AVISO A ALÉRGICOS. Atención, post mantecoso. A lo largo de la semana retorno a la línea habitual. Podéis hacer huelga de click durante 24 horas.

No sé dónde lo oí -lo sé pero tampoco es plan de hurgar- pero me decía, ‘da igual que venga Pablo Vega’. No. No da. Posiblemente desde la perspectiva global de entender una prueba de gran fondo como cúmulo de participantes a los que preparar todo con ecuanimidad y celo, sí da. En mi ámbito de trabajo consideramos que un participante es un todo al que llevamos las facilidades a la punta de su email, al que sumimos en una lista democrática donde uno es un número ordenado o un apellido en orden alfabético y al que marcamos la noche, damos líquido o pasta en la cena del avituallamiento, sin más.

Personalmente esperaba el paso de un tipo como Vega por una de estas. De las pruebas de 10 o 20km al camino puro y duro. Después de tratar con él más o menos profundamente desde el año 2000 he tecleado bastante con él, incluso hemos intentado correr juntos para su desesperación, intuyo. Sé por donde va. Hemos tomado una Heineken en el Villa Zeezicht (Torensteeg 7, Amsterdam) y nos hemos tronchado con algunos momentos californianos y otros menesteres. Cuando casi me atropella en el puerto de Navacerrada y se baja a confirmarme que estaría en nuestra Madrid-Segovia, supe que habíamos dado en el clavo. Algo estábamos ofreciendo al público que había atraído a un amante de un modo de correr. Quizá es una evolución natural en los eventos que diseña ese superequipo llamado Ñ Ultrafondo, muy parecida al sentir del mundo ultra norteamericano. Lo mencionaba Bernat Mora: el primer evento ultrafondista donde si pido café en un avituallamiento me contestan que si con leche o cortado. Y si pides un cigarro nadie se sentirá herido en la esencia del correr strictu sensu. Tranquilidad, relajación y correr para disfrutar y conocerse a uno mismo. Nos asustan pocas cosas ya.

Mis colegas de organización, aun siendo unos tipos mundialmente conocidos por la capacidad de reacción, se vieron en las de colocar todo con más rapidez porque Vega superaba las previsiones de ritmo a partir de mitad de carrera. Esto mismo intenté añadir en aquella conversación; chicos, si corre Pablo tenemos un tío que irá bastante deprisa. La semana pasada, en plena recuperación de una lesión corría siendo 2º en Dublín y 1h08 en media. Que un pavo de objetivos como hacer menos de 2h20 en maratón salga en una prueba tan especial como la Madrid-Segovia significa mucho de bueno porque eso es que nos aprecia. Pero también significa un manojo más de aspectos.

Es un escaparate para la carrera. Un vencedor así, que debuta metiendo una hora a un ramillete de experimentados ultras, da más lustre a nuestras aspiraciones. El margen que posee de mejora aquí el amigo le va a llevar a seguir experimentando y pronto será otro nombre más de los adorados en foros, webs y revistas. Para mí, además, es que estamos ofreciendo una prueba que da para que el personal experimente: tipos que se encuentran una noticia en un foro extranjero y aceptan viajar a Madrid de vacaciones deportivas; corredores habituales que se animan a experimentar qué hay más allá de los 30  40km; queremos acompañar a otras carreras ya consolidadas como los 101 de Ronda, en el descubrimiento de experiencias más allá de un calendario de ruta y asfalto un tanto saturado; en difundir que correr más horas y más despacio es menos lesivo que apretarse seis dosmiles a tope.

Vale que Pablo es un vacilón y un ánima del purgatorio y aborrece los macarrones con tomate. Postpondremos su crucifixión a ver que se nos trae de Chicago donde irá a soltar las piernas y donde espero que comente a más de uno la existencia de un mundo más allá. Que os cuente él que tiene más gracia. Bueno, no tanta.

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