Otro profano más escribiendo sobre vino. El sábado pasado se celebraba el primer día de la Feria Primer Vino 2010. ¿Esto qué es? Pues así, someramente, no es una reunión donde las viejas aparecen acompañando a cualquier papiro dispuestas a arramblar con dos o tres platos de papeo. Eso son los cocidos solidarios. Primer 2010 es el evento de presentación de los vinos de maceración carbónica, los vinos del año. ¿Qué supone esto?

Uno llega y se enrola en la hilera o ringlera de populares catadores. No se refiere a catadores con dorsal y exigiendo cajones de salida y alfombra de chip, sino al público asistente que se persigna como un torero ante la faena del mes. Por delante 20 expositores que muestran al mundo 26 vinos a concurso. La sangre fría dura apenas dos pasos. Albiker es el primer referente. De las alavesas Bodegas Altún, ha sido colocado psicológicamente en un lugar prominente. Pero uno es como es y vive con quien vive. Nos lanzamos a abrazar a nuestros amigos, olvidando a qué hemos venido. Nos dicen que este año la sorpresa es insular. Así que tiramos de primeras a por un vino llamado Maciá Batle. No, battle no, gilipollas. Estos baleares tienen una chica discreta y que sonrie a discrección. Pero el vino no nos sonrie. Hay que destacar que son vinos decantados por el peso, sin llegar a fermentar alcohólicamente, sino que se vinifican a lo burro, enteras, en depósitos cerrados donde se crea una atmósfera rica en dióxido de carbono, siendo posteriormente prensadas. Esto hace que los vinos vengan jodidos de todo el viaje y de las semanas que llevan de procesado.

Más o menos como la sala del Palacio de Congresos pasadas las 8 de la tarde. Es un vino que no tiene el poso de los reservas o crianzas, ni ha pasado por roble ni maderas. Tras esta demostración de corta pega de información sin hilo ni conocimiento alguno y recuperada la verticalidad, pasamos a Lanzarote. Un señor muy amable con el pelo blanco y bigote nos explica las peculiaridades de la isla mientras nos asombramos de un perfume que proviene del vino. Es el maceración carbónica de Los Bermejos. Yo me figuro que Lanzarote es como un granero negro y gris donde los verdes de las vides son islitas venusianas. Lo olemos una y otra vez y damos coba a la botella en forma de lágrima. No sabe igual que huele. Mi amigo Bartolomé Sanchez (de Opuswine, que ya tienen hasta twitter y blog, Sorbo a Sorbo) nos explica sobre las variedades de uva y lo bien que se está en las islas sin la filoxera. Sé que también tienen la Transgrancanaria y demás ultras. Aquí cada uno sabe de lo que sabe.

Tomamos aire y nos embalamos. Mi santa y yo vamos cada vez más sueltos de stand en stand. Hemos decidido ir a por un esquinazo donde están los de Castaño (Yecla) y Bruno Ruiz (V. Castilla). El Castaño es para agarrarse un pedal dionisíaco y lo anotamos para comprar. De una cata en Santa Cecilia el año pasado guardaba el recuerdo de una botella del ecológico Ruiz Villanueva. El muchacho de Bruno Ruiz está sudando, ha tenido un viaje horrendo y unas prisas enormes para procesar el envasado anteayer. Ve que no está terminado y ante tanta disculpa opto por una mirada fría de enólogo, casi de enópata. Siento no poder ayudarle pero se recuperará. No me necesita. Es tremendo lo chungo que es al olor. Ese aceitunado amargo de algunos vinos es, en su caso, un olor a pies después de correr el GTP. De sabor tampoco anda fino y lo rechazamos. Será un riesgo de la cosecha cien por cien ecológica, me voy pensando entre remordimientos. Pobre chaval, finalmente. Ahí al lado hay más animación. Vamos a ver.

