Anoche estuvimos trasteando en la entrega de dorsales de la ilusionante Madrid-Segovia que organizamos para mañana Sábado. Somos un evento más de la marea que unta como mantequilla las sendas y vías pecuarias españolas cada cierto número de años. El haber sido Año Santo compostelano incide mucho en las ganas de embarcarse en las más variadas maneras de asomarse a este recorrido cultural e histórico; y es una fiebre incombatible, según se puede ver en las estadísticas anuales, en las noticias que se van organizando en toda la Red.

El grupo de colgados que trabajamos al abrigo del paraguas de MadriDeporte, el club Ñ Ultrafondo, y otras entidades como la Asociación Madrileña de Caminos de Santiago hemos diseñado una variante más, la deportivo-recreativa de un tirón, a medio camino entre el ultrafondo y la caminata. Pero hay unos mendas que la han hecho en Motorettas, otros ofrecen hacerlo en burro, en fin, como he leído “es la mejor operación de marketing de la piel de toro”.

En un mes y algo tendremos la oportunidad de ver cómo es Galicia en plena explosión gris y verde, con los cielos de noviembre lloviendo sobre nosotros desde la mañana a la noche. Los cuatro alcohólicos sin remisión que nos juntamos para cosas como la Napoleonienne o para el raid de Robledo (atención agendas, apuntaos esta para final de año), estamos ya reservando noche, cama y plato a mitad de camino entre O Cebreiro y Santiago, localidades que uniremos en un itinerario histórico hecho a riñón. Da lo mismo que llegues en dos meses viniendo desde Ginebra, Suiza, o hagas seis jornadas de bicicleta desde Getaria. O transcurriendo por los hotelitos de la ruta del Norte o la de la Plata. O haciendo 156km en dos días rodeado de los mejores amigos o en pelotón desde las torres de Plaza de Castilla y, quién sabe, si por tramos futuros.

Al fin y a la postre estamos hablando de una manera más o menos personal de hacer turismo. Hay quienes intentan imponer la componente espiritual, lo hacen en todos los aspectos de nuestra vida y todos los putos días. Me inclino a que estamos ante una ventana discreta y manejable de la aventura de viajar. Mismamente, la escritora belga Adeline Rucquoi -sin duda una atea poseída por Satanás y enemiga de la fe española- ha aseverado que el Camino Francés está promocionado como una ruta turística que venía muy bien para repoblar los territorios recientemente recuperados en las batallas contra los reinos musulmanes.

En fin, mil formas y todas ya inventadas.

Os dejo un fragmento de su entrevista al hilo del Congreso de la Historia de Navarra que organizó la Sociedad de Estudios Hispánicos.

“Hasta la segunda mitad del siglo XI, los peregrinos no cruzan los Pirineos. Viajan por mar. Desde Burdeos, Nantes, Bretaña, o desde Inglaterra, van a Gijón o Avilés o directamente a La Coruña, a Betanzos.. Y si vienen por el Mediterráneo, les es mucho más fácil viajar por el Ródano, embarcarse hasta Barcelona, pedir un salvoconducto al emir de Zaragoza, y subir por la antigua vía romana a lo largo del Ebro”.
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“Tras crearse el Reino de Aragón, en 1035, los reyes y especialmente Sancho Ramírez (con el que el Reino de Pamplona queda integrado en Aragón) hicieron un gran esfuerzo para desarrollar su capital, Jaca. Fundaron el hospital de Somport para que los peregrinos pasen por ahí, y sigan el camino al sur de los Pirineos. Un poco más tarde, con Pedro I y Alfonso el Batallador, ya cuando se ha perdido Nájera y la parte sur del reino de Pamplona, se va a invertir en Pamplona y Roncesvalles. Eso además, coincide con un invento fabuloso.
[…]
El Papado estaba poniendo en duda que Santiago estuviera enterrado en Galicia. No le interesaba otra sede apostólica en Occidente. ¿Cómo demostrar que sí? Atribuyendo el descubrimiento de su tumba nada menos que al emperador de Occidente, Carlomagno. Esa historia se inventa hacia 1090 o 1100 . En el Codex Calixtinus se cuenta la historia de Carlomagno, sus hazañas, el paso de Roncesvalles, la caída milagrosa de las murallas de Pamplona… para después en ese quinto libro, la guía, crear un circuito turístico y atraer a los peregrinos por ese Camino que pasa por Roncesvalles. “Vengan por aquí”, les dicen, “que es donde Roldán quebró su espada, donde Carlomagno se arrodilló en Ibañeta…” Ese circuito turístico interesa a los Reyes de Aragón y Castilla, porque la Reconquista avanza y para ocupar el terreno hace falta gente. Por eso se otorgan todo tipo de fueros para esos pequeños pueblos”.

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