Leo en un foro las preocupaciones de un muchacho que iba a correr por primera vez esos 42km horrendos y sus 195 metros mágicos. Algo así como

no estoy lo suficientemente preparado para el que iba a ser mi primer Maratón […] en los últimos dos meses no he podido cumplir con constancia mi plan de entrenamiento por motivos familiares, vacaciones, trabajo y un viaje de última hora. […] Creo que mi nivel es aceptable para seguir entrenando más a fondo y hacer algunos diez miles y alguna media antes de intentarlo en MAPOMA 2009.

Sin pretender quitar hierro a algo muy serio, ¿es realmente necesario ser de hormigón armado para resistir un debut en maratón? El chico confiesa haber hecho ya un rodaje de 32km y, bueno, sólo ha faltado que cumpliese con regularidad con el plan. Ay, el plan.

Me he permitido contestarle de la siguiente manera. ¿Acertada o desacertadamente, según vosotros?.

Si tenías todo planeado ¿por qué no haces el maratón en 40 o 50 minutos más que tenias pensado? Es una estupidez leyendo lo que uno lee en los foros, pero:
1. sales, disfrutas de todo el ambientazo, trotas 50 minutos y paras en el avituallamiento del k10.
2. Estirar, bebes, caminas 50m a la salida del avituallamiento y así llegas hasta el avituallamiento de la media o del k25. Te tomas UN BUEN PAR DE MINUTOS charlando y relajando con los voluntarios, a los que puedes agradecer su labor, etc.
3. Te quedan 17km, en tramos de 30 minutos de trote y 5 caminando los terminarás antes de que te des cuenta.

Suma todo, verás como no te sale algo tan descabellado. Habrás debutado, se te habrá quitado la angustia y ansiedad de “tu primera carrera”, y si eres un fan de los cronómetros, ya tienes una mejor marca personal fácil de batir en la primera apuesta que cruces con tus compañeros de trabajo.


El fondo del asunto es: ¿hasta dónde debemos mitificar un esfuerzo de cinco horas al trote suave?, ¿o mejor participar sobre seguro controlando siempre las variables físicas?. ¿Dónde debemos introducir nuestra responsabilidad?. Más aún: ¿debería alguien retirarnos de la carrera en cuanto nos viesen excesivamente fatigados? Conociendo las variables temperamentales del corredor español, no es raro que nunca aprendiesemos a correr sobre seguro, suficientemente suave y con suficiente margen de ritmo y pulsaciones. En seguida entramos en ritmos, planes, seguir a tal grupo, mejorar las marcas de anteriores ediciones… en definitiva. Corremos llenos de estrés.

El debate, con el tiempo, ha ganado en variedad. Unos predican su preferencia por correr los 42km con un minimo de preparación. Algunos llegan a decir que estamos hablando de “correr” un maratón y que tirarse cuatro horas y pico sobre el asfalto sobrepasa los límites de cierto riesgo para la salud. Pero los riesgos ¿vienen dados por la preparación o por el ritmo del día de la carrera? Estamos hablando de pulsaciones en el dia D, de acumulación de ácido láctico, de esfuerzo coronario, deshidratación, pero ¿en un día en concreto?. Para mí, por ejemplo, es más antinatural y nocivo entrenar durante 2 meses por encima del umbral del deporte-salud, combinar 3×2000 con días de 1h40 a R2, y luego rajarse de una carrera 48h antes (síndrome maratonitis aguda), que salir corto de preparación y sin pretensiones, sabiendo que no deberíamos oir pitar al pulsómetro, o preparando una serie de paradas absolutamente relajantes. Por poner dos casos diametralmente opuestos. Pero es la gracia de las carreras de larga duración: entusiasman e implican a partes iguales. Y también asustan.