Lo he leído. No diré donde porque apenas recuerdo en qué foro ha sido. Pero es un pensamiento sugerente, saliendo precisamente de un practicante habitual de grandes pruebas de fondo y montaña.

El otro día en facebook se mencionaba de pasada el … ah, sí lo recuerdo, era fb, digo que se mencionaba la evolución de los organizadores hacia empresas y los calendarios hacia casas de locos. O algo parecido. El asunto es que para un formato nuevo que está asentándose en España, los ultra trail (digamos que pruebas por campo y montaña de alrededor de 100 km o más), tenemos este año lo siguiente: en el fin de semana de más fama en todo el veranillo ultra, el que se disputa el Ultra Trail du Mont Blanc, meca, thermomix de los europeos donde miles de participantes vuelcan sus objetivos y calendarios, se disputarán a su vez:

– La segunda edición de la recién nacida Ehunmilak. Las 100 millas brutales de los chicos de Gipúzkoa, que este año deberán asentarse y por fin atinar con la suerte y logísticas para poder brindar a los participantes una super prueba.

– Nace el Ultra Trail de Andorra. Otra de 170km y más de 10.000 metros de desnivel. El mismo día. Dí que sí.

Claro que todo el mundo tiene derecho a colocar su prueba donde patrocinadores, gestores de parques naturales, organizadores y clima permitan. Todos sabemos el lío que supone cuadrar tu proyecto con los requisitos de permisos, compromisos de instituciones, etc. Además es muy posible que haya nicho para tener diez carreras al día, siempre que no pretendamos contar con más de 50 participantes. Algo así como un meeting de la Golden League pero por mitá del monte. Pero, ¿no estan tirando piedras contra su propia tienda de campaña?

De ahí salía el comentario inicial. Alguien debió pensar “eso, igual que las carreras en ruta”. Cuando se vea que montar una logística de 120 personas durante 3 días para 140 participantes no es rentable, empezarán a desaparecer carreras, no serán sino solo las que vienen respaldadas por las marcas deportivas y nos tiraremos de los pelos los que los mantengan todavía. Si es que del estrés de organizar ultras no terminamos todos calvos antes.

Por un lado el paraíso del participante, por otro el suplicio del organizador. Tu, ¿qué opinas?

Anuncios