Personalizaré por un día, aunque no es de mi estilo, salvo para tirar cuchillos sobre alguna figura de la prensa monárquica. El sábado por la mañana estábamos cruzando el pelotón familiar ese paso de cebra homicida que queda entre los dos estandartes de la restauración fronteriza, ese festoneado de refugios y bares y clubs de montaña añejos que es el puerto de Navacerrada de la sierra de Madrid, cuando veo un coche conocido y una melena al volante. Grito y paramos a hablar con el amigo Pablo, Vega para más señas, archiconocido de la esfera digital e ídolo de muchos runners que vivís como adolescentes este mundillo marginal de la beatlemanía sobre suelas de EVA y pulsómetros.

El tío Pablo saludó a los sobrinos postizos y pasó a anunciarme su intención de inscribirse en la querida Madrid-Segovia en la que estoy embarcado. Interesante, por cuanto se halla en un intento de exprimir sus límites para el maratón de Chicago. A quienes su nombre (el de P. Vega, no el de Chicago) no le suena, reseñarles que sus intenciones eran las de situarse entre los primeros 50 clasifcados de una prueba de 40.000 corredores.

Le acabo de contestar que termina de meterse en un melonar interesante. ¿Por qué? ¿Qué hace mal o qué tiene la aventura de original? En esencia, porque en España hay dos modos de acercarse desde la élite al ultrafondo casi contrapuestas. El ultrafondista de élite de ruta, el de las 6h30 en 100k, el ejemplo de un Jose Mª González heredero de muchos 2h25 en maraton y con la base que actualmente, por ritmos o condiciones tiene ahora Pablo, y por otro lado el killer de la montaña, nuestros Roberto Heras o Kilian Jornet, criados en el monte y en pos de los grandes ultra trails que más atraen -precisamente- a Pablo.

A este personaje lo conozco desde unos cuantos años. Nos hemos tomado café en un esquinazo de Prinsengracht allá por 2001 en su regreso de una gira californiana que escribió hace lustros, y hemos sido baqueteados por el calor en un intento de kel-2-kel por las sendas del norte madrileño. Como la confianza da asco (en casa es cariñosamente conocido como pablo pijo), le he planteado que tiene una disyuntiva cojonuda por delante. Sé que le tienta un apartado por reto y otro por motivaciones filosóficas. La Mad-Seg que tengo el gusto de organizar (junto a un equipo excelente) está a medio camino de ambos mundos, pero más cerca de los trails USA. A ver cómo sale de este meollo. Capacidad de consumo de diesel tiene a patadas. Más que para ir a 3.11 durante 42km en asfalto, creo yo. Hace tiempo me comentó que ha probado variaciones en su alimentación y las probaturas le han conducido a una dieta interesante de la que extrae las reservas de un modo bastante propio.

Ahora está en un impasse por forzar muscularmente, y es que intentar hacer 2h18 en maratón tiene su aquel. Pero el sabado salía a hacer 3 horas por montaña a ritmo suave y, quizá, encontró la chispa de motivación que le faltaba después de haber estado todo el verano acumulndo horas de rodaje por la montaña.

Sabio consejo de ancianos y opinautas, ¿creéis que podemos asistir a una reconversión fructífera? ¿Qué perspectivas se pueden esperar de un rutero polivalente pero rápido? Pablo, ¿qué tienes en la cabeza?

El susodicho. Y es que en kalifornia no hay guardia civil.

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