fieles. El polvo en suspensión baila como Peter Pan.
“Asistentes al 17-O. Un máximo delirante (colocar a 3 personas por m2 lo es) daría 150.000 personas”.
“Solo votantes, un 8.3% de Madrid. Fracaso”.
“Descontando menores de edad. Un 4% (tachado, parece haber un 6 debajo)”.
“Bares, tertulias, hogares de jubilado. ¿Donde estaban?. ¿Había puente?”.
[...]
[Génova, acera de los impares. Al lado de la Banca March hay dos coches en doble fila. Cristales tintados].
“Se le ha terminado el tiempo. Dígame precio por los dos subfusiles. No tenemos toda la vida”.
“Ustedes, los políticos, siempre con prisa. Su tranquilidad vale, digamos, seis mil”.
“Hecho”.
Viniendo de una contestación al blog de Bandoneón, propongo que continúes con tus aportaciones este juego. En tanto matamos el gusanillo nervioso de los días previos a un viaje fantástico, se me ocurre que construyamos una piececilla de ese género tan bello que es el de la literatura de viajes. Iré editando y añadiendo lo que se te ocurra en ‘Comentarios’ como continuación del relato. No tengo idea de por dónde irá ni el título que tendrá (lo titularemos cuando terminemos con ello). ¿Juegas?
[......] Destilaba olor a naftalina la habitación oscura de aquel hotelucho de carretera al que llegamos los tres. De madrugada, desaliñados, malolientes y con cara de estar muy cansados tuvimos la mala idea de dejar hablar al único extranjero de la expedición. La cara de horror de la desdentada recepcionista debió ser un augurio que no supimos o no quisimos entender.
- “Yo conozco ese hotel. Es el hotel en el que Sabina pasó aquella noche con la Magdalena.”
Por la escalera que se veía desde el mostrador apareció un hombre con un traje anticuado pero muy elegante. Lucía un maletín negro, con el asa dorado y algo desgastado por el uso. Tenía un aire en su rostro que parecía decir “esto es lo que buscaba”. Marcos, dejó de mirar, por fin, a la mujer. Juan comenzó a mirar a ese hombre al que sin duda todos sufríamos, pero ninguno de nosotros conocía. No sólo era esa cicatriz lo que hacía que su expresión fuese cortante.
- “¿Le queda sitio para dormir unas horas? Vamos de camino hacia Madrid”, repliqué, mirando de reojo la expresión de mis compañeros, entre agotada y desconfiada, entre la borrachera de miedo y las gotas de sudor y salitre que aún traíamos por las comisuras de los labios.
Estaban siendo muchos kilómetros. A pie y en coche. Y no todo iba saliendo tan rodado como parecía
-”A ezztazz horazz…” el aire escapaba sin control por entre los agujeros de la ruinosa dentadura, produciendo un sonido silbante en todo semejante al que produciría una serpiente a punto de atacar. Los ojos de la recepcionista, desmesuradamente abiertos y brillantes, y cubiertos de un rimel oscuro y escamoso, acentuaban la impresión reptiliana que producía su poco agraciado rostro.
Por fin, la desaliñada mujer nos dió una habitación. Estaba en el primer piso. Un lago y angosto pasillo terminaba en una pared, blanca en su día, con intensos manchones marrones. La habitación era lúgubre. Un inmenso cortinaje rojo que se sostenía solo, ceerraba un pequño ventanuco que daba a un patio dónde las cajas de kas y coca cola estaban sembradas aquí y allá. Un camastro con una colcha que debió de ser gris marengo y un lavabo de color rojizo por dnetro y cafe con leche por fuera, completaban la estancia. Al abrir la cama, llegó la sorpresa: una gran mancha de sangre seca recorría la sábana bajera desde el cabecero hasta los pies de la cama. No cabía duda de que aquello era un picadero de carretera.
….
Otro día más.
