Observación post mortem: tras un mínimo de 30 minutos de trote, la reducción a la mínima expresión es tan palpable como las tostadas de pan con tomate que me acabo de apretar. Resulta que esta mañana me ha dado por pensar en mi polla, tal cual. Cree que ahí está gran parte de la cosmogonía humana, la sínfisis del deportista y la epistemología del turrón (del duro).

Factores de riego, temperatura y erección. Todo parece indicar que la polla se llena de sangre mediante esos cilindros musculares que se llaman cuerpos cavernosos. La falta de riego, por consiguiente, produce la reducción del tamaño de nuestro miembro. Ahora bien. Mitos.

1. Haciendo ejercicio ponemos a tope el riego sanguineo del cuerpo; en concreto, las piernas, sin el movimiento de las cuales corremos bastante peor. ¿La polla no está cerca de las piernas? Inquietante… así que hay algo que bloquea la circulación de partes tan próximas.

2. Estímulos visuales y auditivos hacen que nuestro cerebro, malnacido él, comience a ordenar la producción de testosterona, responsable de que la erección de nuestro marmóreo monumento sea un hecho y nos haga orgullosos propietarios de eso que vamos contando por ahi, herramienta imparable, sin capacidad de desgaste alguna, sin control y sin comparación en todo el reino animal. Oh, nuestra polla. Pues bien, corriendo raro es el día que no tengamos conversaciones de machotes, nos crucemos con vosotras lectoras corredoras y no deportistas, paseantas de perro o de media tarde, agentes de la policía local, pescateras, repartidoras del 20minutos, os confieso que todas nos producís placer visual. Por contrahecha, baja autoestima que tengáis, flaca o anchota, da igual, de verdad, os aseguro que nos gustáis todas. Esto quiere decir que en un trotecillo de al menos una hora, el cerebro debería desencadenar esas erecciones un mínimo de 3 veces. Dependiendo del grupo, del ritmo y de la edad, pero vaya, os garantizamos que estamos pensando constantemente en sexo.

Pues nada. ¿Llevamos desenchufado el cerebro mientras corremos?, ¿es tan pernicioso el correr que hasta utiliza las hormonas sexuales para intentar seguir el ritmo del contrario? No me digais que es así, porque primero vienen las prioridades de mi miembro; que se sepa, primero, mi rabo. Luego, el correr. Parafraseando a Torrente:

Hay dos tipos de hombres: Los que se lavan las manos antes de mear y los que se las lavan después. Yo, me las lavo antes. ¿Por qué?, dirás. Porque mi polla es sagrada. Hay que reverenciarla. Oooooh..! ¡Es el centro del universo mundial! ¡La manguerita de la alegría!

Seguiré preguntando, sondeando, investigando. Esto no puede quedar así. O las cosas de comer, o las del correr.