Concurridísima la matinal de ayer Domingo. Subimos a saturar un poquito más los aparcamientos de Cotos y aledaños con el objetivo de subir a los niños hasta los 2020m de la laguna de Peñalara. Ya tienen años para pasear durante 3 horas si no es muy escarpado el terreno -reconozcámoslo, subir 4 pisos sin ascensor es más escarpado. El padre necesita poca motivación para salir a escurrir el escaso ácido láctico que quedaba pendiente de las casi 3h por la montaña del sábado. Pero dos neuronas en acción como mis hijos requieren de un ‘algo más’ para hacerles pasear por un monte que no presenta problemas. El truco fueron unos sandwiches de Maasdam y salmón ahumado.

Había gente culebreando por todo el ribete precintado de la laguna de Peñalara, nuestro trocito glaciar del Guadarrama. Sobraba gente por el cedrón, pero no demasiada. Había unos buenos grupos familiares en Navacerrada y montones de prendas de nuestro templo contemporáneo, decathlon. Subían grupos de asesinos demenciados hijos de puta haiendo derrapes por las revueltas en bmw serie 3 (y un cabecilla filmando todo desde el que cerraba caravana). Ascendían media docena de ultracorredores por el arcén (¿no hay caminos?) de la CL-601 supongo que preparando algún ultra trail. Gente por todos lados.

Por haber, había hasta barullo para encontrar mesa en la capital del acueducto. Por suerte un Arribas no entiende de distancias y a escasos 150m por Fernandez Ladreda ya no hiede tanto a turista. Mesa libre y menú contundente enLa Codorniz; sopa castellana y filetes de lomo con patatas, mas su postre y medio de vino. Había cabalgata de tipos raros en ropas informales Juan Bravo adelante, hacia el alcázar, mientras el minutero de Segovia iba y venía con ese entramado de maderilla con el que te retrata. Holgaban los participantes del kilómetro vertical de Valsaín en la plazuela de La Pradera y se apelotonaban los japoneses en la entrada del centro de recepción de ganado ovino de la plaza del acueducto.

Gente.

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