Lo peor, la ducha. Un barreño grande, como bien dijo Luís, de un color indefinido. Nido de cucarachas y otras cosas así, como verdes, que parecían saber nadar y a las que poco molestaba el verdor de eso que debía ser agua.
Marcos sacó su GPS, que resultaba ser un móvil de última generación. Marcos siempre tan así.
- Cariño -dijo entre pucheros.
Juan, tímidamente se atrevió a sugerir que salieran de aquél lugar, pero sus dos amigos estaban demasiado cansados y borrachos, y además él no es de esos amigos a los que se hace caso. Es de esos amigos que te sacan de los sitios quieras o no, y así lo hizo. Les agarró del brazo y les convenció para ir al coche.
Pero tampoco él quería acabar ese viaje, así que condujo despacio, disfrutando del ruido de los neumáticos sobre la tierra a la salida del tugurio y disfrutando de la incorporación nocturna a la carretera.
Sus amigos dormían y el saboreaba los momentos vividos en ese día intenso. Miantras Luís soñaba que se acostaba con la novia de Marcos, éste pensaba en la última vez que vió a Roberto. El cual había tenido un pequeño affair en el pasado con la mujer de Juan, quien a su vez tuvo un percance con la novia de Luis, no recuerdo muy bien si antes o después de conocerse. Se cerraba el círculo.
Amanecía. La carretera era una cinta deshabitada e infinita jalonada por árboles contorsionistas. Miró por el retrovisor. Un coche enorme les seguía renqueante conducido por el hombre del traje anticuado que estaba en la recepción del hotel. La visión de aquel coche le sacudió el sueño que empezaba a apoderarse de él.
- ¡Mierda!
- ¿Qué pasa?
- Si fuesemos usanianos diría que nos persiguen los federales. Y el feo del hotelucho, va conduciendo.
- ¿Qué querrá?
- Yo qué sé; ésta no la he visto.
- Sí, tú vacila, gilipollas.
Mientras unos penaban por surgir de la caliente cama, mirando de reojo al despertador comprado en el chino, de rojo lacado y agujas fluorescentes, otros balanceábamos los brazos acompasando la zancada en una madrugada cualquiera del inicio del frío otoño de Madrid. A las siete de la mañana aún somos capaces de correr mientras hablamos de cine y de cines. Esta mañana éramos siete fúnebres que luego han quedado en cuatro gamberros transfigurados a la salida de los primeros rayos del sol, por el Este de Paracuellos. Tres y un chucho, que han demostrado ser los que nos cortaban el rollo, han ido de entierro por las negras sombras de la tapia de granito. Los cuatro que hemos quedado saltábamos de libro en libro, Fernando contante y sonante de sus idas en metro y el servicio de biblioteca adjunto, Javier, himalayista, confesando sobre la trilogía de Stieg Larsson y yo hablando de Roberto Arlt, un aguafuertista bonaerense del lunfardo que me descubrió Bandoneón.
Agustín no decía nada sobre libros. No lee. Mejor; como dice mi esposa, la humanidad ha perdido un intelectual pero ha ganado un gran mecánico. A la humanidad le va bastante mejor con los mecánicos, creo.
Benigni ha sido el homenajeado. Todos habíamos visto y disfrutado veces y veces, en versión original o doblada, La Vita e Bella. Oscarizada, criticada o elevada a mito del melodrama, los cuatro coincidíamos, a ritmo de trote por una autopista rural, en que era una película para disfrutar mientras el corazón se encoge de pena entre risa y risa. Cuatro sudorosos corredores, sin garbo ni arte ni concreción salvo una rara unanimidad por los gustos del sexo. Con una salvedad, como veremos luego.
Sobre Polanski hemos hablado de matanzas, de ritos satánicos, pero también de una estupenda Luna de Hiel (BitterMoon) donde Peter Coyote es el eje del mal que vive enfrascado en una satánica y ritual aventura sexual. Polanski es, además, centro de atención reciente por su detención en Suiza, arrestado por un proceso abierto en EEUU hace 30 años. Maravilloso el espíritu colaboracionista neutral suizo. Acorde con los tiempos de amor entre naciones, tiempos malditos de agradecimientos como el de Simon Peres al gobierno de Rodríguez Zapatero por rebajar los humos a las diligencias judiciales abiertas desde España (y que ahora, con la aprobación de la reforma de la ley, impedirán encausar a Israel por el genocidio selectivo en Gaza y Cisjordania).
