Madrid te pide, Madrid te regala. O más bien, a quien yo se la de, San Pedro se la bendiga.

La prensa se hace eco lo mismo que se hacía hace días. Madrid pide a los conductores que usen el transporte público. Hemos sido agraciados con un cielo que supera los niveles permitidos por las reglamentaciones ya de por sí permisivas. Tenemos de nuevo el cielo más liliáceo, más puerco, más modelno. El modelo ha funcionado. Los PAUs ya movilizan a decenas de miles de coches para arriba y para abajo. Las radiales y autovías hacen confluir con relativa fluidez una movilidad de éxito.

Los años de la entrada en vigor de los nuevos cuerpos legislativos sobre vivienda y la ignorancia sistemática de la sostenibilidad del territorio dieron dinero a espuertas a muchos. Muchos de ellos retroalimentaban el modelo entrando por la parte de arriba en la gestión del mismo, por el lado chico del embudo. Era como poner al zoro a cuidar las gallinas. La M40 era necesaria, claro. Las radiales también. Por supuesto. La expansión de las redes de transporte público daban millones en contratas salidas de una inversión pública que, digo yo, se quejaría entre tafetanes de que sus capacidades se quedaban ahí, que los mercados de generación de empleo eran los que tenían que situar las oficinas, los centros de … mentira. El modelo de ordenación del territorio de los partidos neoliberales de Madrid y demás comunidades autónomas afines era una farsa. La oposición socialdemócrata al modelo era tibia y no tenía más agallas por lo que, año tras año, bebían de la fuente de ‘las ciudades para vivir’, los ‘modelos de calidad’ o ‘soles de ciudad’.

Papel de envolver.

Había más intereses. Las ventas del sector del automóvil. Oh, pobre sector, castigado por los hidrocarburos, por las crisis. Las corporaciones financieras que tenían que estar en el centro del centro. Las empresas de construir, mandando y templando. Porque, recordemos, España carece de elementos de generación de empleo que puedan ayudar a trasladar los movimientos de población. Los polígonos de industria y tecnología o la logística para la alimentación de una economía fuerte no han sido promovidos a kilómetros de corredores de vivienda y transporte saturados. El centro de la región sigue tirando a diario de millones de movimientos.

En 2009 los desplazamientos en Madrid vieron como el transporte público perdía un 2% respecto del automóvil, según la Fundación Movilidad. En los más primorosos diseños de transportes alternativos se habla de unos cincuenta mil desplazamientos potenciales en bicicleta frente a dos millones de desplazamientos en coche. Pero ¿esto qué es?

Ah, la bici y sus planes de movilidad y sus carrilitos pintados en ciudades analfabetas llenas de gordos en 4×4

¿Qué esperamos a invadir violentamente los carriles del centro de la ciudad con medios de desplazamiento lentos? Caminemos por el medio de la calle Mayor. Saturemos los primeros carriles de Recoletos o de Luchana con bibicletas. A ver quién tiene cojones a llegar a la oficina o a repartir sus cocacolas con un cadáver a sus espaldas.

Nuestro cielo es una puta mierda irrespirable. Pásalo.

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