Sr. Presidente,

Me permito aprovechar que está en pleno proceso de formación de equipo de gobierno para pedirle una cosa. La nación cuenta con un contingente numeroso de practicantes de la carrera a pie. Las estadísticas menos generosas no bajan de medio millón de ciudadanos que en algún momento del año trota. Corre. Vaya. Por eso pienso, detallado más adelante, que debería nombrar Ud un Ministro o, al menos, uno Secretario de Estado de Asuntos del Running, por el bien de prestigio nacional.

Presidente, sepa que no cuenta con mi voto. Tampoco me despierta Ud simpatía. Me dirijo a Ud de modo puramente práctico. Sé a ciencia cierta que prefiere a los del gremio ciclista, a los que probablemente redoblará protección (tampoco va a encontrar mucho margen, no crea). Pero estamos a otro tema.

No le pediré una ley que permita a los empleados 45 minutos al día para correr. Seguramente esto aumentaría la productividad pero ya sabe, Presidente, que en un país sin producción material, la productividad es un mal chiste. A ver cómo calcula productividad de bandejas servidas a un turista o en las negociaciones por sacar un contrato de asesoría de un evento cultural.

Que promueva un trote con los vecinos, ofreciendo fácil acceso a todos los chismes y murmuraciones locales. En otras sociedades se podría entender como un absurdo empeño de la izquierda horizontalista, que garantizara la máxima integración de todos, asiáticos, magrebíes y latinos con la población autóctona del carajillo y el puro. Pero no. Tómelo como la optimización del tiempo para reuniones de comunidades de vecinos. Llevado al extremo, que se tomen tiempos y clasificaciones. Aumentará la competitividad, por la que tanto han abogado en su campaña electoral y que tanto ha calado (observe) en las pasadas legislativas.

Medidas puntuales de fiscalidad simple, Presidente: desgravación fiscal a la compra de zapatillas para correr. Los corredores descalzos no pagan ningún impuesto. Además, seguramente sean un peligroso contingente progresista y le echarán en cara que las marcas deportivas deslocalizan la producción en países sin derechos humanos. Conténgase, no salte involuntariamente con discursos revanchistas. Sabemos que ellos compran automóviles o electrodomésticos fabricados bajo los mismos parámetros. Sus muebles de ikea también siguen el mismo dictado. Pero no es preciso que se enemiste de sopetón con una comunidad entera. Al menos, no tan pronto.

Instaure una tasa (le ofrezco si lo desea mi alias) para compensar de alguna manera el gasto anual por carreras. La ‘tasa Spanjaard’: que del gasto de cada ciudadano en inscripciones de carreras, un 2% vaya destinado a gasto sanitario. Conocemos el volumen de negocio que sus halcones han visto en las prestaciones privadas. Pues bien. Cada ser que corre, tarde o temprano requerirá de psicoterapia especializada, dirección y coaching en traumatología derivada del contínuo golpeteo contra el asfalto y diversos fatburners. Trabajamos por aumentar el gasto sanitario de manera ridícula. No gire la vista a fumadores o enfermos cardiovasculares. Su filón está aquí. No siempre se crea ese argumento de que los deportistas gastamos menos de la sanidad de un país.

Por último, Presidente, si me apura, los runners somos dignos representantes de una incomodidad marginal. Votamos cada cuatro años. Corremos una vez al año. Para votar a favor o en contra de todo lo que rodea a nuestras San Silvestres.

Gracias.
Spanjaard, Diciembre 2011

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