Anoche exterminé los últimos restos de choto que tenía para estofados.
Creo que tengo dominada la ‘orejonière’, es decir, la salsa:

– dos vasos de tinto (usé unos restos de 35º South, variedad Carmenère)
– una cebolla blanca
– tres dientes de ajo
– un vaso largo de agua
– 1/2 litro caldo de carne
– ralladura de cáscara de naranja
– 5 orejones cortados (ya les digo)
– orégano (eso sí, no oréjano)

Tras 1h20 de olla, la carne estaba sencillamente espactacular, casi deshecha, la salsa reducida por sí misma y la baguette miraba al fondo de la olla con horror, como adivinando su futuro inmediato. Acompañé con un poco de arroz cocido. Buff.

Anuncios