Otra vuelta de tuerca al aburrido mundo del corredor

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Blogii et orbe

In 300 posts on Agosto 8, 2007 at 7:30 am

Ayer, adverbio innecesario en la blogosfera dado que ni posee tiempo ni necesita de la ordenación mental (además todas las entradas quedan registradas con su ‘blogdate’), quedaba la cosa en que hoy -itero dos veces en la misma piedra- intentaría dejar alto el pabellón. Como aquel que casi tiramos en dos conciertos de los Ramones, que luego pasó a ser un cochambroso refugio de los futboleros y que, lo que no hizo el hooliganismo, lo consiguiera el emporio de las constructoras madrileñas. Es ésta la entrada número 300 en mi bitácora, como gusta de decir Amador, y aprovechando que se está haciendo un arroz con pulpo para la sesión de tupper (pica tomate, sofríelo con aceite reciclado de alguna fritura de pescado en cazuela de barro, dora ajo [ubi alium, ibi Roma] y lanza cualquier enlatado de pulpo en aceite de oliva, rehogando el arroz y dejando que chupe lentamente un caldo de pescado /aquí el Magopepo tendría listo algún fumet sublime de la costa alicantina, el cabroncete/ y, tras su correspondiente chorro de brandy, en media hora manjar de emergencia listo para el trabajo), pues voy dando forma a esta entrada.

Dudé en tomar la calle de enmedio y meterme con el orden establecido. Por qué la 300-ésima entrada debía ser especial, si a mí me apetecía contar cualquier cosa diaria, y dejar la 303 para la crónica abulense o la 302 para sensaciones de Barajas o mandar el 307 a que le miren el paralelo de las ruedas traseras. Ayer tenía además la ocasión solemne de dedicar una entradilla a mi amada, que me conoció corriendo, corriendo me ve y de mi correr sigue pitorreándose. Un beso.

Pero al mundo del lector de blogs le cabe cualquier cosa, es asunto comprobado, que le toque fibras, le despierte de la siesta, le encienda o incluso -fíjate- le aburra. Sin … esperad, voy a darle un meneito al arroz. Ya; estaba quedándose corto de caldo y rectificado queda. Sin demérito de esfuerzos de quien escribe o de quien lee, iba yo a contaros un top 5 de los sitios más maravillosos por los que uno ha lanzado las zapatillas. Pero resulta que por todos lados se me cruza el arroz. Pienso en las sendas del Erdre, río afluente del Loira, de la Loire, creo necesario precisar, que arrancan desde el coqueto tranvía de Nantes por una ribera mundial que compite en belleza con las cercanas pistas por las que discurre le Sentier des Rois, el GR de los reyes (ruines e innecesarios e insultantes) del citado río. También se me viene a la cabeza una hermosa trotada otoñal, totalmente alfombrada, en el cercano cañón de ese Duratón de buitres y de fresnos y chopos. Cuando voy a por el tercer cajón de la selección, se me mete entre oreja y oreja un arroz recurrente pero sublime, del abuelo Pepe, con bacalao. ¿O quizá me equivoco y se le escapó el bastón de mando en favor del yerno?, ¿fue uno u otro el que bendijo aquella mesa de 3 metros, llena de buena gente y de arroz con bacalao de viernes santo con olores a azahar y limonero tardíos?.

Decidme, blogia y mundo, si he de colocar yo o vosotros los siguientes lugares por orden de belleza, del bronce al oro (politizado, mediático, sangres mezcladas, poietinas, salbutamoles para una juventud mecanizada en los tiempos modernos del deporte de competición). Añadid los dos lugares anteriores antes de que se me cruce -ya viene el aroma de la cocina- un arroz, con bogavante éste, con pacharán, alboraia a un lado y esposa a otro y amigo a otro, trío indecente que se estiraba entrecerrando los ojos a la espera del juicio final. Ponedles lugar y orden, y después añadid los que a vosotros os hayan parecido los mejores lugares del mundo para correr. Quedan las praderas glaciares del Piz Kesch (alpes suizos), los canales nevados de Amsterdam por la noche y, no sé, hagamos patria, cualquier rincón de la ladera segoviana del Guadarrama.

Va por vosotros. Me voy que aún llego tarde.