[Viernes 14]

Colea todavía el último disparo de las afueras de la capital tunecina y digamos que no me duele ninguna pieza del engranaje después de seguir circulando por el mundo, con sus trotes y sus hielos. Este equilibrio rompería con las teorías del caos que dicen que lo que una mariposa agita con sus alas, me repercute en forma de huracán a mil kilómetros. Básicamente.

Dos días después veo un programa sobre enfoques israelí y palestino respecto del mismo cosmos. Pero estos sí me afectan. Revisión teorética.

[Domingo 16]

A través de las conversaciones entre unos argentinos de religión judía que se entrevistan en oriente medio con un periodista de Cornellá, accedo en Madrid a un panorama social lejano. Salvados ha completado un par de reportajes de algo que somete las vidas de las gentes pero de lo que no desean renunciar. “Demasiada política para tan poca geografía”, reza la cita ya célebre.

Tiros, katiuskas y alambre de espino para bregar por unos pedregales sagrados. Yo pediría, ya lo he dicho, cuatro valles contíguos en los Alpes o en California, y que el otro se quedara con los riscos de las tablas sagradas. Todo para el otro. Cedería gustoso la impresión de haber sido más generoso. No es eso. Son unas putas piedras pero, como han sido bendecidas mil millones de veces con mil millones de rezos, ya no son unas putas piedras.

Claro, son unas putas piedras sagradas.

[Lunes 17]

Confinamiento. Ayer la municipalidad donde pago mi IBI dió una vuelta más de tuerca teatral en el mal gusto político. El lobby de los pijos de coche gigante, la ciudad expandida y antiecológica, el gasto en automóvil, la infraestructura motorizada y las autopistas de peaje, se ha lanzado en mi pueblo a un plan para que se use la bicicleta.

De manera confinada y separada, eso sí. Que la bicicleta es peligro. Pues acotaron 400m lineales de calle para una jornada de disfrute de la bici. Esto ya se hacía en la España analfabeta (más) de los 80. Nadie llamó a la rebelión, a salirse de lo acotado. Allí quedó el barrio pedaleando en una calle de doble sentido. Como hamsters.

No es raro que nuestros cerebros rebeldes quedaran afectados. A las 14h estábamos  demoliendo pulpo a feira y callos bajo el brillo de un restallante vaso de ribeiro. A las 16h no sé quién sacó un puzzle de 1000 piezas sobre la mesa del comedor. Malditos pijos municipales y sus planes.

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