Los auténticos protagonistas de los 50 kilómetros de Madrid que hemos pateado hoy, han sido Eva, Yoku, Carlos Velayos, Zerolito, Aspen, y Efejota (me dice mi niño Martín que “y tu”). La verdad es que unos minutos antes de que Fernando, mi compañia toda la mañana, se cansara definitivamente, yo estaba preocupado por que no terminábamos de ver al grupo de los paquetes. Pero cuando bajábamos hacia nuestro 40, allí iban. De pitorreo, alegres como cabritillas, y encarando su subida del 31 hacia la Avenida de la Albufera.
Los metí yo en esto, les calenté la cabeza, las bandejas de entrada de sus correos, y no veía el momento de doblarlos (ejem) para preguntar, parar unos minutos, comprobar si seguían con buen ambiente o si ese dolor de riñones y cabeza era vudú o un incipiente proceso gripal (huy, casi escribo grupal). Nada. Ahí estaban apostados en el avituallamiento del 35, obedientes, pulsaciones bajas, paradas y estiramientos, buen comer y buen beber. Y, bloqueando la calle en pelotón desorganizado sin siquiera un Pancho Villa que llevarse a la boca, estaban alegres y contentos. Así que salí con mi ánima en pena con la tranquilidad que apenas les quedarían los -eso sí- duros últimos 15 km. A poco que caminasen y nadie se pusiera de parto, serían héroes ultrafondistas.
Seis horas y once minutos después, veo que ya lo son. Les perdí la pista desde las cristaleras tras las que me cambiaba tiritando y con unos síntomas horrendos de trancazo, para ellos serían unas 4h50 en su paso por la última vuelta, pero esto ya estaba hecho. No es que hubiera captado algún colgado más para la pasión de las grandes distancias puesto que la prudencia les guiará (y espero que la paciencia en la recuperación muscular y articular). Es un peso de encima que me quité cuando recibí el primer mensaje de la Red. Este.
De mi lado, una más. Era la de iniciación de muchos así que tampoco era cuestión de ponerse a hacer alardes y dejar tirada a la gente. 4h40 y van…


Reflexionando, mira que yo me preguntaba qué sostiene esta carrera en el calendario. Poca participación aunque de lujo (nula la popular dadas las reglas IAU, con 12 horas de límite). Sin público, sin atractivo en su recorrido, y poca atención de medios. Supongo que GªNavas iría tirando muy personalmente de la carrera año a año, aprovechando que está en el calendario IAU (porque la RFEA pasa del culo del ultrafondo desde hace décadas), y la mera asistencia de media docena de figuras haría que Rafael fuera sacando patrocinadores. Pero ha tenido que llegar ahora su casi defunción, justo ahora que el ultrafondo (con cara renovada y diferentes normas) está teniendo tirón entre los corredores. En fin, selección natural, dicen.