Al hilo de una consulta sobre avituallamientos, pensé que podría arrojar luz sobre nuestras oscurecidas mentes. El caso hipotético es el siguiente: nos inscribimos en una prueba de más de 50km de longitud y, previsiblemente, de más de 6 horas de duración. En el reglamento dice algo parecido a:

Dado el carácter de semi-autosuficiencia de la prueba, cada corredor deberá prever y portar la cantidad de alimentos, bebidas, sales y complementos que estime necesarios para poder completar el recorrido

Al que muchas veces añaden la orientación que ya nos descompone el vientre y encoge el estómago:

Se establece un mínimo obligatorio por corredor de 500 Kcal en alimentos

¿Cuánto es eso? ¿Qué meto? ¿Qué llevar de sólido en la mochila?

Habitualmente estas pruebas, por un escandaloso ejercicio de imaginación de los organizadores, se celebran entre primavera y verano, con excepciones otoñales. Pero siempre con buena temperatura. En mayo, por ejemplo, en la zona centro y sur de España ya hace calor. Por eso estamos muy escamados en las salidas a otras pruebas del calendario (además que los de Madrid somos unos mascachapas) y, si se nos recomienda llevar autosuficiencia, ahí empiezan las dudas.
A mayor temperatura, más sudoración y más pérdida de sales. Como principio, esto es inamovible. Con la reposición de hidratos, repondremos los depósitos de glucógeno. Pero ya está.

Entonces… ¿dulce o salado?
Cada uno es cada uno. Pero en general sudamos bastante y la reposición de barritas y plátanos, etc, no compensa las sales. Otro defecto de unas cuantas organizaciones es no colocar unos buenos garrafones de caldo (no lo entiendo muy bien, en centroeuropa sí se hace). ¡Con lo soperos que somos en España y lo barato que está el caldo!
Así que, si no queremos terminar aborreciendo el dulce, el isotónico, los plátanos, toca tirar de loncha.
La loncha favorita de mis salidas largas es el jamón (lomo también vale; chorizo, no sé). Es un paquete de 300gr que no ocupa espacio en la mochila. Te pone en la vida. Comer jamón es una cosa que se entrena fácil. Es algo que tenemos en nuestro adn de ibérico. Si perteneces al grupo de los ultra runners vegetarianos tienes un problema añadido y te toca buscar algunos vegetales que estén metidos en salazón o similares. Los frutos secos con un buen remojón de sal podrán ser buena opción.
Quién dijo que esto era fácil…

¿Y las barritas o geles y poweretcéteras? Pues ocasionalmente valen. En realidad nos vamos a tirar un día entero gastando calorías como un Pegaso de cinco ejes, así que teneis que prever lo que NO comeréis. No desayunaremos bien, ni cafelito a media mañana, ni comeremos, ni merienda y casi ni cena. Todo ese gasto más el estar horas en marcha hay que comerlo. Muchos corredores se aprovisionan como si pudieran sostenerse con el picoteo que viven habitualmente. No sé cuántas calorías nos dejaremos por el camino en una prueba de diez horas, pero hay que tener perspectiva. Estamos corriendo montaña arriba y abajo. No estamos en la oficina jugando con el google maps.

Resumiendo, hay que echar un cálculo qué tipo de comida estaremos ingiriendo todo el día. Como ejemplo yo llevo una reserva de 300 o 400gr de embutido salado y quizá 1 o 2 barritas para los largos tramos entre puesto y puesto, como cálculo de una prueba de 10 o 12 horas.
Especialmente, para cuando gaste la gasolina de las primeras 5 o 6 horas. En algunas pruebas suele coincidir con la noche, durante la que añades la tensión de no ver bien a correr. Sobre la quinta o sexta hora de prueba hago una ingesta fuerte. Ahí que el cuerpo asimile y se ponga en modo automático venga lo que venga después.
Hay que tener en cuenta que el estómago va exprimiéndose en pos de los líquidos y sólidos y, pasadas (calculo, a ojo) unas seis horas ya no ‘nos cabe’ la comida. Si estamos en la ‘zona roja’ de reservas de sales y de hidratos, vamos a pasarlo mal para salir de ella. Por eso sugiero comer bien durante la primera parte.

Es mi experiencia. Por si os vale…

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