Me puse el hábito de visitante católico de las barbaridades eclesiales. Al Centro de Interpretación de la Mística. Me pillaba detrás de donde los chuletones pero es que mi santa tenía -ella- curiosidad. Generé un esfuerzo por comprender con ojos del siglo XXI y educación teórica del XIX los desbarres místicos del SXVI. Pero se me debió caer alguna X o algún I porque, por muchas vueltas que le dí, nada. Logro entender, en la infinita ignorancia que destilamos, incluso tolerar, que el mono tenga creencias. Hasta místicas. Pero que se conviertan luego en religiones organizadas, como que no. Y esto, junto con el hálito de palabrería facilona de toda la mística y sonidos de ultratumba que procedían de lo más hondo de mi estómago, me acompañó camino de casa.

FIN.

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