Esta mañana he sufrido una crisis de ira al comprobar que, desde las 8am, los medios públicos del estado laico están dando especiales informativos sobre la visita. Por quinto día consecutivo. Y sin haber aterrizado todavía. Entiendo la falta de interés, lo que tradicionalmente se llama ‘en Agosto es que no hay tantas noticias’. Son medios de masas aborregadas. Y los borregos, en Agosto, no deben ser molestados con información.

La información sucumbe de tal manera que se pasa directamente a especiales de opinión. En cadenas públicas, añado. En la emisora de los obispos o de los de las barricadas pueden opinar lo que quieran, son empresas. Estoy hablando de RNE. A las 8.13am. Entrevista a un obispo. Le han tenido casi 10 minutos en antena soltando su discurso de cristianos pacíficos perseguidos. El presentador subrepticiamente le daba la razón (programa En Dias Como Hoy).

Este discurso de cristianos perseguidos lo saben llevar las estructuras eclesiales al mismísimo barroco. Los borregos no saben llevar al barroco ni la decoración de su dormitorio de matrimonio, y eso que Ikea se lo da hecho. Ni poner la otra mejilla ni pacifismo cristiano ni hostias. Guerra, voces y banderas. Sobre todo muchas banderas.

Lo más triste es comprobar que es el discurso que mejor funciona con las religiones que han sido imperio y luego no. Igualito, pero sin la capacidad de autocrítica, que los dirigentes judíos. Los católicos, por no saber, no saben ni hacer chistes sobre la Torá.

Mientras espero que los periodistas cojan callo y horas de experiencia en esta aventura informativa suprema que es el advenimiento de Ratzinger a Madrid, a coger aire. Deseo que, a partir de Septiembre, los periodistas y los madrileños que ahora callan y no se oponen llenen a reventar las iglesias. Que sí. Que son los templos donde no se los perseguirá. Donde se van a entender entre sí, en esta sociedad laica que, según ellos, no los deja expresarse con nuestro dinero y en nuestros espacios públicos.

El día uno todos a petar las colas para comulgar y no a los bares. Ni al pueblo a la parcela. Ni al fútbol.

¿No son tantos millones que se merecen bloquear una sociedad? ¿No son mayoría y los laicos cuatro imbéciles? Pues eso. A adorar al becerro vaticano, a la paloma que dejó embarazada a la madre de Jesús y al dios que permite que se extienda el VIH y la pedofilia y el odio a los homosexuales.
Nadie ha dicho que tengamos que ser amigos. ¿No?

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