Tras Polanski, piensen ustedes. Cuatro seres básicos, cromosomía masculina. Tras 10 kilómetros en las piernas ¿solamente se ha hablado de libros y de dos películas? Adivinen la temática del número tres. La Pataki. Pero a los cincuentones, ¿por qué os pone tanto Elsa Pataki? ¿No es por saturación mediática? Fernando dice que la vió un día de fiebres acusadas y que le llega por la cintura.
Ahí se abrió la veda. El riesgo de ser un mito erótico y trabajar seriamente para ello es, sencillamente, que caes en las soeces bocas de los machos desbocados, sin brida. Si enfocara su carrera en el mercado bursátil o en la nanotecnología, lo mismo también, en los despachos y corrillos del comedor del instituto de investigación. Pero lo de mito erótico es lo que tiene: todo cerebro masculino, órgano asociado a un pene, te ve como lo que te ve.
Ni gritando ‘¡María, la chiave!’ he podido sacar a los sudorosos deportistas de su soniquete. La Vida es … Polla.
Me pasan una nota. Mis criaturas, no ningún becario de redacción. Incidiendo en hábitos saludables es conveniente que los alumnos del cole de mis hijos no lleven al recreo alimentos poco sanos. Prohiben comer en el recreo bollería industrial, pipas, patatas fritas, refrescos, aperitivos embolsados, chucherías y unos misteriosos y preocupantes puntos suspensivos. Jodó petaca. Quizá haya alguno que creía que los problemas así, estructurales, eran de tipo tangencial, que afectaban a los americanos, que mataban a gente como Elvis (como cantaban Peter & the Test Tube Babies; “In August 1977/ Elvis met his fate./ But he couldn’t get into heaven/ ‘cos he couldn’t get thru the gate“). Pero aquí ya es un hecho.
“Sixty years later, we are again at risk of malnutrition but of a different sort, because we no longer have the knowledge of how to cook and use ingredients. It’s not just in Rotherham and the North, it cuts across the whole country. If nothing is done, obesity and diet-related health problems will have devastating consequences for the national health service. Obesity already costs the NHS more than smoking (£4.2 bn vs £2.7 bn). Experts now say the problem is escalating so quickly that in ten year’s time, 75% of people will be overweight or obese”
Un problema de salud pública que también tienes, ignorante, en tu portal. Lo mismo lo tienes en tu casa y no te das cuenta. Y es una penita que las escuelas sean las que tienen que incidir en esta educación. Lo normal es que estos valores los adquieras en casa. Lo moralmente inquietante es que la escuela intente pelear contra, ¿gigantes?, pero contra gigantes de tallas 54 de pantalon que apenas entran en su Cayenne, o monstruos que taponan la calle 4 de la piscina o bichos que degluten packs de 8 cornetes de chocolate mientras miran lo gastado en el cumpleaños del niño (en el McDonalds, he de recordar).
El cocinero de Naked Chef, un paisano de apenas 31 años que se ha convertido en una de las personalidades más influyentes de Reino Unido, ha lanzado un Jamie Oliver’s Ministry of Food. Una especie de bola de nieve en la que se enseña a cocinar. ¿Una campaña publicitaria? Una polla. El 60% de la población británica tiene problemas con el peso. Tras USA, el país de largo con más índices preocupantes y una población escolar que llena las mochilas de mierda a diario.
