Vamos a lo que más nos gusta: escribir crónicas pomposas de las hazañas humildes con las que rellenamos nuestras horas de ocio. Y por delante hay tela como para dos sábanas: el GTP, a partir de ahora. El ultra trail que la RSEA Peñalara se sacó de la manga y que ahora tendrá que dominar. Se ha despertado la bestia. No por mí, ya me desperté hace tres cuartos de hora; es por la magnitud de la prueba. Por fotogramas.

1.

Gran Trail de Peñalara (110km aprox, 5100+). Un proyecto que tiene el viernes 2 de Julio a decenas de participantes sentados en círculo alrededor de la dirección técnica y que, el mismo día siguiente, asombrará por la dureza de lo que habían detallado. Lo cierto es que muchos participantes habían preparado tramos parciales pero nadie intuía qué iba a suponer ponerlos como vagones de tren, uno tras otro, ese dragón peñalaro. Entre los que iban a poner cara al dolor en niveles aún no recordados, como dice Yoku, a “lo más extremo que he hecho en mi vida”, se encontraban varios tipos de participantes: los curtidos ultrafondistas, los aventurados a asomarse al vacío y un ramillete de hombres-bisagra, a medio camino entre soportar muchos kilómetros y aguantar tremendas pateadas por la montaña. El paso de la prueba por un kilómetro tan fatal como el 90 pondría a todos sin excepción a pensar sobre qué mente retorcida había diseñado ese tramo del GR10-1 con sus 1500m lineales a más del 40% o por qué teníamos que mirar hacia arriba, angustiados, a los 2390m del risco de los Claveles, mientras cae la noche y se nos pierde la esperanza de saber, de ver al menos, hacia dónde nos despeñaríamos.

2.

El macarra serrano de tendencias osbornísticas va conduciendo por Rascafría su seat córdoba rojo y agita dos banderolas españolas con el bordado del toro negro. Son días de euforia vespertina y algunos participantes llevan incluso la radio para cubrir eventualidades (que España marque) pero es así; tomamos las cosas con tanto empeño como nos pida el cuerpo. Rascafría es a media tarde una sartén a la que es necesario llegar pronto para dos retos: sobrevivir a las interminables pistas que descienden y renovar los votos a los hados del clima. Era una cosa que tenía por seguro en cuanto amanecía con un día nublado y nieblas varias: había que apretar sin tregua hasta Rascafría. Después la atardecida moderaría las temperaturas. Pero decenas de participantes quedaron atrapados en la subida de temperaturas mientras descendían a ese km 55. Rascafría, nombre refrescante y paisajes llenos de agua, abrasó a 1/4 de los que por allí pasaron. Suerte que los magníficos voluntarios nos dieron de comer y beber maravillosamente. Luego marcaría Villa, pero a muchos nos pilló a 2400m de altitud.

3.

La tercera estampa es la de Claudio Luna, ultracorredor y fotógrafo, sentado en una terracita mientras se empuja unas raciones en una pausa. Ha estado fotografiándonos en la ascensión sombreada de la Morcuera y ahora nos lo topamos en un curvón que marca el inicio al Reventón, bajo una sombrilla con primera línea de mesas mirando hacia donde venimos. La cámara yace recalentada en un lado del plato de ensalada y de su cerveza. Los acompañantes y amigos que fotografían tras una curva o en mitad de una cuesta son el aderezo de momentos de soledad. Por mucho que corramos acompañados, el debate se ciñe a tí y al terreno, cierto. Pero cuando la cabeza ha perdido los elementos de llamada, aparece (si tienes suerte y has podido salir de tu cascarón de homo urbanita) ese componente de la biodiversidad llamado ser humano entusiasta que te dice dos cosas, te pregunta alguna obviedad o te pasa una mano por el hombro.

4.

Son las 7 y media de la mañana del Domingo. Acabamos de saludar a Ppong en lo alto del Puerto de Navacerrada y bajamos al refugio de la RSEA Peñalara. Un escaso porche donde nos avituallamos antes de bajar, por fin, a meta. Un compañero está sentado con los brazos cruzados en un trono de plástico y cierra los ojos un segundo. Dobla instantáneamente por un cansancio propio de las pruebas de ultradistancia. Las noches y el esfuerzo continuado hacen afirmar eso de “no vuelvo a participar en pruebas con noches sin dormir”. Pero afirmamos a diario que no iremos a trabajar con resaca, que no volvemos a tirar el dinero en loterías, o que no nos vuelve a pillar el atasco de la M30 hacia la A-3. Las carreras de montaña necesitan de todo lo que tu cuerpo es capaz de dar, incluído un poco más. Hay que mantenerse despierto o darás puntapiés a raices, rocas y desniveles, destrozando tus uñas. Perderás el equilibrio y caerás de bruces. En algunos recorridos, puede que la hostia te suponga hospitalización seria. Por eso el compañero se dejó abrazar por la silla de terraza que había recostada en la derecha de la puerta. Justo según entrabas, escapando del exterior, intentando encontrar miradas cómplices de los demás sufrientes, el amigo dijo basta y se miró a sí mismo, hacia dentro.

5.

Yo. Brevemente. Periodo de trabajo infame. Viernes tarde en el que ni cargo hidratos ni bebo a conciencia ni tengo tiempo para poner los pies en alto. Este proceso previo desmontó parte de la estrategia; tras asistir a la recogida de dorsales, me tengo que volver otros 60km a tirarme de cabeza en el contenedor de basura de mi calle a buscar una bolsa que tiré por error. 21.30 y decido cumplir con mis padres. Otros 60km de coche. Charla, cena ligera ideal para darse el morrón y otros 70km de coche. Me dan las doce de la noche y estoy mirando qué hay en la bolsa del corredor. Pero se levantó un día fresco, subimos la Maliciosa a ritmo estupendo Edu y yo. Nos llovió y ayudó para bajar por bellisimos senderos de la Pedriza, y salir arreando a los sucesivos pasos marcados: la Dehesilla, la hoya de San Blas, eran los puntos indicados para trotar y ganar horas. Pero a la Morcuera no se podía subir a saco. Edu flaqueó un rato asi que esperamos mejor oportunidad. De nuevo sobre 1800m, Pto Morcuera, hora y media sobre los controles, en tiempos previstos. Los gemelos se han quedado sin gasolina y dan la lata descendiendo hasta Rascafría mientras doy con Carlos Zanoni, otro legendario de los foros. Es callado pero seguro. Abajo en el valle ya hace calor pero las mismas nubes de tormenta protegen la ladera sur de ese monstruo llamado El Reventón (2020m), que subo con calma. Las 20h en la cumbre me aseguran llegar de día a Peñalara, pero por medio quedan otros 110 minutos a más de 2200m y cresteríos asesinos. Marca Villa  de una puta vez y nosotros tenemos que descender con 70km en las piernas 1400 metros de desnivel en apenas 9km. Suponemos que llegar a La Granja, Real Sitio y Real Caldo, es garantizar la prueba. Ya dice Ppong, “no teneis nada en las piernas, ahora solo hay que correr con la cabeza”. Así que lo mejor es no pensar en, consecutivamente, los 32km hasta meta, remontar caminando hasta la provincia de Madrid, ni en cómo subiríamos a la Fuenfría (se materializó la peor previsión: subiríamos por el camino más cabrón posible).

Había quedado a las 9 ó 9.30 con mi mujer en meta. Ivan decía que debería estar antes. Pero se bastante bien dónde puedo ganar horas y donde no hay ya que rascar. A las 9.43am estaba de regreso tras 117km y 25h43 minutos de ultra trail.

[FIN PRIMERA PARTE]

Anuncios