Ayer charlaba con un amigo sobre esa Madrid-Segovia a la que no pienso ni mirar a los ojos. Correrla disimulando, es la idea. Pero en el tema salió mi miedo por el calor. Más que por el calor, por el tramo del primer cuarto. Madrid – Colmenar Viejo. Tachán. Colmenar.

Ese sitio donde, a las 12am, el calor puede ser muy seco y evaporarte, literalmente. A ver si es posible que se nuble algo el dia, mejoraría mucho el tramo matinal, que es el más soso. No sé el por qué de mi rara relación con llegar a Colmenar, lo mío con ese pueblo empieza a ser patológico. “¿Por la cuesta?”, me pregunta Kike.

Y no lo sé. Desde aquellos 100km en 24h de 1998 o así, no he llegado ni salido bien de ese pueblo … ¿nunca? Posiblemente.

En la prueba del próximo dia 17, lo duro son los km del 25 al 32. Menudo cacho de camino más canalla… Aunque del 11 al 22 serán kilómetros raros, ruteros, secos. En los nuevos 100/24, los diseñaron como salida y fin del bucle de 35km. Allí vi un día 41º a la sombra. Otro día llegué y me zampé un calypo para ir preparándome a una retirada después de 55km. Otro… la cuesta de la ermita. Menos mal que llevábamos 98km y ya era solo cosa de marcheta y jamón. Total, que no sé qué me ha dado a mí con tenerle tanto respeto a asomar por esa vaguada horrible de pastos vallados que se ve al sur de la M607.

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