Y en nuestro paraíso de -hasta hace poco- comida y hábitos envidiables, también empezamos a ver señales de alerta. Y, al tiempo, cocineros que se preparan para un maratón, genios de la cocina que pierden peso en pos de una vida más saludable, o glamourosos pollos que cuidan la cantidad exacta de inspiración para sus platos, cuidan su aspecto y el de sus cuerpos, viven para los comensales. ¿Son dos mundos paralelos? ¿La España que come bien y la que come mierda? Es posible que vivamos espalda con espalda. Fíjate cuando bajes al parque a trotar o a recoger los críos o a por el pan. Verás, si comes en la carretera, que el español está empezando a ser, por asimilación y deglución, un tipo gordote, que sobrepasa el eufemismo de ’sanote’.
No regales tanta morralla, juegos de mesa, películas de animación o PSP3. Regala un libro de cocina, hay millones. Y da ejemplo con amor. El mismo Arzak dice, como consejo, “Siempre les digo a las amas y amos de casa que tienen que darse cuenta de que van a hacer feliz a quien va a comer”. El cariño porque uno coma y siga vivo, aunque solo sea para inscribirse en una puta carrera popular.
Estudiantes tiene varios jugadores con la gripe novísima. Un patio de colegio lleno de miasmas y un equipo profesional viajan juntos en el descubrimiento de la enfermedad. Según la ACB no es gripe A. Según el club, hoy se juega en cuadro. Llevemos máscaras, guantes de fregar y cantemos lo de ‘como me pica la nariz’. Así las cosillas, jugamos contra el Gran Canaria 2014 y los sponsors se están tirando de los pelos. MMT abandona al club por fichar para el Madrid y en 2 semanas salimos a portada diaria en todos los medios. Esponsors, joderos, enfermamos los primeros.
5.30.
Antaño era el grupo de las 5.55 pero es que, con los ajustes biológicos de mis jubilatas, que duermen poco y pronto, me veo a las cinco y media dándole al trote. Veremos a qué lleva todo esto. ¿A otro adelanto horario? Hoy, 12km.
Tortilla de patata.
Según Manolo Saco, la economía es como la tortilla de patata, todo el mundo asegura tener una receta magistral. Yo le digo que a mi me gusta sin cuajar por dentro, como si dijéramos. Lo malo es que la economía también tiene pinta de estar sin cuajar, con sus partes sin definir por dentro, que se desmoronan en cuanto cortas por un lateral.
Tres solteros y un maratón.
Tres platirrinos tomarán carretera y manta para soltar amarras corriendo no se qué de un maratón en Bilbao. La ciudad del Nervión pasa de ser bilbaomierdarocanrol a bilbaonightmarathon, asonantes y rimosas etiquetas que ya no irán de la mano, pero para un superviviente de las cintas tdk de 90 minutos con ZerBizio, Parabellum o Eskorbuto siguen siendo -dichas de corrido- lo mismo. Una excusa perfecta para ir de cuchipanda a la ciudad de los pintxos.
Ayer se celebraba, para quienes no sufran a Madrid año tras año o seais de los lectores ácratas que quemaron su sujetador y el calendario de festivos, el desfile del Día de las FFAA. Que no es nada de la Fórmula 1, sino las Fuerzas Armadas, el ejército del pueblo, vaya. Concretando hechos, se celebra tradicionalmente desde menos de 30 años en el Paseo de la Castellana, lo mismo que otros tantos eventos en el que incluímos vuestro querido maratón mapomero. Y las noticias de hoy abren con ello, con lo del desfile, que juntó a simpatizantes a sueldo que gritaban contra Zapatero, curiosos y madrileños que buscan eventos gratis. Sobre la composición del gentío, no he visto aún muchas fotos del público, pero prometo rastrear la Red. Y tengo una corazonada; yo también.
El desfile este, poco a poco, irá siendo como los finales de la Vuelta en la Castellana, los ‘gay parade’ berlineses o los mercadillos navideños. Místicos resúmenes temáticos de cuatro hilvanes y tradiciones, viejas o seminuevas, tanto da, que servirán para que las masas turísticas de interior acudan a rellenar festivos. Unos por aficionados a la serpiente multicolor, otros por ir a menear la bandera antes de la misa de una, u otros que no saben qué meter en los veinte días largos con los que los sindicatos de la enseñanza han conseguido autopremiarse por navidades, a falta de mejores cosas que conseguir para el sistema educativo.
