Haruki Murakami. Reloaded.

De un lado el fenómeno fan y de otro el vacío. En los últimos meses no hace más que circular la correspondencia electrónica sobre las maravillas de este literato de lo pop. Hey, pásame el libro de Murakami. Oye, lo tengo en word. Que si las sencillas e incontestables sensaciones del salir a correr contadas desde dentro. Que si la modulada escritura japonesa. Que si por fin cuentan qué sentimos todos, legión batallante de runners que vivimos para salvar la armonía planetaria.

Pues, oigan, mi mujer cambió el De Qué Hablo Cuando Hablo de Correr por un tren eléctrico cochambroso en un mercadillo benéfico, y ayer me lo empezó a leer mientras hacía una maigret de pato para un arroz caldoso. Qué flojera. No flojera porque la mujer de uno le lea mientras uno cocina, entiéndaseme. Me refiero a esa flojera que te entra cuando le hincas el diente a algo y ni sabe a nada, o ni por asomo transmite. Dos momentos fueron claves; uno, cuando me descubrí pasando páginas a toda pastilla intentando salir de párrafos sosísimos, donde cuentan por ejemplo “Desde que a finales de mayo de este año me trasladé a Cambridge, Massachusetts, correr ha vuelto a ser uno de los pilares de mi vida cotidiana. Y corro bastante en serio. Cuando digo “correr en serio” me refiero, hablando de cifras concretas, a correr sesenta kilómetros a la semana. O sea, a correr diez kilómetros al día durnte seis días a la semana. La verdad es que preferiría correr diez kilómetros al día los siete días de la semana, pero cuando no es porque llueve es porque tengo mucho trabajo y tampoco puedo correr. También hay días en que estoy cansado y no me apetece. Por eso me reservo de antemano un día a la semana de descanso“. ¡Por favor!, ¡que parece el diario de un mediomaratoniano! 

El otro fue cuando me quedé absolutamente dormido con el “De Qué” en el doblez entre michelín y bajovientre.

Quizá sea un hastío de montones de buenos blogs donde todo esto ya lo habéis narrado. Están los acuchilladores del escribir del correr, los pausados y detallados descriptores de las salidas tarde a tarde, las crónicas-ladrillo llenas de momentos emocionantes, no sé. El libro de Murakami es flojo para un corredor exigente pero también es dulce para el corredor floral y naturalista. Ya digo que siento frialdad, entre otras cosas. Quizá lo que siento es que no tengo cojones a arrancar de una vez ese libro tanto tiempo pospuesto. Murakami sintió un 1 de Abril de 1978, a las 13.30, viendo un partido de béisbol, que iba a ser corredor. Debería mirar qué hora es por si tengo que decidirme de una vez a ser escritor o lo que sea.

El que diga que escribo como él se gana una hostia.

p.d. De Qué Hablo Cuando Hablo de Correr está editado por Tusquets, que lo comercia por 17 pavos. Lo mismo que cuesta inscribirse a Canillejas.

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