How much longer?, will people wear nazi armbands and dye their hair… se preguntaba Mark Perry, el colgado de Alternative TV en 1977. Estábamos a poco de ingresar en el redil de las monarquías parlamentarias pactadas. Los ingredientes, pacto, pacto y pacto. La Moncloa era un pacto más grande que el de los Tataglia y los Corleone en El Padrino.

Celebramos treinta y tres años de constitución congelada. Espantado el fantasma del militarismo joseantoniano, el del sovietismo y asentado el culo en los favores debidos a la CIa, a la casa Borbón y a las grandes máquinas de tostar ladrillos para toda la geografía ibérica, aquí andamos. Las esferas de la ciudadanía y de las normas cada día más alejadas. Los regentes las van alejando sibilinamente mientras cuelan pétites affaires, avances sociales de couché, iphones, vuelos low cost para la masa enfurecida, una de fútbol entre medias y otra de soy español con el tenis o lo que se preste.

Ya lo analizan Yuval Taylor y Hugh Barker en su artículo, ATV parodiaban las poses de las tribus urbanas que se cebaban en “anarchy, fascism and boredom”. Aquí se nos ha  llenado tanto el estómago de Constitución, constitución y constitución (y Estatuto) que ya no sabemos ni qué significa, ni por dónde tira. Se habla de nada mientras se mira embobado al todo.

Well, you all don’t know nothing / we all don’t know nothing and we all don’t fucking care.

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