Entre lúdico, masivo y rancio. De un lado típico, de otro adormecedor. Como una pierna de cordero y su posterior vaso de orujo.
Pero cuando pasa el desfile, esprintan los velocistas o se cantan los villancicos, a la clase trabajadora se le olvidan las hipotecas, las leyes del mercado y la venta low cost de los derechos adquiridos durante el marxismo. Se les cae la lagrimita y, mira, se sienten españoles, o gente sana que ama el deporte, o se ven perteneciendo a tradiciones centenarias y a religiones de buen corazón. Lo malo es que al lado suyo hay otros asistentes que siguen haciendo el molinillo y se llaman a la blackberry storm de la empresa diciendo que no se olviden de ‘lo suyo’ que por algo llevan 4 años recibiendo invitación para la cena vips del sarao, o que el domingo toca acudir a la manifa del partido en Colón. Estos son los que siguen dándole vueltas a lo de tararirodimisión o los que introdujeron las ETT o dijeron que Alcobendas era un sol de ciudad o que si la pinza de IU.
Lo dejé escrito no sé donde. Quizá en una servilleta de papel en aquellas tertulias de los 90 o en un lomo de un libro o, quizá, en aquellas carpetas que nos construíamos artesanalmente para tener la más punk para que quedaran delimitadas a la perfección sobre el césped de la UAM y los vasos de plástico de litro. Es algo así como: “cada día que pase te querré un poco más”. No es tarea fácil para la humanidad, pero a mí, sencillamente, la humanidad es algo que en el día a día me atañe poco, ayuda menos y -si me dedicase a ocuparme de ella- me enervaría hasta extremos no deseados. Por eso es de agradecer que la humanidad haya dejado vestido con sus verdes y negros el siguiente esquinazo, casi sin corromper.
Son las cinco de la madrugada y me despierta un goteo, un grifo abierto… me revuelvo. He dejado el despertador dispuesto para más de las siete. El día anterior la situación de poniente de la costa pontevedresa me la jugó y ví que amanecía sensiblemente más tarde que en el sumidero. Las siete las da el reloj acuático, ¿qué coños es? Una fuente que mana a las afueras de mi balconada. Es Fervenza, un conjunto etnográfico (toma) que recupera una casa noble de molienda en las afueras de Lugo. Muy usado para saraos íntimos, con fotos en campaña electoral de los de siempre, se trata de una casona del XVII hecha restaurante y una ampliada posterior convertida en hotel de la excelsa lista de Rusticae. Necesito de veinte minutos largos para desperezarme mientras caliento las piernas un poco; introducirse en el bosque que se alzó en 2007 con el primer premio en la categoría de Bosque Amenazado del Año, por el que discurre el padre Miño, a escasos centímetros de uno, es jugarse las articulaciones por la poca luz.
Pero la recompensa es inmediata. La humanidad que no merece mayúsculas ha amenazado apenas nada este sendero. Dicen que el plan es de alargar la senda durante casi 100km, a lo largo del Miño. Sabroso plan, pienso, mientras bajo hacia la orilla derecha del Neyra, remonto el puente y giro hacia Vilasante hasta completar 5 km que podían ser 5 meses.
De la piedra y la hierba que flota como una cola de caballo sobre las aguas heladas, de Paula y su gallega amabilidad, el chorro de agua que discurre bajo el muiño, una mesa vestida de gala, quedan las famosas fotos y las imperecederas imágenes grabadas a fuego en la retina, mejor disco duro que el digital. Los 5km de regreso son el giro a la prehistoria natural, el olor a desayuno y las sábanas que calientan la piel con caricias sedosas. Al final, la humanidad merece la pena únicamente por las sábanas, el cafe y el queso de Cebreiro con miel. Por eso puedo presumir de la mejor compañía posible, rescatada para diez, veinte o cincuenta años, para mí solo.
