Yace semicongelada esta entrada desde hace tres días y no me atrevo a tirar por ningún lado.

El Diario Montañés sacaba esta pasada semana el comunicado emitido por la organización de los 100km de Cantabria. En este escrito se hacía público que la prueba desaparecía por falta de apoyo por parte de los patrocinadores. Hace dos meses sostenía una angustiosa charla con otro organizador de pruebas de ultrafondo en ruta con el similar trasfondo. Los Cien de Santander, por voz de su creador Soto Rojas, comentan que “el tiempo dirá la poca visión que tuvo el alcalde, “un hombre del deporte”, con esta prueba Internacional”.

Nos gustaría desayunarnos siempre noticias positivas entorno a las carreras. Ojalá algún día se pueda decir que los 100 km de Cantabria vuelven, como colgaba Soto Rojas en facebook esta misma madrugada. Pero hay hechos que impiden ser tan optimistas. No sé por qué pero veo demasiados puntos en común con la desaparición del diario Público. Mucha gente expresa su solidaridad con esta prueba pero pocos somos los habituales de la misma. Particularmente, a mí no me atrajo salvo una simpatía por aquellas noticias en las que se escribía en Atletismo Español sobre Domingo Catalán, Donald Ritchie o Valmir Nunes. Nunca me planteé participar.

Creo que forma parte de ese ramillete de pruebas que viven en un formato antiguo y que cuesta mantener entero. Hablo con total conocimiento de causa: colaboro con su hermana, los 100km Villa de Madrid, y sé que no engancha más que a una minoría de participantes del ultrafondo en ruta. El recorrido no atrae. La participación aumentó cuando se redujeron los kilómetros posibles a recorrer. Tener Madrid al lado siempre añade dos docenas de participantes pero esta, quizá la prueba de Bezana también, no es una garantía de nada.

Las instituciones van a ser eternamente ciegas salvo que durante unos años vean rendimiento de imagen. O que el dinero sobre. En ambos escenarios ya no estamos y es, en estos momentos, cuando un organizador debe saber reinventarse. O, al menos, replegarse.

¿Qué se hizo? ¿Qué no se hizo, mejor dicho?

Si tuviera en mis manos un evento moribundo del tipo de un ultra de carretera, quizá me hubiese acomodado a un formato o una localización más atractiva. En el caso de Vallecas las opciones son duras y pasan por abandonar el distrito. Pero también se podrían reconvertir en unos 50 nocturnos en pleno verano, no sé. Otra cosa. Desconozco el entorno de Santander pero quizá hubiera opciones de haberse pasado al mundo del trail. Ya sé, cada uno es dueño de su criatura y nadie debe imponerle qué hacer. Pero estos dos ‘cienes’ eran pruebas en el filo de la navaja.

Además sempiternamente asociadas al cariñoso abrazo de la RFEA, de los reglamentos en ruta, de una historia de desafección. Soto Rojas reaccionó e incluyó una prueba de 42km que diese más vida al asunto. Buen intento. Yo quizá hubiera transformado los cien en una prueba en línea intentando unir dos puntos simbólicos, no sé. Dos bellos lugares, dos ermitas, y ¿por qué no un evento en circuito corto tipo 24 horas?

¿Qué hacer cuando es una cuestión de números? ¿Se puede reducir una prueba a su mínima expresión, a un evento de club? Vivir sin televisión, sin las comidas de prensa y dossieres que luego nadie lee, es algo que llevo dos años sugiriendo a mi amigo, el de los otros 100 de la crisis. Durante cinco años he estado participando en pruebas en los Países Bajos con un carácter absolutamente amateur. No había despliegue de megafonía, no había carteles. Sólo había un club mimando a los participantes en una escala minimalista. Todo seguían siendo sonrisas. Todo se hacía en voz baja. Ya vendrían tiempos mejores. O no.

Mientras, las cifras de participación se quedaban estancadas en Bezana y en Vallecas. Con este escaso poder de convocatoria es muy difícil, amigo Soto, amigo Rafa, presentarse delante de una institución y de un patrocinador y conmocionarle diciendo que desapareces sin su ayuda. Un centenar de corredores es, para un concejal de seguridad y tráfico, un estorbo. Un millar es, para todos, un escaparate.

Pero hay detrás cuarenta años de una prueba emblemática. No era terriblemente popular pero una generación entera de corredores nos hemos criado con las noticias en blanco y negro de Vito Melito y aquella serie eterna de victorias de Domingo Catalán. Poco más sabíamos. En 1988 Santander conseguía el rango de prueba de 100km IAU y las fotos mostraban paneles y publicidad gigantesca de una edad dorada… ¿ficticia? Recordemos que incluso en España el fenómeno maratón pasaba por cifras preocupantes. El hoy numeroso maratón de Madrid apenas aglutinaba 3000 corredores. Barcelona, Sevilla, Valencia o Donosti eran un ramillete de 1800. Y no había Runner’s World ni facebook.
Y es duro decir adiós a una clásica, igual que es duro ver caer viejos oficios o antiguos usos, costumbres que mueren.

Y por eso llevo sin saber cómo escribir esta entrada desde hace tres días.
Soto Rojas, suerte y … mis condolencias.

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