Va. Era tan fácil. En pocas ocasiones se ha tenido así de clara la asunción de protagonismo de quien os escribe. Lanzado por la charleta de anteayer jueves (recordad, Jornadas Técnicas en la Feria de Mapoma 2011) que nos subió el pavo como ponentes aficionados, había que revisar las horas libres del fin de semana.

Tirando de mi cuadernillo de pruebas de más de 42km, ví una cosa que había olvidado hace tiempo. El contador de maratones y ultras estaba en 68. ¿Qué cifra más redonda que sesenta y nueve? Sexo oral a dos caras, la propuesta zodiacal de piscis, práctica simultánea de felación y cunilingus, poca gente se resiste a comentar su sexagésimo noveno cumpleaños, a reirse en un partido de baloncesto que empata a sesenta y nueve puntos… the sooner, the better.

Así las cosas, el domingo de Ramos de los calendarios católicos celebraré un simbólico 69 maratoniano metiendo la boca en la esencia vaginal de la maratón (ella, para estos casos), mientras aplico el principio de insustancialidad al mundillo, quito hierro al tema, realmente sólo es correr, joder. Vamos, que en lo más profundo de mí, correr un maratón o no ‘me la come’. Que es más que ‘me la pela’.

Antes de que empecéis a tocaros cierro este post. Mañana, sesenta y nueve. El último ejemplar de aquella aventura histriónica de los años setenta: el maratón de Madrid. 

Habrá crónica.

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