“Ladies and gentlemen”, titulaba Wired, “the World Wide Web”. El siete de Agosto de 1991 nacía oficialmente la primera página de la red. Recuerdo el día como sofocante y como que estas cosas nos fueron totalmente ajenas. En particular viví este histórico momento levantándome de un día completo de viaje desde Bacelona a Madrid, con un R-5 cargado hasta las orejas y pidiendo la extrema unción. Calor seco, mala noche, mejor día. No recuerdo a ciencia cierta si celebré el desconocimiento de aquello saliendo a correr o no, ya sabéis, el hilo que tira de nosotros hacia arriba, prole castigada con esta esclavitud. Posiblemente, sí.

Tocaba limpieza más o menos general. La Flora estaría, más que probablemente, liada con cortinas o armarios o qué se yo. Mi hermana paseaba sus dieciséis años y yo paseaba mis veintiuno. Seguramente mi madre hizo tortillas o algo simple, para comerlas en aquella mesa redonda a la que quitábamos las faldillas cuando asomaba mayo, telón de cierre de los días de frío en las piernas. Siempre gastamos poco en calefacción, imagino.

Por la tarde, caída ya la tarde muy tarde, era momento de arreglarse con aquel estilo de tener veinte años y vivir a caballo entre tribus urbanas y décadas rotas. O sea, un cristo. No era para ir a dar coces con los colegas de un engendro musical llamado Dr Tankredo y su Puta Kabra.

Había que esmerarse.

A las doce de la noche estaba dándome el primer revolcón oficial con la que hoy es mi santa esposa.

Felices veinte años que cumpliremos al mismo tiempo que nació la Red.

Besitos.

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