Eso. Ya podeis apuntaros a los doscientos kilómetros de los Monegros o dar sesenta vueltas al término municipal de vuestro pueblo. Después … esperad, que se me está yendo el cazo que tengo de fondo a una hija de Angel Cristo que dice que “ni muerta en la bañera”. Digo que después de estas fechas ya podemos apuntarnos a que nos metan tubos aspiradores por el mismo ano, nos cortisqueen como los mongoles torturaban a los soldados japoneses o nos cuezan con laurel.

Fijarse. Fijarse. Esto es el remate del recontriremate. Después de asados, asaúra, champanes de Almendralejo, langostinos del Lidl. Hay que hacer como el Froilán y Marichalar, que los cazaron en la cabalgata de Reyes de ayer con el paraguazo abierto para arriba, hinchándose a  rapiñar caramelos. Eso es preparación para la fría cuesta de Enero. Aprended de los altezos reales. A dieta de caramelos, copón. Y es que uno acaba con los límites rondándole las arterias.

Para prueba, un pegotón. No un botón. Un pegote como los aproximadamente 34 megawatios como el que ha salido esta tarde de dos trozos razonables de roscón. Os adjunto una foto porque miedo me ha dado cuando le he quitado la nata (disulfuro de Belcebú) a un monstruo de la empresa Paspan. Sí, esa que surte las butís del pan de vuestro barrio.

Ya pueden caer horas de gimnasio. O eso, o ya pueden pertrecharse en urgencias durante las próximas semanas porque esto no lo saca uno tan fácilmente de las tripazas.

Siento que esto sea un blog en horario infantil, pero ahí va (con especial dedicatoria a aquellos que ahora andáis cambiando pañales, que es lo que me ha recordado).

Efectivamente. Iba a poner como referencia un saladito del Rodilla o un yogur, pero el tamaño del reloj es suficiente. Asusta, ¿eh?

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