En pleno uso de mis facultades mentales, lego todos mis bienes a la comunidad dipsómana de mi barrio.

Todo lo entrenado, descansado, masajeado o soportado, mañana, a estas horas, ya no tendrá vuelta de hoja. Estaré si los hados son propicios remontando el Collado del Piornal, un bonito paredón que sube hasta los 2000 metros de altitud. Se habrá acabado el pensar en si las rodillas hacen croc o si el tendoncillo bajo el anular izquierdo del pie molesta igual que cuando estrené las Kayano. Todo aquello sobre lo que se ha detallado, escrito o debatido, con amigos o desconocidos, será un larguísimo previo.

Mañana es el Gran Trail de Peñalara. En clave, el GTP. G, también de gordo, de grande, de guarrazo o de gamberrada deportiva. La T, de “total, es un día en el campo”, de tontás del correr, tiránico, tranquilidad y torraera. Sobre la P poco que decir, los peñalaros más duros dicen o pensarán que la P viene de pasión, pujanza o peñalarismo. Un inscrito con alfileres piensa (poco), padecerá y dirá a posteriori que P es paciencia, presencia de ánimo y ójala que fuera experiencia la que comenzase con esa consonante.

Porque habrá que tirar de experiencia.

Y de gorra.

Si alguien quiere seguir las andanzas de cuatrocientos y pico aventurados ya sabe por dónde y a qué hora estaremos. Dando una vuelta por (a) la Sierra.

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