O más. Ayer salí a dorar los muslos a la mediodía henarense. Las calles adyacentes al río y al polígono industrial de Coslada me sirvieron para dar un paseo ingobernable con 33º aún en los termómetros.

Todos los momentos en los que mueva las lorzas servirán como entrenamiento. Así va a ser. No pienso dejar ni media hora suelta, no sea que la pereza y su prima la modorra me invadan.

Que dentro de 21 días estaré intentando completar una prueba d 100 kilómetros, coño. Y uno está tan verde por dentro como tostado por fuera. Por todo ello me animaré un ratín más hoy o mañana, para encarar un 20 miler cruzando la sierra el domingo. Ya he quedado con Noemí, de los buenos Ñ Ultrafondo, para pegarnos el madrugón.

¿Que por qué me rodeo de tan bellas mujeres para entrenar? Preguntádselo a ellas.

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