Uno, para estar rastreando por aquí, páginas y blogs y tendencias, para terminar dos cuadros que tengo en la cabeza, arrancarme sin parar con una novela que tengo empezada. El que miro de lado y del que me río, desde el otro, el retorcido, el que suda y duele, se duele a sí mismo.

Realmente necesitaría varios más. De los dos primeros salen ramificaciones como fotocopias clónicas hacia dos mundos divergentes. Varios cuerpos para soportar los brevazos de la vida y otros muchos que se den cuenta de que los demás viven situaciones millones de veces más duras que el primer grupo. Lamento desconocer si terminarían dándose de hostias en una calleja pero prometo ponerme del lado de los realistas. Un cuerpo que se queja de pesadez, de falta de tiempo para correr, de gases o de estar todo el día quieto, ese no ha visto que su sensación privilegiada es un papel de pan de oro que recubre su idiotez. La acondroplasia encierra un ser humano en auténticas limitaciones. Un trastorno psicótico te retira de la realidad a puñetazos. La hidrocefalia te asesina de manera cruel y lenta. Una queja sobre michelines de agosto es un insulto.

Solamente son quejas de un imbécil sin horizontes.

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