Va de gallinas. No de corredores que se comportan como gallinas. Al fin y al cabo, ¿quién somos para delimitar el rígido sistema moral entre huir corriendo y correr para huir? ¿Es necesario sacar los colores a una legión de huidos del sobrepeso o de la vida sedentaria? Más bien al contrario. Pero no van por ahí los tiros.

La gallina, la de los huevos de oro, está a debate en uno y mil frentes. Ayer por la tarde, mientras recuperábamos el resuello de unas violentísimas cuestas arriba (a nadie se le escapa que tenemos hobbies idiotas), Jorge – a punto de abrir ya su tienda en Alcobendas- y yo hablábamos sobre los precios de algunos eventos. Nos ceñíamos a 120 euros por una prueba de ultra trail. Pero teníamos dejado de lado un jugoso campo, somos unos huídos del asfalto, unas gallinas.

En el foro de elatleta.com hay un sabrosísimo hilo sobre los precios de las pruebas de ruta. Biocoteadores de las pruebas que aumentan sin ‘sentido’ sus inscripciones, frente a defensores de la libertad de no ir si nos parece mal. Y aquí es donde asoman las gallinas; las que entran, por las que salen, como gusta de parodiar el puñetero José Mota.

Me comentaron que el mundo del triatlón sufrió un parón similar tras la incesante profesionalización y complicación de las pruebas. En cierta medida se trata de un deporte complejo y de una infraestructura requerida. Las pruebas de correr con los pies están complicándose no sin razón: los centros de las ciudades ya no nos salen gratis. Parece ser que los gastos ocasionados por las populares (‘las’, he dicho ‘las’) están aflorando en todo su ser, y los ayuntamientos o diputaciones -¿no querían eliminarlas?- dejan de subvencionar toda carrera de asfalto. La policía cuesta, los turnos de personal de limpieza cuestan, los voluntarios cuestan. Así las cosas, los 10km o la media maratón más popular del orbe pasan a salir a flote igualando el coste real por barba. Si antes costaban 1500 pesetas pero nos las dejaban en 400, ya es historia. El organizador de ahora no está dispuesto a asumir de su bolsillo lo que los patrocinadores ya no le dan. Los 9 euros de ahora se trasladan a la inscripción. O eso, o la pérdida de servicios.

Porque se siguen queriendo reloj, alfombras con chip de cronometraje, una buena camiseta técnica en la bolsa del corredor (estáis manteniendo el sector textil nacional vosotros solitos), y trofeos para las diferentes categorías. Se han deseado siempre, claro. Siempre, desde que existen las empresas destinadas a sacar dinero de la gallina de los huevos de oro. Están en su derecho. Una persona física puede perfectamente convertirse en un comercial de una empresa de cronometraje para eventos deportivos. Personalmente, conozco a viejos amigos que se patean el país con su sistema de chip. Cuando he sido organizador, me han llamado varios ofreciéndome la infraestructura completa por un precio ajustado.
Nadie habla de los seguros obligatorios, responsabilidad de los organizadores y a costear por cabeza y que gentilmente venden las empresas aseguradoras, en mis tiempos a través de las entidades bancarias. La normativa y la masificación han empujado a las pruebas de asfalto a acotar posibles desgracias. Y así, la gallina va engordando.

¿Trail = libertad?
Relativamente, parece ser. Los precios de las pruebas por campo a través también trasladan a sus participantes los costes. La logística es más sencilla en algunas áreas, menos vistosa, pero existen más distancias, más riesgo a contratar mediante seguros de accidente, y la coordinación implica acceder en muchas ocasiones a montañas, sitios alejados, barrancos, donde los costes no se pueden solventar con una furgoneta recorriendo en un rato los 10km por calles y dejando las bebidas en unas cómodas mesas o tablones. Todo se encarece.

Máxime cuando el número de pruebas se ha multiplicado. Enormes opciones cada fin de semana están llevando a perder masa crítica a las pruebas. La rentabilidad de algunas está en peligro. Las instituciones, que han dispendiado todo el dinero público disponible para cultura y deporte y ahora nos arrastran a la contención de gastos, reciben el doble de propuestas de organización y patrocinio que hace 15 años.

Y las gallinas ponen un huevo al día. Como mucho.

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