Tengo la fea costumbre de haberme aficionado a las mañanas de coche con radio. El panorama no es tan desolador como el papel o las versiones digitales (donde el otro día escribían ‘optener’ en un titular) pero, por favor, arreglen un poco el erial cerolíngüe, que no pongo radio marca ni cadena dial (mi religión me impide colocar sus hyperlinks). Que es Radio 3, hombre.

Así las cosas, en Hoy Empieza Todo, sale un prenda enterado de las últimas tendencias y presenta a un grupo un pelo anodino (es demasiado pronto para mi cuerpo y demasiado tarde para mi mente) del que dice [traduzco fonéticamente] que ha “tocado en el Carnech Hall”. Supongo que en Nueva York tienen Carnegie Hall donde decía el chaval de Ruta 66, pronounciado /ˈkɑrnɨɡi/ KAR-ni-gee (incluso /kɑrˈneɪɡi/ or /kɑrˈnɛɡi/), y será ahí donde toquen Neil Young o la putísima madre de Dirk Kornflake.

‘Carneich’, o sea, /ˈkɑː.nɪdʒ/, es cómo se dice en inglés masacre; carnage. Precisamente lo que hace nuestra población con los idiomas. Es preciso reconocer que no toda la población española se atreve a perpetrar el asesinato sistemático y violento de un idioma extraño. Gente con más vergüenza que incapacidad optan por encerrarse en una vieira termosellada en la que se lee, orina y bebe cerveza el Aguila en español. Sí es cierto, en cambio, que hay un Carnage Hall moderno y posibilista.

A por él. Los escuchas a diario. O los lees.

“Muerte en masa a lo propio, a la Ejpaña cañí”, piensan, y se dirigen a por las llaves de su loft de Malasaña y se abrigan un poco porque, haga frío o no, el cosmopolitan español tiene que abrigarse.

Hoy empieza todo.

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