Sucinto Report del Spanjaard England tour 2010. Por parte de padre y culinario.

Todo comenzó con un prólogo en el jardín: un asado casero en c’a de mi familia, con día fabuloso y las siguientes viandas: roasted ham, Yorkshire pudding, verduras del huerto propio (atención al cambio de tendencia de los ingleses tras aaaaños siendo considerados comemierdas), salsa de menta, gravy, y más etcéteras de los que uno puede citar. Aún no habían empezado nuestros deportistas a correr, saltar y lanzar en los Campeonatos de Europa de Atletismo, ni yo a desempolvar las zapatillas de la maleta. Eso vino después, tras un epígrafe que merece comentario aparte, en el que se demuestra que uno es un ser de tierras adentro, de camino, de senda y de tierra firme.

En los Londons, después de haber trillado las carreteritas de East Anglia, visitado maravillas, aguantado a mis menudencias, curado el dolor del hombro (no pasa nada, lo contaré más adelante) y trotado tres cuartos de hora por las lanes que me vienen viendo desde más de 20 años, triple de exotismo.

1. Restaurante Arirang. 32-34 Poland St, al lado de Oxford St. El primer coreano de la ciudad, según su folleto. Menús del día coreanos y japos donde hemos repetido, por menos de 10 libras por barba. Discreto, callado, hasta el momento en que entramos nosotros, lleno de asiáticos, sopas excelentes, tirayakis, eso. Educación para los paladares aún sin malversar.

2. Sonargaon. Buffet libre, un tanto de pelea pero estupendo en contenidos -y mira que estábamos ya saturados de sabores del mundo entero (uníos)- en la zona del Bangla-town (32-38 Osborn St, Shoreditch, al NE de Liverpool St), una vez sorteados los métodos de márketing de los hindúes con sus ganchos en la puerta. El arroz con leche de coco, sublime. Mis hijos acabaron casi naufragando entre tanta comida.

3. Idem diez números más arriba, ya en Brick Lane. Cafe Naz. Buffet libre donde hincharse, de corte hindú clásico. Excelente por todos lados. Consideren la fijación por las comidas abundantes como un intento por resolver ecuaciones con dos niños que comen como adultos y una nómina reducida. También porque había que justificar luego los trotes por la recién renovada fachada fluvial de Londres, una estupenda red de terrazas y callejas en el South Bank por donde corre medio Londres.

Mañana, más. Y algo más específico de lo que nos emociona en estos blogs: sudor y dolor.

El post scriptum de hoy: las uñas que heredo del amoso Gran Trail del Peñalara son como los helados Drácula. Negro, rojo violáceo y blanco. Molan, son más vintage que la tienda donde nos metimos en Brick Lane.

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