Jornada de pruebas porque se acercan las navidades y siempre hago una de las grandes sentadas a comer para la familia. Por idea de mi santa, dado que hace tiempo que vengo dándole fuerte a los pescados, me animé a probar hoy una sopa norteamericana llamada Clam Chowder (dejémonos de mariconadas, es una sopa de pescado y almejas con nata) que resulta ser una opción genial para:
1-fiestorros
2-recuperación de cuerpos tras fiestorros
3-sorprender a suegras cinco tenedores
4-lucirse frente a la novia en lugar de llevársela al Escorial a pinchar (aunque con el chocolate, los picatostes, la comilona… no lo veo, pero hay grandes campeones del estómago y la libido)

Este Clam chowder está pillado de los pelos de esta receta. He añadido un poco de merluza desmigada y unos langostinos que han teñido un poco de naranja tanto blanco blanquísimo. Pero ha sido una genial idea. Un primer plato de categoría que repetiré, sin duda. Va foto del propietario de la misma.

Después quiero probar acompañamientos para carne. En este caso insisto con el invento de la salsa mielera y orejones, que se desvela como un acompañamiento cojonudo. Atención manazas: se puede tener hecha de antemano. Dos o tres zanahorias, una cebolla, chorro vinazo tinto, un vaso de caldo de carne, una docena de orejones, y cocer en diez minutos. Pasar por al turmix y añadir miel hasta que el oso Yogui asome.

Vale con muslos de pollo a la sartén, yo creo que con carne, pavo, costillas de cerdo, y dice aquí mi psicóloga que hasta para untársela a tu mujer por la espalda (y soltar las hormigas caníbales, añado).

Después de la compañía, siempre sabia y generosa, lo mejor ha sido el sopeo citado. Hemos tomado un Juvée Camps fresquito con un queso de tetilla y otro casero de oveja de mi tía. Luego hemos abierto el Monte Toro de Ramon Ramos, que era tempranillo de 8 meses, estupendo. Os recomiendo, prendas, paso por la DO Toro, en un pueblo llamado Venialbo, donde vende la misma bodega (no estoy seguro de su distribución en Madrid, aunque digo yo que habrá decenas de vinos como este o mejores).

Añadir que mi hijo Martín se sacó de la manga un postre que llamó Copa de Cuchichi y, coño, ¡que estaba rico!. Para 3 tazas, media tableta de turrón jijona, dos natillas con galleta, chorro de leche y nata montada. Todo a la turmix y a reposar a la nevera. Oyes, con 9 años me ha dado una lección de reposteria, de la cual confieso no tener ni puta idea.

Para la próxima sesión prometo imágenes propias. No esta costumbre tan absurda de robar para adornar. Si fuera robar para comer…

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