Hace años acudí a tomar el te en el histórico Hotel Claridge’s de Londres. Fue un regalo a mi santa. Ya sé, saliváis, vosotras las lectoras esclavas de runners que os sacan, máximo, a la media maratón de Coslada o al maratón de Sevilla. Por una cantidad similar a la que te gastarías en una tarde de cine y dos bocadillos de chistorra y palomitas, el Foyer (foto) del hotel surte a quien lo quiera reservar el siguiente surtido: surtido de 30 tés, [sic] a delicious array of finger sandwiches, pastitas dulces, y -todos en pie- raisin and apple scones with tea-infused jam and Devonshire clotted cream.

Hoy he reconstruido una parte. Anoche ya me tiraron una puntada desde el sofá. Amor, me apetece algo de picar…
Absolutamente pasado de vueltas por la ingesta masiva de los principios de Ferrán Adriá, actué. Sin duda alterado por haber visionado en hilera de todos los capítulos de El Bulli, Historia de un Sueño, que tenéis en la web de rtve.

Mi interpretación se basa en utilizar cosas facilitas. En una casa normal hay alguna lata de butter cookies, mermelada de frambuesa -la Vieja Fábrica- y queso cremoso de untar sobre unos picos de pan o tostaditas. Como comer no es cosa de un sólo sentido, un poco de hierbabuena para ir oliéndolo todo al mismo tiempo.

Después de esto, qué mujer se puede negar a nada.

Hah, hah, hah.

Sardonic laugh.

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