De Baiona se escribía que era una bahía ‘extensa y semicircular, delimitada por fertilísimos campos que en suave pendiente se extienden al pie de fragosas y altas cordilleras pobladas hasta sus cimas por casas de labradores y fincas derecreo’. Añadamos que se come de puta madre. Pero bien. Baiona tiene un tono sintético, claro y directo: aquí mandamos unos y, los demás, a verlas venir o a encajarse como visitantes ocasionales llenos de babas y con la boca abierta. Baiona, la del mejor Parador del país, resume todo eso en otro de esos lugares.
Queda en la mitad de Elduayen, el paseo marítimo más afamado de Galicia y de los reales clubs náuticos y de los percherones con jersey color (puto) azul marino. Ese palacio está trastocado en dos mitades que parece que las han segado a guadaña, y que se mantienen juntas porque Alá es poderoso y porque deben pagar algo más que a otros camareros veinteañeros. Esto permite que uno se aloje informalmente pero en un entorno tremendo, inmejorable si se cae una ventana al puerto, mientras que del lado derecho de la estrechuja recepción queda el restaurante donde los más visibles de la ciudad se sientan a tomarla.
Y es ahí donde Pedro Villamarin nos brindó un menú de degustación solemne, no estrellado pero ya con maneras exquisitas. Le entramos con un estupendo rosado berciano, un Tres Obispos, para que se me olvidara tanto puñetero ribeiro y tantos vinos blancos de los dos primeros días. Aún así el buen vino estuvo brincando en mi garganchón más de 12 horas, de hecho me lo llevé a trotar por la playa adelante bajo la lluvia, para tomar todo el arenal de la playa Ladeira, que muere en un rincón imposible con pinos, monte, barcas en bajamar y mil dones más con que el cenozoico ha dado a las rías. Coño, debería mercarme una foto de esa playa. Tiempo al tiempo.
Enfrente está una de esas bestialidades de la ciencia geográficas que es llamar al Monte Boi ‘península’. Desde que uno tiene contacto con la Geografía ha visto ups & downs pero una península no es eso. Una península es un cacho cuadrado más o menos con sus montes y poblacos y cuarenta millones de gañanes. Lo del monte donde queda ensillado el Parador de los Gondomar es un pastel de nata. Con pinos hincados en su centro. En vez de hojaldre vienen a colocarle unas murallas de granito y unos espacios insultantes donde, por 150 pavos, uno puede merodear y dormir.
Por lo tanto, apunten y disparen al segundo sitio, venusianos del dorsal y el chip. Entre A Ramallosa y un puente románico que hace temblar los catálogos del arte y el amurallado de Baiona, está esa bahía semicircular y tranquila a la que muchos marineros han ido a buscar cobijo y, algún que otro corredor, a respirar llovizna, rape, viejas teñidas y bastardos con polos marineros.
Sí, voy viéndolo más claro. Tras recuperar el ph de la piel después de tanto marisco y de baños térmicos, lo contaré todo, todo. Carallo. Tres lugares relataré aquí para que algunos saquen conclusiones sobre dónde se ha de ir a correr. Si, tras las tres partes, el mundo runner sigue adosado a los imperdibles que pinchan para mantenerte despierto en un madrugón por polígonos y carreteras, algo estará fallando. He tenido que montar un viaje de décimo aniversario para tomar decisiones profundas y que quizá cambien algo en mi vida. El primero fue descubrir lo siguiente:
Dicen que las ciudades amuralladas no pasan nunca de moda, que son milhojas cocinadas sobre restos anteriores. Puebla es un sorpresón del tamaño de las de Babilonia. La Pascasia es una tercera posada real que un grupo hotelero ha montado sobre las capas de una posada real anterior. Esto es, para entendernos, han magnificado la calidez de la piedra poniéndole amorosamente toques de minimalismo negro y blanco.
