El domingo tocó calzarse los aperos de labranza, negro riguroso getepé y riñonera doble a los lomos. O pasaba de dos horas, o blabla típico a dos meses vista y dudas y todo esto que nos convierte en místicos cansinos, introspectivos narradores de nuestras bobadas de corredor y clientes vip de decatlones y demás.

Así que, vestido de getepé, que es como de requeté pero en lugar de boina, una doble cacharra engarzada en los costillares. De negro, ya digo, medio a oscuras, repitiendo ese rito masoquista de levantarse cuando todos duermen y cuando a la puerta están todavía los últimos borrachos del discopub local.

Salida del mismo Muñogalindo (cota 1129) , recto al cementerio y tomar la asfaltada tortura hasta una serrezuela (dos veces a la cota 1350) hasta romper con el alquitrán y darnos de boca con un trotable pradillo. Pero los molinos de EDP del parque eólico de la Sierra de Avila están ahí arriba y subir y bajar son 23km. Tentadores. Gorría, hora y veintisiete, 1727m. El último trozo, veinte minutos de piorno, bercea, granito suelto y las alambradas de los municipios.

Para abajo, hora y tres minutos. Sin dolores reconocibles. Sumatorio, de la subida y el descenso, 2h36. 23km.

Por cierto, que tengo que bajarme del burro y acercarme a comprar un frontal decente. Soy maduro, he reflexionado y la caja de las telarañas ha recibido una inyección. Ya hablaremos de esto.

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