Es el título del libro que estoy finiquitando. Es la autobiografía de un tipo llamado John Lydon, conocido en el orbe como Johnny Rotten. El cantante de los Sex Pistols. Un tipo inquieto.

“To get to the Catholic school you had to go through a predominantly Protestant area. That was most unpleasant. It would always be done on a quick run. “Those dirty Irish bastards!” That kind of shit. Now they transfer it onto the balacks or whomever. There will always be hate in the English because they’re a hateful nation. That’s the trouble with working-class people throughout the world. They always try to spur their hatred onto what they see as being lower down the scale, rather than going for the fucking jugular of the upper- and middle-class bastards who are keeping them down in the first place. We were the Irish scum. But it’s fun being scum, too”. Rotten – on Irish – no blacks – no dogs, Plexus Publishing Limited, 1994, p:12

Síntomas similares se vienen dando en este festival del humor -negro- llamado planeta. En España tenemos los mismos racismos ‘down the scale’. En lugar de mirar cómo se desprenden de nosotros, sus migajas empresariales, miramos hacia moros, latinos, los bautizamos con simpáticos epítetos. Panchito o guacameño no son insultos sino restos de nuestra tradición literaria. Que se vea que dominamos el lenguaje, que no hay barreras para ese desparpajo escrito. Hemos dado vida a Quevedo, Larra o Jardiel Poncela. La comedia, trágica, la picaresca, cruel y llena de piojos, es nuestro trademark. No tenemos clase trabajadora en España, tenemos -preguntad en Rusia- gente abierta y alegre.

No son grandes tiempos para la tragicomedia política. Más bien todo parece una venta de saldos en la que los buhoneros van apareciendo por casa del tendero arruinado y llevándose a este precio, sí o sí, los restos de los beneficios sociales y económicos de veinte años. Lo malo es que primero parece que los buhoneros son buitres carroñeros, que asoman por la puerta de vez en cuando, esperando ver al tendero muerto y saquearle le chiringuito.
Pero parece después que tendero y ropavejero son colegas y está todo pactado.

Detrás, la demolición. La económica. La demolición social lleva en marcha siglos.

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