Sigue la ofensiva de anuncios de prostitutas en los parabrisas de los coches de mi barrio. Tal como he venido comentando con más o menos éxito, cada aproximadamente cinco o seis semanas hay un buzoneo masivo. Anuncian chicas nuevas – carne fresca- en el barrio o la zona, dan un teléfono y una dirección a la que acudir. De un lado los hombres de mi barrio recogen el papelito y miran y remiran. A veces no les suena mucho la dirección. Preguntarán, seguro.

Las hembras de los hombres de mi barrio no dicen mucho. Las autoridades de mi barrio, hombres y mujeres, tampoco. Por mi calle pasan en coches patrulla y, supongo, en sus parabrisas no colocarán el papelillo. Pero se me ocurre que la cosa no puede estar tan asentada en las cabezas de los habitantes de mi ciudad en pleno 2011. Me resisto. Tengo un concepto horrendo de todos vosotros, conciudadanos. Pero ¿tanto?

Propongo una situación imaginaria. Pongamos que anuncian pisos donde sus mujeres pueden ir a follar con otros hombres. ¿Alguien diría algo o movería un dedo? Una situación supuesta sería la de indignación, que a mi Mari no le permito yo que vaya por ahí. Situación supuesta 1-bis. Si se va, al menos que no me lo diga. ¿Habría una situación 2 tal que esta? “Coño, pues mira, si nosotros tenemos derecho, ellas también”. El role-playing 2-bis daría mucho juego: pongamos que salen defensores de los derechos de las mujeres a irse de putos. ¿Desclasificaríamos el sexo femenino en las que tienen derecho a joder con quien quiera y las esclavas de redes que nos dan de joder a nosotros?

Lo mismo no pasaría nada. Lo mismo tenéis el límite mucho más abajo, vecinos. Quizá solamente pondríais el grito en el cielo (cubierto de unas nubes bajas que os humedecen la caspa) si encontráramos en nuestro limpiaparabrisas anuncios como:

“Terroristas nuevos en tu zona. Entretente con tu islamista”

“Tenemos para tí una nueva trituradora de cadáveres. Sin límite de presupuesto”

“Oswald, pinto tu piso y masacro a tus familiares”

Es posible que lo tomárais con pitorreo. Not in my backyard, not in my barrio. He oído disculpar comentarios diez veces más aberrantes a la puerta del bar.

Porque, ahora, se os oye odo y dais cien veces más miedo. Puta ley antitabaco.

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