Las milhojas, de todos modos, tienen que saber elaborar las transiciones entre capa y capa. De ahí que los grandes sitios amurallados que sobreviven hoy día han ido moldeando más que machacando. Gormaz, Nínive, Tielmes, intentaron romper y encajar lo no encajable. Puebla de Sanabria o su prima cercana, Zamora, han ido subiendo del castro a la romanidad, del XII al XVI. El castillo sanabrés te saca de las casillas cuando intentas subir corriendo las zetas criminales de su escalinata frontal al Tera. Pero hay que subirlas, lo dicen las piedras que encuentras según se regresa del paseo de la vega. Se recomienda cerrar la boca para que no se salga el corazón por ella. Pulsaciones, 180.
El magno problema de la milhoja histórica, el aprovechamiento de una capa anterior como base de hojaldre, de murallón o de fortaleza, está -no creais- todavía por resolver. Un ejemplo. El menú que tan estupendamente presenta en su MichelínYayo Daporta, en Cambados; anda uno muriéndose tras los aperitivos (cóctel de albariño en dos temperaturas, huevo frito de codorniz con patata y chorizo, menestra de verduras con ave de corral…) y los bestiales pescados de los que Yayo quiere hacer su bandera -”un templo al pescado”, le insinué- y va y cae un solomillo de ternera con una milhoja pétrea. Hombre, no. Incluso un gañán culinario como yo aprecia cierta transición. Una hoja de patata no puede estar sustentada sobre un cinturón de beicon y poco más, sobre todo cuando se logra una textura patatera en otros platos (vergüenza me da siquiera mencionarlo), inimaginable. Es como la arquitectura civil. Sillares romanos reutilizados para colocar bloques en matacanes del XV.
Pero la milhoja es como el sedimento cretácico. En algunas ocasiones le salen tronchos dispares, discrepancias calcáreas. De ahí que haya que actuar siempre como en lo del correr; aprovechando los 40 primeros minutos con sabiduría para poder cruzar decentemente el Tera, dar las primeras 12 patadas a los escalones con tino, y ahí construirte una subida como la de la foto sin palmarla.
pd. Pienso retirarme a los 60 y aplicar táctica de tierra quemada en la periferia madrileña. Vayan buscándose un seguro de incendios.
A raiz de una pregunta retórica aparecida en el hilo de las aventuras americanas de Kilian Jornet, pensaba yo si su nivel absoluto de reinado es tal y podría hacer frente a los grandes lobos del correr, los africanos. En concreto, la pregunta de Sergio era si en esta distancia tan larga sí es vulnerable, a ver si nos entendemos, que alguno le puede ganar. Mis sospechas venían ante la enorme distancia que este año ha sacado en los retos donde ha pisado, es decir, una hora (!) al segundo en el UTMB y siete horas menos en el Lake Tahoe Rim Trail del record anterior, que estaba en 45 horas.
A lo que voy, es que hay parcelas de la cosa del correr donde aún no se han exprimido los topes. Kilian ha llevado a niveles galácticos la ultradistancia en montaña. Pero, ¿es el tope?, ¿hay tope?, ¿dónde está?. Y mirando, tengo algunas sospechas.
La clave está en los africanos, supongo. Si se pasan algún dia al ultra. Algunos ya han pasado por Davos como Ahansal (3º K78, 2007). Pero los premios en metálico son muy escasos comparado con el calendario de asfalto. Eso los echará para atrás. Aún así, depende si algún día empiezan a ver más posibilidades keniatas o etíopes de segunda fila y prueban. Ojo, que segunda fila ahora es gente que no hace 2h07. Pero que pueden hacer 2h12. De hecho, fijaos en estos segundones del ránking mundial de maratón.
