Han pasado dos semanas cumplidas desde la bestialidad a la que nos apuntamos para presumir ante nuestros amigos y en la red, y el cuerpo ya está pidiendo a voces que lo saquemos de paseo, que está regenerado, que los pelos de las piernas ya campan como ralladura de hierro en campo imantado y que, en definitiva, no es de ley tirarse minutos sin final viendo el Tour, ese gran circo de la muerte lenta sobre la bicicleta, esas palizas, esos paisajes, esos chicos presionados sin mesura para que día sí y día también se saquen los ojos, y uno siga en huelga de piernas caidas.

Coincide todo esto con un lunes 19 de Julio en que unos subirán el Balés hasta Bagnéres de Luchon y otros estaremos preparando el mochilaje para viajar a las tierras del Essex Trail y de las defensas costeras contra el Napoleón al que parodiamos allá por Febrero. Harwich, desde el Ha’penny Pier hasta las ondulaciones de Dovercourt, Little Oakley y el esquinazo en que hay que girar en Rectory Rd donde Ye Old Cherry Tree, o el paseo por los footpaths que salen a The Soils.

Hace 24 años salía a correr por primera vez hacia aquellas sendas asfaltadas que no tenían nada que ver con los caminos de la concentración parcelaria castellana, con los carriles y las cañadas y cordeles españoles. Antaño uno se apuntaba a las Clacton 10 Miles y ahora esa un pueblo turístico al que recurro para remojar los sofocos de ese esquinazo de East Anglia y bajo a los niños a comer fish & chips. El tiempo corre así de despacio para unas cosas, y tan lento para las otras.

Por ello me llevaré las babuchas de corredor y un pantalón corto. Por Londres o las costas, toca empezar a despertar las piernas.

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