Se me ocurrieron diez o doce cosas mientras pululaba por Londres y alrededores este mes pasado. En ocasiones me decía mi santa ‘eso lo puedes contar en tu blog’. Como la anécdota en la que me disloco un hombro en un laguito pacífico mientras remo y me tienen que sacar remolcado como un mejillón. Pero luego pulso dos o tres veces el botón izquierdo del ratón buscando un sentido a la blogosfera y me encuentro que la realidad es otra. La realidad no existe, dice el amigo Manolo Saco.

Yo creo que la realidad va y, en Agosto, se dobla sobre sí misma y se mete en un bar con aire acondicionado o bajo el tejadillo que sobresale de la entrada de su bungalow. Cierra los ojos y dobla el sudoroso cuello. Sobada perdida. Es tontería publicar mucha chicha en Agosto salvo si se está elaborando un material de utilidad, como está haciendo Sergio Fernandez en sus revisiones de material para correr. Conocido, por otro lado, que el material de mi blog son cuchilladas temporales y que se hunden en el tiempo (salvo los rescatadísimos y populares posts sobre ‘Mi Polla’), pues opto por comentar dos ramificaciones del Thames sobre las que he estado corriendo. No las tengo subidas a wikiloc pero existen indicaciones suficientes por si decides ir a Londres y trotar por ahí. Total, por lo que pagais… Van.

El Thames Path, por el este. El original es un sendero de gran recorrido que tiene, desde su desembocadura, unas 180 millas (casi 290km) y que entra en el Gran meollo urbano de Londres Este por el distrito amable y maribero de Rotherhithe. Hasta el muelle enfrente de la torre del Canary Wharf vine trotando entre un tejido de callejas, traseras de viejos muelles (wharfs) y almacenes y demás. El punto de partida era el cogollo de Tate Modern / Millenium Bridge, así que todo trote hacia el Canada Wharf fue por la orilla sur, llena de terrazas, escaloncillos, pasadizos bajo emblemáticos puentes, una delicia si no fuera por la cantidad ingente de homínidos que la poblaban. Pero Londres es un reclamo turístico mundial y yo mismo un ejemplar de la fauna magnetizada por ese fenómeno.

Trotar o troticochinear es agradable y desde primera hora está lleno de seres en zapatillas. Bellezones arquitectónicos como la Hays Galleria, o el Butler’s Wharf del Shad Thames. Además existen escapadas al hiperespacio mental donde uno viaja en el tiempo, siempre hacia detrás, buscando a Sherlock Holmes o a los estibadores que cruzaban bajo el puente del tren en Southwark St. Si vas por Londres, déjate atrapar por un recorrido al trote bajo las vias, cuando el sol apenas ilumina y las luces del coche que sale de Redcross Way forma un haz a media altura.

El Thames Path por el oeste. Desde el mismo punto de origen hay dos variantes. Por el Southbank, la orilla sur, uno se topa con las masas en el National Theatre y el marasmo esdrújulo de la hiper-noria de burros tamaño king size que instalaron para el milenio. Pero evita el colapso peatonal del Westminster Bridge, puente desde el que se debe parar un segundo y tomar aire: desde este se sale en la centenaria carrera London to Brighton que desde este blog tantas veces hemos hablado. La variante sur sigue liviana como una culebrilla por una embaldosada orilla surhacia el Vauxhall Bridge, que es un buen lugar parar cruzar al trote y girar.

Lo del trote es relativo porque en ese momento me piqué con un pakistaní en camiseta fosforito, pero sirvió para regresar por la Tate Gallery, una sombreada orilla norte y de nuevo los pasos de peatones llenos de pollinos de dos patas frente al Parlamento y demás edificios del Londres post incendio de 1666. La orilla norte tiene menos jaleo pero también menos atractivo. Es cuestión de elegir susto o muerte y, si nos sentimos bravos urban running motherfuckers, adentrarnos a Trafalgar Sq y demás calles llenísimas de autobuses de dos pisos y de hordas de estudiantes italianos (dios, ¡han dejado el país vacío allá en casa!).

Algunas fotos robadas de todo el espectro de la red. Dueños citados.

Source: Discoverlondonbridge.co.uk
Source: google st view
Source: Haysgalleria.co.uk
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