Somos phans. Phaneamos por mil seiscientos aspectos diferentes, relacionados todos con el hecho inamovible -en nuestra cabeza- de que:
Kilian es un crack.
Hannah Montana nos pone.
Donde va a parar, Mac mejor que De Guindos.
Zigor es un tío majísimo.
Cesc se parece a Christopher Lambert.
Spanjaard es un bloguero de la muerte.

Y este es el problema. Nos dejamos llevar por percepciones absolutas. Esta mañana escuchaba a un catedrático de filosofía al que preguntaban sobre los tontos tópicos. No es un tópico pensar que una persona X es ‘brutalmente cool’ porque un tópico es una frase hecha de la que nos apropiamos como verdad, a partir de la cual no tenemos que pensar mucho porque ya está asociada a una verdad.

Pero un ‘fan’ (o ‘phan‘, que es más Fangórico) sigue por el lado débil de la frontera hasta encontrar una ruptura. Entonces cree que sí, que la personalización lleva a la verdad. El segundo aspecto del tópico implica que hablar con una expresión hecha y dogmática nos conduce a entrar en un grupo, al que solamene hace falta que mostremos la identificación. Solicitamos el plácet de quienes piensan que ‘si es que no hay enemigo pequeño’ o ‘Pérez Reverte es un personajazo’. Se nos concede.

Siendo phan, no sólo se nos concede. Pasamos a la acción como vanguardia de esa motilidad intestinal que nos impele, de cabeza. O algo así. Yo quería haber dibujado otra metáfora pero quizá valga. Y es que me he traído muchas imágenes de un fin de semana vivido en Gran Canaria, ya sabéis (phans), corriendo y galopando desde una punta de la isla hasta la otra. Desde la que rebosaba turistas europeos tremendamente borrachos, y mira que era pronto cuando salimos de la playa, hasta el paseo marítimo donde, tras un arco de meta, dos adorables phans que seguro están leyéndome hicieron que me sintiera como un bobo público.

Ellas qué iban a saber. Si esos angelicales y sudados seres (tamién runners, ellas) únicamente me identificaron y sonrieron con una carita maravillosa y dos sonrisas que les quitaban quince años a cada una.

“¡Pero tu eres spanjaard!”, floreció una, enloquecida, dirigiéndose a la otra. “Es el crack más….”.

Apenas entendí más. Estaba intentando escapar de mi cuerpo. Avergonzado.
Yo sólo venía de correr durante 18 horas y olía a sudor y polvo.

[Probablemente estéis esperando la gran crónica, con su sudor, fango, escupitajos y blasfemias. Dadme tiempo, criaturas.
Phans.]

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