Tiempo Nombre País Posición Prueba
2:10:22 Tesfaye Eticha ETH 3 Zurich 26 APR
2:10:24 Mohamed El Hachimi MAR 5 Wien 19 APR
2:10:26 Philemon Rotich Kipkirui KEN 6 Roma 22 MAR
2:10:28 Alex Kirui KEN 13 Paris 10 MAY
2:10:29 Kenneth Mungara KEN 3 Praha 10 MAY
2:10:30 Michael Njuroge KEN 7 Daegu 12 APR
Tercero Zurich, quinto en Viena, o decimotercero en París. No sé donde está la escala de premios pero sería interesante saber si estos fantásticos perdedores con 2h10 han planteado a sus mánagers que quieren probar en la novísima y glamourosa especialidad de los ultratrail.
El lenguaje tiene maneras y maneras de valer para algo. Unas veces, la mayoría, claro, vale para comunicar cosas de un emisor a uno o varios receptores. Otras solo vale para mondarse. No es que últimamente el humor haya sido tomado como la bandera del paraíso del idioma, sino que determinados sectores aporrean los tomos II y IV del manual del periodista y, tanto polvo sale, tanto inhalan y después escriben lo que escriben.
El ejemplo de hoy, día en que yo debería estar hablando de mi madrugón, de la mítica de correr a las 5 y media de la madrugada, de esos ratos de charla en tono bajo (para nomolestar) por los polígonos de vivienda aún dormidos, de la humedad de una amanecida de Septiembre, es el ejemplo que nos da el diario Público. A pelo.
Pelé apoya que Santander sea Capital Europea de la Cultura 2016
Eh, para, para. Pelé. Vale, un crack para abrir el titular. Apoya y, luego, ¿Santander? Es como juntar Mussolini, cocina y jalapeños. ¡Es que tiene truco! Nuestro tierno colega -con sueldo- de profesión escribiente nos da las claves a éstos obcecados seres que somos los lectores. Resulta que “Pelé será embajador de la candidatura de Santander a Capital Europea de la Cultura en 2016, gracias al presidente del Banco Santander, Emilio Botín, quien es patrono de la fundación que gestiona esta candidatura”.
Me voy a tomar un respiro bloguero porque tengo que reordenar mi vida. La pondré en el siguiente orden: [Viernes]. Surtido de ibéricos y quesos, Dorada a la espalda con guarnició acompañado de un buen albariño, Crepes rellenos de helado de postre, Café y licores incluidos y SPA en privado con cava, pastas y velas. [Sabado]. Aperitivo de la casa, Ensalada Templada de Vieiras con Melón y Crujiente de Ibérico, Salmón Ahumado sobre Crema de Queso, Aceite de Almendra y Reducción de Mango, Rape a la Plancha, Salteado de Verduras y Aceite de Almendras, Solomillo de Ternera Gallega con Milhojas de Patata, Manzana y Reducción de Oporto, Sorbete de Limón, Gelatina de Gin-Tonic y Teja de Caramelo, Semifrío de Naranja, con Crema de Chocolate Caliente y, [Domingo] Cocktail de Albariño, Huevo frito de codorniz, patata y chorizo, Crema fría de puerros con breva rellena de tartar de atun, Menestra de verduras ecológicas con huevo de corral y tocino ibérico, Mejillones en tempura sobre crujiente de arroz y algas con espuma de su cocción, Atún rojo de almadraba con tempura de verduras, Solomillo de ternera gallega con slasa de foie-gras y milhojas de patata y bacon, Mousse helada de queso de tetilla, espuma de membrillo y reducción de licor de café. Calculo que así quedará mucho mejor reordenada. Particularmente la visita a un Yayo Daporta, (1* Michelin, Cambados), una visita que me pone, es mi primer Michelin y comprobar cómo los cocineros jóvenes gallegos se han vuelto locos. Incluso han armado una especie de sociedad web (http://nove.biz) tremenda.
28100 Alcobendas, ESP.
Spanjaard es una marca sin registrar. Arrancó como personaje lejano y prístino en el foro de elatleta.com hará ya casi 8 años. Con el tiempo ha pasado por el tamiz de casi todo menos de una cosa: no entiendo la mayor parte de las chorradas que se hacen en ... Continuar leyendo »