“No”, te repites una y otra vez, “no puede ser que les toque defunción a mis zapatillas. Pero si hacer mil kilómetros es una barbaridad”, etcétera. Insistes porque hay algo dentro de ti que se agarra a tu estómago y no desea ceder. De nuevo, cómo corre el tiempo, hay que pasar por los escaparates, las tiendas físicas o virtuales, dado que tus zapatillas -por fin domadas- han cumplido esa cifra a partir de la cual te empiezan a fallar en amortiguación o sujeción o dar dolores añadidos al torturante ejercicio de correr.

O no fallan ni te duele nada.

Pero has hecho 1000 kilómetros a tus zapatillas y a tus piernas, que es todavía más grave. Te has subido a la cima más alta del Pirineo y has corrido más allá de donde alcanza la vista. Has puesto el dedo en tu localidad y has corrido hasta África. Has bajado de tu casa a comprar a la panadería en Denia y has escapado a pie hasta la Costa da Morte coruñesa.

Por mucho que te resistas, durante las 51 semanas del año has trotado, al menos, un día a la semana con esas zapatillas. Si has corrido una hora, ya tienes dos terceras partes de ese goteo hecho. Los otros cuatrocientos kilómetros, en menos de un año, han sido media docena de carreras, quizá algún maratón o ese día que las sacaste a la montaña.

Otros quizá reduzcamos las cuentas usando este talento innato que resucitamos el día que decidimos abandonar las ‘carreras populares’. Ese día, en el que optamos por la ultradistancia, entramos en una espiral de gasto de material, acepción hecha en su sentido metafísico y en el monetario. Hoy he mandado a la cámara de reciclado unas ASICS Gel Kayano cuyo test todos leísteis. La idea era no torturarlas y reservarlas para un día a la semana. Tampoco entreno tanto.

Pero era noviembre de 2009 y, a bote pronto, han estado presentes en: Madrid-Segovia (100), Camino de Santiago (155), Inverniiza (52), Selva del Camp (68), Duratón (44), Pesadilla (42), Alcob-CCampo (47), Nocturna Zetas (42), Mapoma’11 (42). ¡Solamente en tiradas largas o carreras le habían caído ya seiscientos kilómetros! Sin contar un solo día de entrenamiento ‘normal’.

Pongamos que han cumplido de sobra. Las pobres. Gloria in excelsis Kayano.

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