La (des)organización emite el siguiente comunicado.

La Peor Maratón del Mundo ha muerto, viva la madre que la parió.

En unas condiciones propicias para un fracaso anunciado, muchísimo calor desde los días anteriores, posiblemente consecuencia de que era el 28 de Agosto, un terreno inusualmente polvoriento y arededor de unos cantos de sirena en forma de moza semidesnuda, aunque de plástico del chino, y de una nevera repleta de cervezas de varias tonalidades, lo complicado es que hubiéramos dado siquiera diez vueltas a una larga milla conocida por muchos como la milla escombro.

A las 18h15 salían tres valerosos asistentes, bueno, dos valerosos asistentes y un organizador… esperad, recapitulamos. Salía un asistente engatusado por dos terroristas de las pruebas a pie, de tan buena pasta y condición que no declaró encontrarse bajo una fascitis plantar. El bueno de Pablo el francés giraba y giraba a un ritmo más lento del previsto pero ahí estaba, confesándose e intimando. Intimando con Bandoneón y con Spanjaard, trío de conferenciantes cocidos bajo la solana del peor día del mundo para correr sobre el peor circuito del planeta. Ni jungle marathon ni antartic pole run. LPMM ponía los ladrillos uno sobre otro en pos de su destrucción. Encima los colocaba sin argamasa ni cemento.

Difícil fue llegar siquiera a las 10 vueltas. Sobre los 18km llevábamos más de 2 horas de pausas y zanganeo. La incorporación de Ana a las tribulaciones añadió una prórroga sutil y vaporosa pero, creedme, todos teníamos en mente terminar de arrancar a nuestra barbie la ropa y abandonarnos a la concupiscencia, a las tostadas, los tomates del huerto de Bandoneón, y las mil cervezas. No me veía, personalmente, corriendo solo como un hamster hasta las 24h mientras mis invitados participantes se bebían todo y reposaban en el jardín del area mixta.

Ni un momento dramático, ni una lágrima. Ni una rimbombante declaración o solemne comunicado. Un alivio de proporciones cósmicas que me inunda las venas y arterias y quizá hasta el páncreas. Que le den mucho por culo a la peor carrera de maratón del mundo. El final ha sido así: he terminado aborreciéndola hasta yo, su supremo hacedor.

Ahora tengo que recuperar los tendones de aquiles, que se me quedaron tostados después de 3 horas y media para unos horribles 28km.

Fin de ciclo. Es hora de pergeñar otras cosas.

Editado: saludos de Maurice.

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