Aquí el corredor metido a todo hace tiempo que desea besar a su santa acompañanta. Desea besar también a toda moza que atiende en stands y secretarías de la feria. Desea besar a una conocida que vende en la tienda y al chico con camisa empuñadísima que da a catar el Higueruela. La bodega de los de Santa Quiteria producen una perla y serían los triunfadores para mí. Esto de no tener ni puta idea de vinos es como acercarse puro e intacto a una bacanal sodomita. El primer contacto no te deja indiferente. El Higueruela de 2009 ya era bueno pero, coño, el de este año te llamaba a voces. Esta estupidez fue repetida por mí, spanjaard en picado en barrena, ya en expositor tras expositor. ‘Es que este vino falta que te llame, que se venda solo’. Valiente subnormal, pensaría cada uno de los bodegueros. Más sucinta y sensata fue mi amor, que calificó de mimoso este excelente vino del año. Bingo, dijo mi amigo Tolo, el catador. Es eso, es mimoso. Joder, empecé a creer que le seguía la corriente porque yo no estoy tan buena. Coño, por eso tengo que jugar con los argumentos de la llamabilidad y vendibilidad del vino. En fin. Peleas de machos.

En la parte de arriba de los pasillos estaban bodegas como Prada a Tope, esencias de torreznos y morcilla en mi cerebro y garrafa, los de Ramirez de Ganuza con su Erre punto (muy bueno, joder, leo que ha sido preseleccionado como finalista), y de algunos de sitios tan periféricos como la vega de Guadiana de Almendralejo que tenían para probar un Vigua que, en las notas de mi esposa, obtenía cariñosos apelativos. Lo cierto es que la mejor semblanza de la feria es la anotación a mano de mi santa en la guía de la muestra. Con un trazo tembloroso, tomado por el alcohol, en rojo pilot, y con esa letruja de apuntes de psicoestadística, sus etiquetas son las que me quedan de esta expedición por el mundo de los coloraos, de los pijos de bodega, de los modernos enterados y los habituales de las clases de cata y cursos de enología. Teníais que haber visto la fauna, queridos lads and peeps.

En fila caían posteriormente (y no necesariamente en este orden, a quién coño le importaba ya el orden) el Baigorri navarro, los Azul de Piedra (Toro) y el Fariña vecino, un buenísimo Luberri, tuvimos una charla con un comercial que anotaba todo lo relacionado con nosotros, nos pedía email, teléfono… a ver. Aclaremos. Creo sinceramente que estaba mosca porque nos pegó un abrazo a voces el buen amigo Manolo Saco, con el típico discurso de ‘ten cuidado con estos dos que parecen unos despistados pero dominan el tema hasta etc’. El despiste se apoderó del expositor de Heredad Ugarte y acabó sacando para que probáramos su lote de Martín Cendoya (24 meses barril, reserva familiar).

Uno, consecuentemente, se siente sorprendido con el poder que se ejerce aplicando la máxima de la seguridad personal: estoy aquí con referencias, nadie me conoce, todos me tiemblan. Es incluso mejor que la aventura de ser un mistery guest, tal me contaba un día el buen Pepo entre grandes risotadas. Es ser un personaje de comedia británica donde yo que sé. Se me ha ido el hilo ya que estoy redactando estas notas aún bajo los efectos de mi mp3 destructor y el excelso Tintoralba dulce que nos hemos apretado para merendar.

Addendas:

Queremos desde estas líneas dar un sincero aplauso a los que nos dieron de libar el Peña La Rosa de Fdez Eguiluz, Luis Alegre de bodega homónima, el Eneas de Muga riojano, el Palacio Canedo (Prada a Tope), Tierra del Mañá (Sta Quiteria), el Tavera, un Castillo de Alhambra de Manzanares ciudareá bastante peleón el hijo de puta, el tempranillo de Señorío de Guadianeja, el Vigua 2010. Os merecéis mucho más. Incluso esto podría ser un divertido artículo en el que parodiase mis andanzas y un hipotético final en la cárcel tras perder seis puntos de carnet de conducir y una pelea con un retén de la policía local. Pero esto es un blog, no un confesionario.

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