Una noticia impactante. Alberto León, ex ciclista de élite y persona imputada (o implicada) en la operación Galgo, se ha suicidado este Lunes en su domicilio de San Lorenzo del Escorial.

Los enlaces:

http://www.marca.com/2011/01/10/atletismo/1294691838.html?a=CHE7de5aa0e1e10131ba8803911cf72fe8d&t=1294698627

http://www.elpais.com/articulo/deportes/Hallado/ahorcado/implicados/Operacion/Galgo/elpepudep/20110110elpepudep_11/Tes

Comenta Carlos Arribas en ElPais que “En una de las escuchas telefónicas los agentes escucharon como León le decía a Eufemiano Fuentes que habá descubierto que estaba siendo seguido por los investigadores”. Es de suponer que la presión pudo más que León y decidió terminar con su vida. Y esto debería llevarnos a reflexionar un poco desde la óptica de personas jóvenes con cosas en la cabeza (de reflexionar como deportistas, hablo luego).

Es terrible que una persona joven haya visto acorralados sus valores para, primero, embarcarse en un mundo tremendo de intentar bordear la legalidad (por fuera o por dentro) y, segundo, decidir suicidarse. En sí que fuera implicado o imputado, traficante o dopado, es tan secundario como la chaqueta que llevaba. Descanse de una vez en paz, aunque la sociedad le deberia haber dado respuestas para descansar mucho antes.

Sobre lo de que esto es un blog de deportistas y debemos hacer piña y sentirlo más que si se suicidase un gordo seboso fumador, estoy en desacuerdo. Quizá la generación de mitos, grupos de identidad y modelos a imitar haya sido parte del problema.  No tengo claro el papel que juega todo el circo en la generación de ideales. Toda sociedad desea tener sus campeones, sus mitos. Es el fenómeno circense el que nos lleva a perder la ética como espectadores pero ¿y cuando implicamos a nuestros chicos en la participación? Cuando tenemos treinta y seis años y un trabajo y dos niños pequeños, desde el sofá o desde el teclado podemos, muchas veces lo hacemos, pedir una vuelta de tuerca. Más medallas, más mitos, más vo2. Pero con diecisiete, ¿los valores?

Tenemos un niño que arrea la raqueta como los grandes. Tenemos una niña que tira patadas como los mejores taekwondistas. ¿Renunciamos a que sea un deportista de élite? Por supuesto que no. ¿Qué metemos en la cabeza de un joven para que sea tan importante?

Está llena la historia de ejemplos de quemados por el deporte. Todos hemos oido la amargura que tenía Jose Luis González durante muchos años, cuando se le hablaba de carreras populares. El fenómeno del sport burnout es objeto de estudio en la psicología del deporte. Y parece ser un fenómeno que tiene su base en la educación para el deporte desde la niñez. Un futuro Nadal o una futura Mireia Belmonte tienen más posibilidades de quemar sus expectativas con más rapidez que un participante del montón de juegos escolares o de una carrera popular. En este enlace yankee (ergo ruin) dan unas cuantas pistas de los síntomas que auncian una posible frustración del joven deportista:

Hay factores de riesgo: superespecialización, largas temporadas incrementando entrenamientos, ansiedad, participar en deportes de resistencia (chicos, toque de atención, que nos llaman), baja autoestima, presiones de padres/entorno (¿blogs, foros?)/entrenadores.

Hay síntomas en el atleta: fatiga muscular y articular, pérdida de peso y apetito, frecuencia cardiaca más alta en reposo, peores resultados deportivos, fatiga general, pérdida de entusiasmo, cambios de humor, irritabilidad, empeoramiento resultados profesionales o escolares… 

Y finalmente, hay una categoría llamada (sic) ‘unhealthy sports participation’. Como todos dominamos idiomas y sabemos dónde tocan, síntomas de actividad deportiva poco saludable son: ya no nos divertimos, el deporte domina nuestra vida y/o familia, temas de conversación únicos sobre deporte del crío (o propio, añado), lesiones sin acudir al médico, únicos premios si los resultados deportivos son los previstos…

¿Dónde está el baremo del cansancio o de vivir quemado por el deporte? El descanso es la medicina para el cansancio. Pero para la frustración completa, ¿la recurrencia al dopaje? ¿Podemos asegurar que la fatiga mental se compensa a corto plazo con unos pocos resultados buenos más? Sería terrible descubrir que el placebo de resultados artificiales tiene después ese efecto yo-yo que nos hace subir más alto para, después, caer más bajo. Todo esto da para charlas sin final pero, entre tanto, algún cerebro joven no ha podido con la tensión y, supuestamente, ha decidido rendirse.

Muchísimo ánimo a los familiares de Alberto León porque tendrán que oir y leer de todo. Ánimo también a sus amigos. Si le quedaban.

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